ALFONSO SUÁREZ

Han vuelto a saltar las alarmas en el Real Oviedo. El mismo cuento de siempre. Desde hace años sufrimos una lacra que nos impide avanzar y que parece no tener fin. El tema económico es el cáncer de este club que muchos amamos.

Cuando me pongo a pensar en los motivos por los que nos está costando salir de este pozo, se me vienen a la cabeza muchas cosas. Muchos factores que nos impiden regresar donde debemos estar. Conozco pocos equipos que vivan en una tensión y crispación contínua con los estamentos oficiales, ya sea ayuntamientos, diputaciones... Da igual. Si no son de un lado son de otro. Y en medio, el Real Oviedo, que parte de culpa también tendrá. No lo niego.

La cosa es que ahora parece que volvemos a no tener un duro. A debe dinero a empleados, proveedores, jugadores, técnicos... La misma historia de hace años, pero maquillada. Las voces críticas empiezan a salir, pero me temo que tendremos el mismo final. Nadie que ame al Real Oviedo quiere seguir teniendo a Celso González al frente, aunque sea en la sombra. Pero seis años después del descenso deportivo de Segunda, este señor parece seguir ligado al club. Ni Alberto González ni sus directivos parecen tener libertad alguna de maniobra, y aunque la tuvieran, no sé dónde conseguirían colocar al club. La planificación económica es desastrosa, y algunas de las decisiones del consejo son muy discutibles. No hablo de números. Hablo de razones. ¿Por qué se necesita un autobús cuando por el precio que costó puedes poner un campo sintético de primer nivel? No quiero recordar que la hierba artificial de El Requexón es tan mala que varios equipos se han negado a jugar allí.

En estos momentos es cuando más unidos tienen que estar los aficionados, aunque nunca hayan dejado de estarlo. La paciencia se agotará un día, pero siempre con los dirigentes, nunca con el escudo. Cuando hablo con amigos sportinguistas y se ríen de nuestra situación, siempre les digo lo mismo: "El Real Oviedo es un sentimiento demasiado grande para dejarlo a un lado".