La investigadora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, Margarita Salas Falgueras, defendió ayer en Avilés el uso de los bebés medicamento para “salvar la vida de sus hermanos”, como en el caso de la familia de Ujo. La bioquímica no considera “lógicas” las críticas que se realizan a los científicos que utilizan estos avances médicos y a los padres. “Me parece fantástico y muy loable que se pueda tener un niño para salvar a un hermano”, afirmó de forma tajante la doctora.
“No entiendo por qué se critica eso”, añadió mostrando abiertamente su posición favorable a la utilización de estos avances científicos “para salvar vidas humanas”, por encima de las disputas de orden ético o moral.
De esta forma, la eminente científica asturiana, que fue discípula de Severo Ochoa, con el que trabajó en los Estados Unidos, se suma a la corriente de apoyos a los padres de Javier Vázquez, el niño de Ujo de tres años que necesita un hermano para sobrevivir a la leucemia que padece desde hace año y medio, y que han recibido ya el certificado médico que les permitirá obtener el tratamiento sanitario correspondiente en Bruselas.
La consecución de este documento provocó un enfrentamiento inicial con el consejero de Salud del Principado, José Ramón Quirós, que mostró inicialmente su sorpresa por el hecho de que la familia del pequeño no hubiera solicitado en el sistema público de salud la petición para acudir a la Comisión Nacional de Reproducción Asistida.
Para David Vázquez y su esposa Natalilla Obraztsova, el único problema para acudir al sistema público son los plazos, por lo que decidieron agilizarlos acudiendo a un centro privado en Bélgica, donde se les garantiza el tratamiento por un importe de unos 30.000 euros, para conseguir un hermano genéticamente adecuado para hacer un trasplante de las células madre del cordón umbilical para salvar la vida de su hermano.
La utilización de los bebés medicamento ha sido criticada en ocasiones desde la Conferencia Episcopal, que condena esta técnica médica. A juicio de los obispos, el diagnóstico genético preimplantacional y la posterior selección del embrión sano más compatible con el hermano enfermo, reduce la dignidad humana a “un mero valor de utilidad”. Además, sostienen que el recién nacido que permitirá la curación de su hermano enfermo “ve conculcado su derecho a ser amado como fin en sí mismo”, según los obispos.
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