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Jueves 24 de Mayo de 2012

Quince minibocados de campeonato

Algunos finalistas, ayer, preparan el pincho. Daniel mora Algunos finalistas, ayer, preparan el pincho. Daniel mora

11/02/2012 00:00

Quince minibocados de campeonato se la jugaron ayer ante el jurado del concurso de Asturias de pinchos y tapas. Cada ocho minutos, los restaurantes finalistas prepararon -por turnos, en la reducida cocina del Hotel Abba- un bocadito de pecado para sobornar a los once miembros del jurado.

Aunque los tres ganadores -que recibirán la montera de oro, plata y bronce, respectivamente- no se darán a conocer hasta el próximo miércoles, ayer el jurado ya dejó sentenciadas sus preferencias (que se guardan en un sobre lacrado).

Entre los finalistas, predominaban los restaurantes de Gijón (El Cencerro, La Bota del Campesino, La Viñuela, El Parador, El Ciudadela, y Restaurante Dos Soles), seguidos de los ovetenses (La Taberna del Zurdo, Naguar, y Blanco Satén). También quedaron entre la final, locales de Cangas de Narcea (Bar Blanco), Cangas de Onís (el Cenador de los Canónigos), Pravia (El Patio de Balbona), Mieres (Casa Genio), Villaviciosa (Doble Q Hotel) y Avilés (La Flor Galiana).

Productos tradicionales Los sabores que más predominaron en la gran final fueron los de productos autóctonos y tradicionales. “He convertido un pitu de caleya en un lingote de oro que se come en dos bocados”, explicó Alex Sampedro, restaurador del restaurante Doble Q Hotel Bal, que presentó el pincho Pitu de oro . Sampedro ha sido finalista en dos ediciones consecutivas y ésta aspira a logra el pódium.

“Escogimos uno de chipirón porque es un producto muy asturiano y que a todo el mundo le gusta”, señaló Mario Argüelles, cocinero del Restaurante Casa Genio, que se la jugó con Tierra, mar y aire , o lo que es lo mismo: un chipirón salteado con ensalada y aire de maracuyá, sobre un pan bañado en tinta de calamar, con un acompañamiento de perlas de algas y de tomate.

Belén Gutiérrez -cocinera del restaurante La Flor Galiana- presentó a concurso una Patatina con Guiso de Toro por “ser un producto tradicional, barato, fácil de comer y sorprendente”. De hecho, el jurado valoró sobre todo, el tipo de productos utilizados, su precio, la originalidad y que se pudiera comer en un para de bocados (y mejor con la mano).

De hecho, todos los cocineros -apelotonados entre los fogones- se conocían la teoría al dedillo, pero reconocieron que en la práctica todo es más complicado. “Ya son cuatro años en el concurso, así que vas conociendo los trucos”, confesó la restauradora de Flor Galiana. No obstante, los nervios dominaron la cocina del hotel gijonés, en la que los tiempos en la elaboración del minibocado y los turnos de presentación estaban meticulosamente medidos. Tampoco faltaron los comentarios de apoyo entre los restauradores, aunque con la curiosidad de la “sana competencia”.

Entre el jurado se encontraban personalidades como el cocinero Nacho Manzano; la presidenta de la asociación de guisanderas, Amada Álvarez; o el ganador de los mejores pinchos de Euskadi, Darren Wilianson. Sólo sus estómagos conocen el nombre del mejor pincho regional.

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