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Jueves 24 de Mayo de 2012

Pequeña escala en un viaje vital

CONTRACORRIENTE: Albert Casals, que recorre el mundo en silla de ruedas, llega a Pola para conocer a unas estudiantes que leyeron su libro

Casals (centro), con las estudiantes en Pola de Siero . P. lorenzana Casals (centro), con las estudiantes en Pola de Siero . P. Lorenzana

05/02/2012 00:00 / / SIERO

Éste no va a ser otro reportaje sobre la filosofía de vida y los viajes del joven Albert Casals. No se relatarán las grandes aventuras de este joven de poco más de 20 años de edad que ha recorrido más de 60 países de todo el mundo, sin dinero, sin teléfono móvil y en su silla de ruedas desde que tenía 15 años. Pero sí que se detallará una, muy pequeñita, de las muchas historias y anécdotas que Casals suma y recopila para darlas a conocer en sus libros (y ya van dos). Esta anécdota tiene que ver con una pequeña escala en su larga trayectoria vital: La que ha tenido lugar este fin de semana en Pola de Siero.

Albert Casals nunca planea nada, dice, y va allí donde le apetece. Entonces, ¿qué le llevó a la capital sierense? Pues un grupo de estudiantes de cuarto de Secundaria del Instituto Juan de Villanueva. En la asignatura de Ética hay una lectura obligada: Los viajes de Casals en los que se relata, además de sus aventuras y desventuras, una forma de vida muy peculiar con la que él, asegura, es “feliz”. La lectura causó sensación entre una quincena de estas estudiantes. Se animaron y le enviaron, cada una de ellas, una carta, en la que estamparon los sentimientos que les generaron las andanzas del joven barcelonés. “Me llamó mucho la atención esas cartas y me animé a venir a conocerlas”, comenta Casals.

Haciendo ‘dedo’ desde Madrid Dicho y hecho. El joven, comenta, se encontraba en Madrid promocionando sus publicaciones ( Sin fronteras y El mundo sobre ruedas ) y decidió hacer escala en Asturias. Lo hizo como siempre él viaja: Haciendo autostop desde la capital hasta Oviedo. Llegó el jueves por la noche. Por todos los países en los que ha viajado, pasa las noches en hogares que lo acogen y forma parte, como uno más de la familia, de sus vidas; y otras veces, duerme donde puede, como en playas o bajo puentes. “Al llegar a Oviedo hacía demasiado frío para dormir a la intemperie, así que fui a un albergue para personas sin techo”, cuenta acompañado del grupo de polesas. Ya a la mañana siguiente se puso en marcha con su silla de ruedas y una mochila que no abulta mucho hacia Pola de Siero. No avisó a nadie de su llegada; simplemente se presentó. No le costó mucho llegar al instituto poleso y se encontró con la profesora de Ética que obliga a sus alumnos a leer a Casals. “Fue todo una sorpresa para nosotras, no lo esperábamos”, cuentan las estudiantes que se dieron cita con Casals en un bar de Pola. Un local que tiene dos plantas y que él, en su silla de ruedas, subió las empinadas escaleras sin mucho esfuerzo: “Escalo hasta árboles, es muy divertido”.

Toda una oportunidad para ellas de comentar, con el autor, las historias que relata en el libro. “Me hizo gracia recibir todas estas cartas. Y como me gusta hablar, disfruto con ello, pues me animé a venir y darles una sorpresa”, dice Casals, todo el rato con una amplia sonrisa de oreja a oreja. Y habla, comenta sus viajes, dónde ha estado y a dónde piensa ir.

Planeando una nueva ruta “Ahora mismo voy a Barcelona. Tengo que cambiar el pasaporte porque ya no tengo espacios libres para más visados”. Luego, “ya veremos”. Una posibilidad es dirigirse a la costa este de África cargado, como siempre, de unos pocos euros y de ganas de conocer las formas de vida de los países que visita. “Porque no es lo mismo viajar e ir a un hotel que, al final, es como si estuvieras en tu casa, que ir sin nada y tener que experimentar y compartir lo que te puedan ofrecer en cada lugar”. La noche en Siero la pasó en casa de una de estas estudiantes y, enseguida, emprendió de nuevo su viaje sin fin.

En su primer libro, El mundo sobre ruedas , que salió en 2009, “expliqué mis viajes por Europa y Asia”. “Cuando lo escribí no sabía si alguien se lo pasaría bien leyéndolo o si serviría de algo. Inocentemente, puse mi correo electrónico para que me escribieran y, unos meses después, había recibido muchísimos correos electrónicos que colapsaron mi cuenta”, explica. La experiencia del libro fue casual. “Me lo ofrecieron y como me gusta hablar y contar las cosas, pues me animé”. Y ahora está promocionando su segundo volumen, antes de iniciar otra vez el viaje.

Sin fronteras narra las peripecias por América, Africa y Japón. Y ahora también, Siero.

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