La abogada Concepción Trabado, que representa a la familia del corverano Justo P. A., de 39 años, que murió a consecuencia de la paliza infligida en el patio del módulo 8 de la cárcel de Villabona por el interno J. B. K., conocido como Jomar , en presencia de otros reclusos, el pasado día 12, recela de que su caso pudiera ser un hecho aislado.
La letrada asegura que, desde que asumió la acusación particular en la causa que investiga el juzgado de instrucción número 4 de Oviedo, ha recibido “más de una decena” de llamadas de familiares de internos que están ingresados en ese mismo módulo donde relatan “irregularidades” y episodios de “lesiones” que deberían “ser investigados”.
Trabado entiende que los responsables penitenciarios deberían haber tenido el suficiente celo profesional para haber controlado previamente la situación separando a agresor y víctima en módulos diferentes, dado que en sus respectivos expedientes penitenciarios ya constaba el incidente anterior que habían mantenido ocho años antes y donde el agresor “había llegado a amenazar a mi representado con que le iba a matar”, después de que la víctima le hubiera apuñalado.
Jomar había permanecido hasta dos días antes de ocurrir el crimen en el módulo 9.
La letrada tenía recurrida “desde el minuto cero” la orden de ingreso en prisión de su patrocinado, al disponer de un informe forense donde recomendaba su ingreso “en un centro de rehabilitación” al tener muy afectadas sus facultades volitivas e intelectivas. Y en último extremo, “en caso de ingresar en Villabona, debería estar en la enfermería, pero jamás en el mismo módulo”, señala.
Entre tanto, la autopsia ha revelado que Justo P. A. falleció a consecuencia de una insuficiencia respiratoria y de sus funciones cerebrales por la fractura craneal que sufrió después de haber recibido golpes y patadas en la cabeza.
Paralelamente a las actuaciones judiciales, se sigue una investigación interna desde Instituciones Penitenciarias para depurar posibles responsabilidades. No obstante, fuentes penitenciarias sostienen que el módulo 8 no destaca por ser una fuente de conflictos. “Fue un hecho lamentable, pero aislado”, aseveran. En el módulo conviven 136 internos, tanto penados como preventivos.
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