Coímbre continúa arrojando luz sobre el Magdaleniense superior. No en vano, el yacimiento ubicado en el concejo de Peñamellera Alta y que estos días es objeto de una cuarta campaña arqueológica, pasa por ser “uno de los que más información y volumen de datos tienen que aportar al estudio de este periodo de la prehistoria”, que se remonta aproximadamente unos 15.000 años atrás.
Así lo sostienen los responsables de las excavaciones, David Álvarez y José Yravedra, arqueólogos de la UNED, quienes ponen de relieve la “alta densidad de material hallado y el buen estado de preservación del mismo, lo que permite afinar muchísimo y reconstruir aspectos de las conductas de los cazadores que vivieron aquí a lo largo de todo el Magdaleniense superior”.
De este modo, y más allá de constatar el alto grado de ocupación del yacimiento, los restos de fauna, herramientas u ornamentos de concha encontrados en la zona de las excavaciones permiten hacerse una idea de cómo eran sus pobladores y qué estrategias de subsistencia tenían.
“Sabemos, por medio de los restos óseos de animales (cabras, ciervos, rebecos, corzos, uros o laomorfos) que se trataba de ejemplares que reunían unas condiciones cárnicas favorables y, por tanto, que los pobladores realizaban una caza selectiva y no oportunista”, apuntan los responsables del estudio quienes, a raíz de hallazgo de vértebras de peces y de arpones también han podido confirmar que además de cazadores y recolectores, quienes habitaron la cueva de Coímbre hace alrededor de15.000 años eran también pescadores.
Asimismo, la disposición de la industria lítica encontrada en el yacimiento permite aproximarse a la manera en la que los pobladores organizaban y economizaban el espacio en el interior de la cavidad, mientras que el material que empleaban para la fabricación de las herramientas, cuarcita y sílex fundamentalmente, aportan información acerca de cómo se movían los pobladores en el exterior de una cueva que, si bien forma parte de un conjunto de yacimientos localizados en el entorno del río Cares, tiene en sí misma una simbología especial.
“Todo hace pensar que Coímbre tuvo una importancia destacada a lo largo de todo el Magdaleniense superior, ya no sólo por el alto nivel de ocupación, que además fue constante, sino por la presencia de arte paleolítico, localizado en algunos casos en lugares ocultos dentro de la cavidad”.
Ahondar más en el estudio de ese arte parietal, cuyo máximo exponente o al menos el más conocido es el grabado del bisonte localizado a la entrada de la cavidad, es otro de los objetivos del proyecto de investigación sufragado íntegramente por la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, y que ha traído de nuevo a Coímbre al equipo de arqueólogos del Centro Asociado de la UNED en Asturias, de la Universidad del País Vasco y de la Universidad Complutense de Madrid.
Un equipo formado por trece expertos, liderados por David Álvarez que desde el pasado lunes 26 de septiembre y hasta el próximo sábado, día 8 de octubre, centrarán sus esfuerzos en el estudio de una de las dos zonas en las que han dividido el yacimiento.
La llamada zona B, “un hábitat de población muy bien preservado”, en la que ya habían trabajado en campañas anteriores, que este año han ampliado unos dos metros cuadrados y en los que los hallazgos de restos fósiles son una constante.
Ahora, y una vez que finalice esta cuarta campaña, todo ese volumen de material deberá ser analizado en los laboratorios de la Uned por un equipo multidisciplinar de investigadores que además de aportar información sobre la actividad humana en el Magdaleniense superior, permitirán conocer datos relacionados con el clima o el medio ambiente de ese periodo de la prehistoria al que el yacimiento de Coímbre aún continúa teniendo mucho que aportar.
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