En unos tiempos en los que las grandes agencias de calificación internacional y la macroeconomía copan la actualidad y los medios de comunicación, los pequeños gestos son los que, en realidad, le hacen la vida más fácil a los demás. En el Comedor Solidario de Amicos, en Mieres, los pequeños gestos son sencillos: Envolver los cubiertos en una servilleta, probar si los garbanzos están bien de sal, colocar los vasos en una bandeja, esperar a que lleguen los primeros usuarios del día. Nedi Álvarez, Pili García Álvarez y Dorita García Rico son la cocinera y las dos voluntarias -en ese orden- que este día trabajan en la cocina solidaria donde una media de 25 a 30 transeúntes, inmigrantes y vecinos de Mieres acuden cada día para comer un plato caliente “y muy rico” de comida por la módica cantidad de un euro.
En el comedor solidario no se hacen muchas preguntas, el grupo de voluntarios que cada día opera en el local, formado por cuatro personas, realiza las labores que se les encomienda de forma casi mecánica. Pili García lleva cinco años colaborando con Amicos, Dorita García más de diez.
Desconocimiento “Mis hijos casados estaban fuera de casa y mi marido y yo teníamos gente conocida aquí, así que me animé a venir a ayudar. Después falleció mi marido y para mi ha sido también un lugar que me ha ayudado”, apunta Pili García, de Mieres. “Creo que hay gente que no acude a Amicos a participar como voluntarios porque son reacios ya que desconocen cómo se trabaja realmente aquí”.
Dorita García asiente a las palabras de Pili. “Estamos encantados, además, de que ayudamos a quienes lo necesitan y también disfrutamos de buena compañía y una excelente relación con Natalia, la trabajadora social y con Nedi, la cocinera”.
En los fogones de Nedi cuecen, desde hace ya un tiempo, los garbanzos. El menú del día se completará con merluza a la romana y arroz con leche. Los beneficiarios que vayan al Comedor Solidario de Amicos también se llevarán para casa una bolsa con un bocadillo para cenar. Nedi Álvarez lo controla todo en la cocina. Ella, que trabajó trece años de administrativo y después dió el salto a los fogones, confiesa que entre éstos últimos es donde se encuentra más a gusto. Lo de cocinar para muchos es algo que a Nedi no le es nuevo: “Tengo diez hermanos, en casa somos muchos, sé lo que es”, asegura.
En total los voluntarios de Amicos son un grupo de 25 personas, que hacen turnos de cuatro para ayudar en el comedor. Natalia López, la trabajadora social de la entidad es, junto a la cocinera, las que están siempre.
Bastante trabajo Tras la comida el comedor queda totalmente recogido y todos van a sus casas a comer. “Muchas veces me pregunta la gente si ellos pueden venir a comer aquí, que por un euro igual les merece la pena. Y yo siempre respondo que esto es una labor solidaria y que tendría que venir el que lo necesita, no todo el mundo”, apunta Pili García que señala “nosotras vamos a comer a casa y, la mayoría de las veces, tenemos que llegar y hacer la comida porque no tenemos”.
A lo largo del año 2010 se prepararon en la cocina económica de Amicos un total de 6.933 comidas y otras tantas bolsas para llevar. Con respecto al año 2009 ha habido un aumento de 1.004 comidas, un 17 por ciento. “No es que vengan mucha más gente que otros años, es que ahora los que vienen, vienen más. Por ejemplo antes había personas que acudían a nosotros una o dos veces por semana y ahora vienen toda la semana”, apunta López.
Amicos contó el pasado año con 208 beneficiarios que al menos fueron una vez al local a comer. El 71,6 por ciento de los comensales son hombres y el resto, 28,4 por ciento, mujeres. Tan solo un 21 por ciento del total de beneficiarios fueron inmigrantes de distintas nacionalidades (Ecuador, Marruecos, Portugal, Senegal y Rumanía). Por otro lado cerca del 40 por ciento de los que acuden al comedor son transeúntes.
Amicos continúa, día a día, en su lucha contra la pobreza. “Diariamente atendemos la demanda de personas que están en riesgo o en exclusión social”. Aunque la falta de trabajo y la precariedad laboral son factores importantes de exclusión no son los únicos ni los más importantes.
También son factores la carencia de hogar, el consumo de alcohol y otras drogas, la falta de habilidades sociales y formación, el desempleo de larga duración, el aislamiento de apoyos sociales y personales estables, apuntan desde el colectivo solidario que añaden que “como es el caso de nuestros comensales, la marginación está marcada no sólo por carencias económicas sino por algunas enfermedades crónicas como el VIH o enfermedades mentales. La raza o religión también pueden ser un factor importante”.
La manera de ayudar en el trabajo diario que ofrece Amicos es ponerse en contacto directo con la entidad. Desde Amicos recuerdan que “la asociación no vende ningún tipo de producto para sacar dinero con el que financiar los proyectos, nada. Así que cualquiera que vea vendiendo algo por la calle o por las casas en nombre de Amicos en realidad es una estafa”.
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