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Jueves 24 de Mayo de 2012

La cultura que sale de la mina

Una guía recoge 25 rutas por Asturias y Cantabria para divulgar este patrimonio industrial

20/03/2011 00:00 /

La arqueología industrial conforma un patrimonio cultural de primera índole. En fechas recientes y al rebufo de otros elementos arquitectónicos, como el poblado de Bustiello o el pozo Santa Bárbara de Mieres ya declarados Bienes de Interés Cultural (BIC), le llegó el turno al castillete de Arnao, en Castrillón. Además el Consejo de Patrimonio ha iniciado los trámites para declarar BIC el pozo San Luis de Samuño, en Langreo. Y en diciembre decidió incluir en el Inventario Cultural de Asturias 55 elementos vinculados a 21 pozos de Hunosa. Y si es importante proteger ese patrimonio, también lo es su divulgación.

Dirigido a los amantes del excursionismo cultural y a los turistas interesados en la arqueología industrial, llega 25 rutas mineras por Asturias y Cantabria: Cuenca central asturiana y Picos de Europa , el último libro del montañero e historiador Luis Aurelio González Prieto. La publicación, editada por Desnivel, ofrece una completa visión de lo que fue la minería del carbón asturiana de las cuencas del Nalón y del Caudal desde el siglo XVIII, así como una aproximación a la actividad extractiva que hubo en los Picos de Europa.

Vestigios emblemáticos Y lo hace con una variada oferta de itinerarios en los que González combina el senderismo con la historia y la cultura de una zona concreta, mientras a la vez promociona su patrimonio más emblemático: los vestigios de su actividad minera: castilletes, bocaminas, cuarteles, escombreras, cajas de ferrocarril, salas de máquinas...

Dieciséis de las rutas se reparten por la cuenca central asturiana desde las minas de Riosa, Olloniego, Tudela Veguín, Valle del Candín, Siero, valles de Samuño y Santa Bárbara, minas del Sotón, Mieres, Coto Musel, las minas de Mieres, los pozos de los valles de Turón y Aller, hasta la gijonesa mina de la Camocha y el pozo de Arnao, en Piedras Blancas. “En general son rutas combinadas, que se hacen a pie por donde circulaban antiguos ferrocarriles mineros, pero alguna puede hacerse en coche”, explica Luis Aurelio González.

Ese sería el caso de la ruta que discurre a lo largo del valle de Turón, donde los trazados de los antiguos trenes que transportaban el carbón han sido reconvertidos en una senda verde a lo largo de la cual se puede contemplar un amplio repertorio de elementos, desde el puente de Reicastro, al socavón Escribana, la chimenea de la central eléctrica de La Cuadriella, el plano inclinado del grupo San José, los pozos Figaredo, San José y Santa Bárbara o las minas de Urbiés.

Fotografías antiguas Luis Aurelio González aclara que más allá de un simple libro de rutas, ha realizado una “selección” que combina vestigios mineros asociados a itinerarios lógicos “y con sentido histórico”. Además de su descripción y una información acompañada por fotografías y planos, cada ruta cuenta con su propia reseña histórica ilustrada con imágenes antiguas en blanco y negro. “Todas esas fotografías son del archivo histórico de Hunosa y desde el punto de vista gráfico son una gran aportación”, explica González, para quien su principal atractivo no es otro que “descubrir lo que fue la minería de montaña” en Asturias.

“Tenemos bocaminas preciosas, como las de la Justa, la Braña, Sotón antiguo o Pontones”, comenta el escritor sin dejar de referirse a esa especie de tótems de la minería que son los castilletes, de finidos por González Prieto como “ majestuosos y c asi pequeñas torres Eiffel”. La guía, publicada por Desnivel, se completa con capítulos dedicados a la literatura y las minas, o las huelgas de 1962, obra de Ignacio Quintana. Y cuenta además con otros colaboradores como Francisco José Iglesias Barros, jefe del centro de documentación y archivo de HUNOSA, que incide en la importancia de estos fondos documentales. En otro capítulo, Michel C. Dupont explica la evolución de las lámparas de seguridad minera. Tampoco faltan referencias al museo de la minería y la industria (Mumi), situado en El Entrego, o a la arquitectura ligada a las viviendas de los mineros, como los cuarteles de Las Vegas, en Figaredo o el poblado de Bustiello, ambos en Mieres. O los cuarteles de Solvay, en Lieres (Siero).

Y más allá de una perspectiva histórica o arqueológica, González Prieto añade una segunda aportación. Considera que su libro puede ser de utilidad a la hora de acercarse al patrimonio minero desde una perspectiva turística. “El turismo se va diversificando y cada vez hay más gente interesada en cuestiones concretas”. Y pone ejemplos. Este escritor advierte que en otras zonas de España como el valle de Linares, o en la cuenca del Rhur en Alemania o Nord Pas en la localidad francesa de Calais, se ha apostado por la promoción turística de este patrimonio industrial. “Por eso creo que este libro puede aportar algo al turismo de Asturias”, apostilla. Luis Aurelio González.

Esta tesis es compartida por el presidente de Hunosa. Así en el prólogo del libro, Juan Ramón García Secades, alude a las obras de acondicionamiento que se están llevando a cabo en el socavón Emilia, cerca de La Nueva. Esta actuación, subraya el máximo responsable de Hulleras del Norte, permitirá que la vieja instalación minera “se convierta en una infraestructura turística, capaz de seguir generando riqueza para la comarca”.

A su vez Juan Ramón García Secades defiende las peculiaridades de la actividad minera desarrollada en la cuenca central asturiana a lo largo de los siglos XIX y XX y apuesta de manera decidida por impulsar una candidatura para su declaración como Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO. Para el presidente de Hunosa, “sería éste un galardón que haría justicia a los miles de mineros que, con su esfuerzo, hicieron posible una forma de trabajo como es la minería de montaña”.

Alta montaña El libro se completa con una segunda parte dedicada a la minería en los Picos de Europa, y que también hará las delicias de los amantes del turismo industrial y minero. Ahora bien estas nueve rutas, al realizarse en un ambiente de alta montaña, ya exigen una mayor preparación y forma física, que nada tiene que ver con los itinerarios más cómodos que recorren la cuenca central asturiana.

En lo que atañe a Picos donde la actividad minera arrancó a finales del siglo XIX, la guía recoge un abanico de nueve rutas. En la parte asturiana se alude a las minas de Buferrera, cerca de Los Lagos de Covadonga y dedicada a la extracción de manganeso; y la mina de cobre de Alda, en Cabrales.

El resto se sitúan todas en la zona cántabra y se reparten por los macizos Central y Oriental de los Picos de Europa con referencias a las minas de Áliva, Ándara, Lloroza, Altáiz o Liordes, de las que se extrajo zinc. “La de Picos de Europa fue una minería que se practicó en unas durísimas condiciones”, señala el montañero y escritor Luis Aurelio González.

Dadas las características de unas y otras rutas, el autor de la guía recomienda aprovechar el verano para realizar las vinculadas a la minería de los Picos de Europa al tratarse de itinerarios montañeros de una cierta dureza, mientras que los diseñados por la cuenca central, “son muy interesantes para realizarlos en invierno” o cualquier época del año al tratarse de unos itinerarios mucho más cómodos. En todo caso este libro es una magnífica oportunidad para recorrer y conocer de primera mano los restos materiales y la historia de una actividad como la minería del carbón asturiana, a su vez germen de la industria siderúrgica de la región.

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