El tenor tinerfeño Celso Albelo es una de las voces de referencia en el panorama operístico mundial. Mañana participa, junto al barítono italiano Leo Nucci, en el IX Concierto Homenaje a Alfredo Kraus que, organizado por la Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus, tendrá lugar en el Teatro Filarmónica de Oviedo. Ambos estarán acompañados por al pianista Juan Francisco Parra.
¿Cómo se está siendo la acogida en el Covent Garden su participación en ‘La Sonnambula’? A decir verdad, hay algún crítico que no me ha tratado bien, no sé por qué. Personalmente, estoy muy satisfecho con mi trabajo, y tanto los miembros de la orquesta como los del coro, e incluso personalidades importantes del teatro, me han felicitado por mi participación e invitado a seguir colaborando en más proyectos con el Covent Garden. Ya he cantado seis funciones y me estoy encontrando muy cómodo.
Su carrera está adquiriendo una importancia increíble.
Estoy muy orgulloso de tener compromisos adquiridos en lugares como la Bastilla en Francia, en las óperas de Munich, Berlín o teatros como La Scala. Más no se puede pedir. En cualquier caso, sigo considerándome un artista honesto, que siempre procura dar el cien por cien en su trabajo. Por suerte, mi manera de hacer las cosas no está pasando desapercibida y, aunque a veces me sorprenda, hay gente que también dice cosas maravillosas sobre mí.
Vuelve a Oviedo para homenajear a Kraus. Cite alguna razón por la que debe ser recordado.
Alfredo Kraus ha sido un ejemplo tanto dentro como fuera del mundo del canto, una de las más grandes figuras de todos los tiempos, que marcó una manera de entender esta profesión. Ha sido un referente para todos. Resulta imposible citar sólo algunas razones para recordarlo, porque son demasiadas.
Defínase como cantante.
Me considero un tenor lírico ligero, que además se piensa quedar unos años en el repertorio belcantista puro, con títulos de Bellini y Donizetti. Luego, debo estar atento a mi evolución vocal y ver cómo afronto el repertorio francés, con óperas como la versión francesa de ‘La Favorita’ o ‘Manon’. Ese es el terreno en el que me intentaré mover, además de profundizar en los papeles que he cantado hasta ahora, en los que me siento muy cómodo.
¿Cómo lleva la soledad del artista? Es algo complicado de sobrellevar, pero la tecnología actual ayuda a acercarte a tus seres queridos, aunque estemos muy lejos geográficamente. La soledad del artista es una de las peores cosas de esta profesión. Pero también algo con lo que ya contaba, puesto que ha sido un trabajo elegido. Los cantantes ya sabemos que cuando se terminan los aplausos y te vas al hotel, estás solo.
¿Es una soledad buscada? Puede que en ocasiones, porque cuando se empieza a tener un poco de éxito, hay muchas personas interesadas que siempre quieren acercarse. También hay muchos aficionados y gente del mundo del canto que se acerca con el ánimo de hablar de ópera y en general de este mundo, un aspecto que sin duda es maravilloso, pero en mi caso debo reconocer que, tras una función, no deseo seguir hablando de ella, ni de ópera ni del mundo del canto. Yo prefiero hablar de temas más normales.
¿Qué supone para usted volver a cantar junto a Leo Nucci? Mucha gente no sabe que él es uno de los motivos por los que estoy cantando. Cuando yo recibía clases de Bergonzi y, durante el último concierto Nucci se acercó. En un perfecto español me preguntó: “¿Usted con quien ha trabajado?” Con nadie, le respondí. “No sea humilde”, insistió. Tres días después me llamó su agente y, desde entonces, estoy con él. Nucci es el último representante de una historia de la ópera de otro tiempo.
D







vídeo:
vídeo:
vídeo:
vídeo: