El recogido tamaño del Teatro Campoamor favoreció la propuesta de Emilio Sagi que dejó ver, entre la sofisticación, la perfecta locura de la primera ópera bufa de Rossini.
La italiana en Argel elevó el ánimo de un público que se plantó en el teatro en la tarde de ayer para disfrutar del estreno de la segunda ópera de la temporada y olvidarse de “todas las miserias”, como pregonaba Stendhal al referirse a la música de Rossini.
Sofía Loren o Gina Lollobrígida son la imagen de la italiana mainstream que en esta ocasión encarnó sensualmente Vivica Genaux, encargada de transmitir la rebeldía y el carácter de Isabella, personaje que trastoca la vida sin chispa del palacio del Bey Mustafá, en esta producción interpretado por Pietro Spagnoli que fue explotando su teatralidad a medida que avanzaba la función.
Argel tomó varias tazas de Italia por el capricho del soberano que nada más llegar su bella italiana perdió su autoridad y hasta su sombrero cuando lo engañan Isabella y Lindoro, rol asumido por el murciano Antonio Lozano, para escapar, convirtiéndole en un pappataci de hecho que “come y calla” mejor que el tremendista y exagerado Taddeo del ovetense David Menéndez.
En la escena predominó en todo momento la limpieza y sencillez en tonos neutros y fríos, rotos por los colores que impuso Isabella. Esta se llegó vestida de rojo y print animal de cebra , divina a pesar del naufragio y el secuestro. Una estética de película hollywoodiense de los años 50 en la que Geneaux se movió con tacón de aguja como pez en el agua.
Isabella mandó desde su llegada. Vestía de rojo pasión y todos pasaron a vestir de ese color. Cuando vistió de azul turquesa, todos la siguieron. También el coro de eunucos que, simpáticos con sujetador y pelo en pecho, parecían observar desde fuera la puja por el amor de Isabella.
Llegó incluso a coger la escena tintes explícitamente patriotas cuando apareció Genaux envuelta en la bandera italiana, cual Libertad guiando al pueblo . En este caso los guió hasta un barco que esperaba mientras los pappataci , Taddeo y Mustafá, comían como locos espagueti en el rito de iniciación de tan importante cargo.
Hubo a lo largo de la obra momentos de auténtica locura originalmente representados con elementos fáciles de ver en una fiesta e identificados con la diversión: los globos.
El reparto lo completó Eliana Bayón como Elvira, Gemma Coma-Alabert como Zulma y Manel Esteve como Haly.
El público recompensó las dos horas y tres cuartos de la función con aplausos tras las piezas más divertidas o complicadas de cantar. El aplauso se tornó en ovación al final para Sagi. Menéndez gustó también especialmente entre los presentes y fue, junto a Esteve, Spagnoli y Genaux el más aplaudido. El coro de la Ópera también recibió vítores, así como Oviedo Filarmonía, que contó con la dirección expresiva de Ottavio Dantone.
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