En la mitología griega, Hades, el invisible, es el dios del inframundo y se reparte junto a sus hermanos pequeños Zeus y Poseidón el poder de la tierra, el cielo y la mar. Hoy, los Hades son seis y siguen vigilando las entrañas del mundo. Son tan invisibles como el dios que les da nombre y su reino se extiende a lo largo de 15 kilómetros de túneles y sorpresas bajo las calles de Oviedo. Es un mundo sin luz donde se filtra en silencio todo lo que se pierde entre los pasos de los ovetense.
La Unidad de Subsuelo del Cuerpo Nacional de Policía protege desde abajo, desde donde nadie se espera que llegue el peligro excepto aquellos que precisamente buscan sembrar el terror. Sus compañeros de calle los llaman Hades, porque gobiernan en las profundidades, o Ratas, porque recorren túneles donde no entra un hombre erguido con la misma facilidad que otros pasean por un jardín a pleno sol. Los Hades trabajan de cuatro en cuatro. Dos bajan al interior, en este caso el subinspector Víctor Manuel García Busto y Carlos García, y otros dos cuidan de ellos desde el exterior, esta vez José Teijeiro y Luis Andrade, ya que bajo tierra no hay móvil o radio que sirva. También son los encargados de subir y bajar a su compañeros gracias a un trípode. Se utiliza esta maquinaria porque el ayuntamiento nunca ha realizado labores de mantenimiento y la humedad ha corroído los escalones metálicos, donde los hay, volviéndolos más peligrosos que si no los hubiera.
El reino de los Hades es tan extenso que ni siquiera ellos lo han recorrido en su totalidad. Han pateado una y otra vez las arterias principales que se ocultan a los pies de Oviedo, pero siempre hay un recodo tras el que no han mirado aún o un túnel del que todavía no han encontrado el final. Por contra, otras vías de esa red oculta se las conocen "de memoria", como todo el entorno del Teatro Campoamor. Cada vez que los Premios Príncipe de Asturias llenan la ciudad de arriba de personalidades y personajes ilustres, ellos revisan la ciudad de abajo "para que no pase nada", ya que las alcantarillas son lugares idóneos para preparar sabotajes de las redes de agua, electricidad o gas o para ocultar artefactos explosivos. También es misión suya controlar el subsuelo de los edificios donde vive alguna autoridad. No obstante, el trabajo diario, "el que de verdad curte", es otro. Los Hades recorren las alcantarillas vigilando "para que todo esté en orden", porque bajo tierra también se incumple la ley, sobre todo en cuestiones como los vertidos ilegales. Un ejemplo es una tubería descubierta durante este reportaje en el colector del Palacio de los Deportes. xxxxportajeSecretos bajo tierra Un edificio cercano a la autopista, recién construido, vuelca sus aguas residuales a un tramo de colector en desuso y, para ello, han reventado las paredes del mismo con el fin de que la tubería del inmueble desagüe sin problemas. La rotura, además, ha provocado un desprendimiento que prácticamente obtura el colector. En casos como este, los agentes toman notas, fotografías, analizan... y luego informan al ayuntamiento para que tome medidas.
El trabajo bajo tierra no es sencillo. Parece asqueroso, maloliente y oscuro y lo es, pero encima es peligroso. El mismo ayuntamiento que en el exterior obtiene escobas de platino una y otra vez, guarda lo que barre bajo la alfombra y nunca la levanta. Un paseo por el subsuelo desvela hasta la existencia de bancos de parque en las alcantarillas, amen de derrumbes que tapan colectores, problemas de mantenimiento que acaban con paredes caídas y techos hundidos... Pero lo peor son los lodos que se amontonan por todas partes. Sólo se limpian si una gran riada se los lleva, lo que no pasa en todas partes ni a menudo. Allí donde la naturaleza no limpia, el ayuntamiento no mira.
Pues bien, esos lodos no solo son tremendos a la vista y el olfato, sino muy peligrosos pese a su apariencia inocua. Cuando los agentes caminan sobre ellos, "se desprenden de su interior gases como el metano y el CO2", lo que les obliga a llevar detectores para salir inmediatamente si los niveles de oxígeno bajan de los estándares de seguridad, lo que ocurre más a menudo de lo que puede parecer. Las infecciones también son un problema a tener en cuenta. Por eso los Hades van ataviados con fundas, botas altas, gorros, cascos y dos pares de guantes. También tienen un sistema de limpieza en la furgoneta especial que utilizan, más parecida a un laboratorio que a un transporte para personas. Pero hay más peligros. La lluvia, por ejemplo, es muy traidora. Un colector normal puede convertirse de repente, literalmente de un momento para otro, en un túnel lleno de agua hasta los topes. Por ese motivo, antes de nada los Hades se sitúan en el túnel en relación a las posibles salidas antes de empezar a trabajar, "por si hay que echar a correr".
Los únicos seres que viven a gusto en estos sitios son las ratas y los ratones, que pululan a cientos por el subsuelo. También hay una especie de flores algodonosas que lo recubren todo y que son, en realidad, los excrementos de los roedores invadidos de hongos. También hay estalactitas, pues el suelo de Oviedo es arenoso y se aglutina con rapidez en torno a las gotas de agua permanentes creando esos chupos pétreos. Algunas de estas estalactitas guardan el recuerdo de viejas riadas y, pese a estar suspendidas del techo, sostienen pedazos de plástico o tela en el mejor de los casos.
Respecto a la red de túneles, la Policía prefiere que las entradas y salidas sigan siendo una incógnita para evitar problemas. Lo que sí se puede decir es que los colectores más grandes discurren por las orillas de la autopista A- 66 y por General Elorza. Pero hay más, trincheras secretas, tramos de alcantarillado perdidos, sótanos olvidados, todo un mundo que los Hades vigilan para que los que caminan por encima no tengan que temer a lo que pueda venir del debajo del suelo.







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