La cultura, el arte, la moda y la identidad. Se consumen productos con los que cada persona trata de formar una imagen y lograr que los demás le identifiquen con unos valores, con una forma de ser o de vivir. Así, dentro de los encuentros de La Cultura en el siglo XXI , organizados por el presidente de GONA Centro de Formación y Producción Audiovisual, Juan Gona, y Cajastur, se dieron cita ayer Enrique Loewe, presidente honorífico de Loewe y de la Fundación Loewe; Miguel Ángel Recio, ex director gerente de la Fundación Colección Thyssen Bornemisza y actual cabeza del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM), Purificación García, diseñadora de moda, y Susana Campuzano, directora de Luxury Advise y del Programa Superior del Lujo de IE Business School y coordinadora además del encuentro, para hablar de los nuevos consumos culturales.
El lujo, incidieron, es una forma de canalizar la producción de calidad o exclusividad de una creación cultural, lo que se convierte, en definitiva, en compromiso con el arte, en una exigencia. Esa fue una de las tesis en torno a la que previamente abundó Loewe, quien expresaba para los medios que el arte ha de “hacernos reaccionar”. “Es más importante que nunca, mientras se tambalea nuestro sistema de valores hay que pensar en el nuevo papel de la cultura, que puede servirnos para el día a día y darnos respuestas para la vida”, afirmó.
Indicó que la concepción de lujo extendida no es la que les identifica: “No es inútil, ni vulgar. Pertenezco a una empresa artesanal que maneja la piel con calidad. El lujo no es más que la voluntad del hombre por ser mejor y no es bulimia, sino interpreté de la evolución de la sociedad”, añadió el también presidente de honor del Círculo Fortuny, marcas unidas por el prestigio del sector.
Dentro de ese “ser mejor”, indicó que La Movida de los años 80 fue quizá el mejor ejemplo de búsqueda de posibilidades. Ahí, “el sistema de formación en diseño comenzó a rebajar el complejo de ignorancia e inferioridad. Los últimos cinco años han sido de madurez, pero hay aún muchos diseñadores y pocos empresarios”. “La cultura debe aprender a competir sin el papá Estado, ser capaz de luchar y esforzarse”.
En un año de crisis global en el que a pesar de todo, las estimaciones confirman que el mercado de lujo crecerá un 13% gracias a los países emergentes como China, Brasil o Rusia, el caso español es menos optimista, según Susana Campuzano.
Sin embargo, el lujo simbólico español, asociado a la calidad de vida, a la cantidad de cultura que atesora el país, no mengua en prestigio. La exclusividad de una prenda está ligada al arte, como quien adquiere un valioso lienzo. Es lo que ocurre en la alta costura, donde cada tela es una pintura única, como indicó Purificación García, quien con el Prêt-à-porter asegura haber perdido parte de ese “perfume”. “El matrimonio entre el empresario y el diseñador es difícil”, añadió.
Dentro de esa mezcla cultura-arte-negocio, hacen acto de presencia otras artes. El compromiso del sector privado con éstas mediante la promoción y el mecenazgo, contribuye a mejorar la calidad cultural y motivar el esfuerzo de los creadores que, en opinión de Miguel Ángel Recio, deben aprovecharse de ese interés recíproco.
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