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Viernes 25 de Mayo de 2012

Un murciélago frío en Oviedo

El público no apreció los guiños al humor de una versión en clave carbayona de la opereta de Strauss

Rosalinde y su amante Alfred en el momento en que éste se hace pasar por su marido y es arrestado por la policía, en el primer acto. Rosalinde y su amante Alfred en el momento en que éste se hace pasar por su marido y es arrestado por la policía, en el primer acto.

19/09/2011 00:00 /

Pese a los diálogos en español y los guiños a la capital y a Asturias en general, el murciélago que ayer sobrevoló el Teatro Campoamor con motivo del estreno de la temporada de Ópera no logró que los espectadores entraran en el juego. La opereta de Johann Strauss Hijo Die Fledermaus (El murciélago) , que sustituyó a la de su padre El caballero de la rosa , que se cayó del cartel por motivos económicos, no consiguió encandilar a los ovetenses como otras funciones. Los espectadores, que una vez más completaron el aforo del coliseo, se mostraron bastantes fríos pese a las constantes llamadas a la carcajada y a los aplausos por parte de los artistas.

No funcionó en la capital la fórmula del humor para combatir la época de crisis; y la versión moderna de la opereta sobre la venganza que el doctor Falke prepara para su amigo Gabriel von Eisenstein, que unos años antes le había abandonado, disfrazado de murciélago, tras un baile de máscaras, producida por Ópera de Las Palmas, no resultó tan hilarante como se esperaba. Además, algunos asistentes se molestaron cuando la megafonía que debía de advertir del comienzo del segundo acto no funcionó.

Aún así, los artistas recibieron aplausos de los asistentes, expectantes ante las ‘sorpresas’ que se habían anunciado. Y uno de los artistas más ovacionados fue el tener gijonés Alejandro Roy, tras ‘colarse’ en la obra e interpretar Recóndita armonía de Tosca, la obra de Puccini. Del reparto, la más aplaudida fue la soprano granadina Mariola Cantarero, que representó el papel de Rosalinde, la protagonista de la obra.

La producción, con Eric Hull al frente de la dirección musical y Mario Pontiggia de la escénica, incluyó numerosas citas a la ciudad durante sus cuatro horas de duración, en un intento por acercar más la representación al espectador. La escenografía, el vestuario y la puesta en escena también pretendieron aproximarse a la actualidad, sin perder de vista el espíritu vienés.

La aparición de la protagonista, Rosalinde, enfundada en un conjunto semimarinero en chirriantes tonos verdes y rojos y la primera conversación con su amante Alfred (Albert Casals) ya dejaron entrever el tono cómico de la función; al igual que la intención de la sirvienta, Adele (Chen Reiss), de salir “de marcha” a toda costa. Y lo consigue, gracias a que la señora quiere verse por última vez con Alfred a espaldas de su marido, Gabriel von Eisenstein, que a su vez engaña a su mujer diciéndole que ingresará en la prisión “de Villabona” unas horas antes de lo previsto cuando planea ir a la fiesta a la que le invita su amigo el doctor Blake. Antes de la despedida entre el matrimonio, Gabriel ordena la mejor cena de “Casa Fermín o Casa Conrado”, tratando de nuevo de provocar la risa entre el público presente.

En el segundo acto, en el salón de la Villa Orlofsky, muy moderno también, con gogós-maniquís subidos a la barra del bar y cómodos divanes, donde se celebra el festejo, persisten las referencias a Asturias. Es en este momento cuando el Campoamor se llena de luz para recibir, primero, a la soprano ovetense Ana Nebot, que animó la fiesta en la que Gabriel no reconoció a su mujer, Rosalinde, al llevar un antifaz; y luego a Alejandro Roy. Ambos acabaron interpretando el pasaje del brindis de La Traviata de Verdi. Este acto se cerró con una polca.

En la tercera parte, ambientada en la cárcel en la que Gabriel y Alfred coinciden, la producción dio el do de pecho con el himno de Asturias y una mención al Teatro Campoamor.

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