El carril bici que ya se está instalando en diversas calles de Oviedo en los últimos días, no deja indiferente a nadie. Ciudadanos de a pie, trabajadores, estudiantes, ciclistas aficionados, profesionales y trabajadores de carretera se encuentran a la expectativa ante las nuevas posibilidades que se abren.
Todos los consultados por este periódico coinciden en que aún es pronto para saber el alcance de la iniciativa. Sin embargo, muestran dudas acerca de la eficacia de un carril bici por el mismo espacio por el que circulan los coches. Los más contentos con la medida son los ciclistas urbanos. Para ellos, es importante que se vaya concienciando a la sociedad de que la bicicleta es una opción más para moverse por la ciudad, y las zonas 30 puestas a disponibilidad de los ciudadanos refrendan la necesidad de respeto para el colectivo.
Concienciación social Uno de esos ciclistas es Joaquín Arce, el director general de Política Forestal, que se desplaza al trabajo en bicicleta oficial, al contrario que sus compañeros del ámbito político. “En principio está bastante bien”, explica. “Responde a la filosofía de compartir el espacio entre el coche, el transporte urbano y la bicicleta. Es un paso que se está dando en Oviedo y va por el buen camino, aunque aún se puede mejorar”. Arce comenta que un proyecto de ordenanza del profesor de derecho de la Universidad de Oviedo, Francisco Bastida, completa lo que ya se está desarrollando, aunque ahora mismo, “lo más importante es solucionar el tema de la circulación”.
Para Santiago Calabia, que siempre va a todas partes con la bicicleta y disfruta en su tiempo libre del ciclocross, se trata de una cuestión de costumbres y de respeto. La iniciativa le parece muy bien porque mejorará la seguridad, pero cree que “si no se respeta ni la distancia de 1,5 metros al adelantar, mucho menos se hará con la velocidad”. “Hay mucho desconocimiento de la normativa, en general. La gente no sabe que se puede ir en grupos de dos, por ejemplo”, apostilla.
La carretera es de todos Ignacio Mejó también es aficionado al ciclismo y vive de ello, ya que trabaja en una conocida tienda ovetense que oferta material deportivo para ciclistas. Mejó también ve la idea como algo positivo, pero encuentra la necesidad de más tolerancia, de “más solidaridad”, por parte de la población: “Todos debemos cumplir las normas: los ciclistas, los peatones y los conductores. Todos son compatibles y cuanta más red haya mejor porque lo podemos aprovechar todos. Esto motivará a la gente a salir a la calle en bici”.
También el campeón de Asturias de Mountain Bike, José María García Forcelledo, incide en la falta de educación, como motivo principal de los enfrentamientos bici-coche. “La carretera es de todos, pero a la bici se le protesta por todo”, afirma. Dice estar de acuerdo con las zonas 30, excepto en una cuestión: que no se haga “un carril aparte, como en otras ciudades”. Tampoco sería adecuado un carril en las aceras, en opinión de García, ya que “se invaden igualmente” y añade a Barcelona como referente en convivencia vial y respeto por los ciclistas.
Como representante del colectivo Asturias con Bici, Covadonga Álvarez, sigue considerando insuficientes las medidas del Plan 30, pertenecientes al Plan A del Principado -y que superan los 162.000 euros. Insuficientes porque han de ir “acompañadas por campañas de sensibilización social”, ya que “todo lleva un proceso”. Al menos, dice, “la intención está ahí y beneficiará al medio ambiente”.
El Club Ciclista de Colloto, encabezado por Celso Fernández, también ve con buenos ojos el Plan 30 . “Todo lo que sea hacer carriles como en otras ciudades está bien. Por mi trabajo me muevo mucho en coche, pero practico ciclismo y defiendo la actividad. Evitará las aglomeraciones e ir a 30 tampoco hará el tráfico más lento, solo habrá que tener un poco más de consideración. Solo añadiría más calles con carriles”, declara.
Recelo ante la velocidad Los más afectados por las nuevas medidas serán quienes más tiempo pasen conduciendo, que en este caso son los taxistas. Si entre los ciclistas las opiniones son relativamente uniformes, entre los taxistas no ocurre lo mismo.
Luis Méndez lo tiene claro. “No va a ir nadie a 30, a no ser que multen. Tratando de dinero la gente se controla más”, espeta, para añadir más tarde que si se cumple a rajatabla la señal de velocidad, “la circulación se va a ver claramente afectada”. José María Rodríguez también cree que el carril 30 ralentizará todo el tráfico, sin embargo, da un voto de confianza: “Hasta que no empiece a funcionar de verdad, no se pueden ver las consecuencias”.
Sea como sea, las bicicletas ya se van abriendo paso semana a semana por las calles de Oviedo y a quienes van a pie habitualmente les parece, en general, una buena idea. De hecho, algunos, como la estudiante de Bachillerato de Artes Tatiana Tuñón piensan ya sacar la bicicleta del trastero: “Estoy decidida a sacar la bici, viene bien para hacer ejercicio”.
Beneficios múltiples Las zonas 30, que ya se extienden por gran parte del centro urbano de Oviedo, significan que los márgenes derechos de las carreteras de las calles implicadas en el plan no permitirán velocidades superiores a 30 kilómetros por hora y que serán las bicicletas las que tengan preferencia.
Si los planes del consistorio ovetense salen bien la Zona 30 producirá beneficios en diferentes ámbitos.
El primero, el medioambiental. El fomento de la circulación por la ciudad en bicicleta conlleva una reducción substancial de los coches y, en consecuencia, de las emisiones contaminantes. Otro aspecto esencial es el tráfico, ya que un menor número de coches evitaría los clásicos embotellamientos formados por los miles de vehículos que circulan a diario por las calles de la capital del Principado.
Además, interviene otro factor no menos importante: la salud. Dejar el coche en casa o, directamente, carecer de él, evita el sedentarismo. Moverse por la ciudad a pie o en bicicleta mejora las condiciones físicas, según las organizaciones de salud.
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