Ignacio García Rodríguez es una de esas personas con tanto nombre propio que su empresa se llama IGR. Pertenece a una familia de empresarios de raza, de esas que han marcado el desarrollo del siglo XX en Asturias y han ayudado a que la región pasara de una economía básicamente de subsistencia a la era postindustrial. Su padre, Benjamín, fue el fundador de Autos Llanera y él desarrolló casi toda su vida en la empresa familiar, García Rodríguez Hermanos. En el año 2002 decidió volar solo. Ayer, recibió un homenaje en porque su empresa de suministro de maquinaria de hostelería y lavandería industrial ha cumplido diez años convertida en un referente. De ahí esta entrevista, que comienza poco antes del homenaje con una cita en una calle de Oviedo con cuatro bares de los que sólo uno está abierto para poder tomar un café, el resto luce carteles de vacaciones o descansos que arrancan un gesto a García, que observa desde su coche, a través de una ventanilla velada por la lluvia. “Parece que no va tan mal”, susurra mientras se baja del asiento del conductor con un golpe de riñones. Luego sonríe y extiende la mano. Su apretón es firme y ágil, poco acorde con las canas que peina con cuidado hacia la nuca, lo que le da un aspecto pulcro bueno para un negocio donde la limpieza manda. Ya en el bar, pide una tónica, soluciona un par de cuestiones con el móvil y se sienta para confesar que se jubilará el año que viene.
Feliz cumpleaños.
Muchas Gracias. Han sido diez años de mucho trabajo desde que me separé del resto de la familia y fundé IGR, pero hemos conseguido convertirnos en un referente para el sector y, curiosamente, nuestra mayor competencia es García Rodríguez Hermanos.
¿Qué pasó? Era un momento, con 52 años, donde apareció la opción de la prejubilación y me pareció una barbaridad. Aún tenía ganas de hacer cosas y me lancé.
Diez años después, alguna de las cocinas más famosas de Asturias lleva su firma.
Hemos hecho la del Palacio de La Zoreda, Las Caldas, el Palacio de Luces, el Barceló, el Hotel de Torazo, el Silken de Gijón... La verdad, unas cuantas.
Creo que empezó usted con 13 años en esto.
Casi. Con 13 aprobé todas y de premio me regalaron un mono y me mandaron a limpiar autobuses todo el verano con mi tío. El verano siguiente tuve que trabajar de pinche en Abundio Gascón, el taller de Pegaso. Ahí ya me hicieron un contrato y por eso ahora puedo jubilarme. Al siguiente trabajé repartiendo botellas de butano por el 50% de la comisión, porque no tenía sueldo. Luego ya comencé con los electrodomésticos y de ahí a la maquinaria. Realmente empecé en hostelería en 1969.
¿Y ha cambiado mucho desde entonces? Del todo. Antes la cocina se ponía donde estorbara menos y ocupara menos espacio. Ahora no y cada vez menos porque los jóvenes cocineros quieren espacios amplios y cómodos. Hoy en día las cocinas se hacen antes que lo demás, son lo más importante y se exige que tengan los pasos de frío, preparación, cocción y distribución en una parte y el lavado de vajillas en otra para evitar riesgos.
¿Se habla en Asturias, como pasa en otros lugares, de áreas de investigación dentro de las cocinas? Entre los cocineros jóvenes sí, pero cuesta con los demás. Si les hablas de innovación a veces pueden hasta molestarse porque a lo mejor creen que les quieres vender algo. La mayoría prefiere copiar que inventar. Pero con los jóvenes es diferente, cada vez hay más que están dispuestos a aplicar el I+D a la cocina. Y algunos más viejos empiezan a verlo.
¿Y la maquinaria? La maquinaria no sólo ha evolucionado, sino que ahora cambia incluso según la zona donde esté el restaurante o cómo sea el cocinero. Antes eran todas iguales. Ahora, como en la costa se hace más pescado, hacen falta más planchas, mientras que en el interior triunfa el pote y eso pide más fogones. En cuanto a la evolución de las máquinas en sí, las nuevas generaciones de cocineros han introducido cambios muy importantes. Los mayores están en el uso de herramientas como el abatidor para bajar de golpe la temperatura de los alimentos, los regeneradores para recuperarlos o las envasadoras al vacío para que se conserven más tiempo y sin perder propiedades. Una cosa que ha cambiado mucho es el uso de los hornos, la cocina moderna lleva más hornos que fogones.
Esa innovación es lo que ha hecho famosa a su empresa.
Siempre hemos intentado hace cosas distintas, personalizadas y muy actuales, con lo último en maquinaria y cuidando el diseño. Lo primordial en este punto siempre ha sido conseguir la máxima comodidad para que el cocinero pueda desarrollar su trabajo.
¿Hacia dónde camina la cocina? A la mecanización total. La mano de obra es cara. Se pierden los pinches, lo que sería un problema más serio sino fuera porque hoy en día salen muy bien formados de la escuela de hostelería, sino iríamos mal, porque un buen cocinero debe ser antes un buen pinche.
Una pregunta de rigor, ¿cómo se sale de la crisis? Debemos modernizarnos para sobrevivir. Sólo hay una receta: invertir en I+D, no estancarse e innovar, buscar nuevos productos.
¿Qué pasará con IGR cuando usted se jubile? Tengo dos hijos que funcionan muy bien y tienen un concepto diferente al mío, más moderno y mejor en muchos aspectos para poder enfrentarse a la situación actual. Están totalmente preparados y, de hecho, son prácticamente ellos los que llevan ahora mismo la empresa. Les toca una época muy complicada pero no tengo miedo por ellos porque lo están haciendo bien. Yo me aparto porque estoy cansado, en un año me jubilo y a disfrutar de los nietos, que ya es hora.
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