El primer sermón del nuevo arzobispo de Oviedo, en el acto religioso del Día de Asturias, en Covadonga, dejó la puerta abierta a la polémica.
En su homilía, delante del gobierno socialista del Principado, Sanz defendió un modelo de familia tradicional, con rechazo al divorcio, a la eutanasia y al aborto con especial mención a que en ese caso se requiere “un esfuerzo sincero a la mujer”. Tal como dijo, posteriormente, el arzobispo lo hizo sin aludir a siglas ni a personas pero se veía que era un dardo contra la política del Gobierno socialista.
Por eso, tras la misa y preguntado el jefe del Ejecutivo asturiano sobre las palabras del arzobispo, Vicente Álvarez Areces, las calificó de “referencias metafóricas a problemas de la sociedad que son su particular opinión” y que, respetándola, no la comparte.
Es más, a su juicio, pocas personas pueden estar tan orgullosas como él de “haber fortalecido el modelo de cohesión social”, en estos 11 años, con sanidad y educación, el respeto a los mayores dotándolos de más derechos, el apoyo a la mujer y a la familia y, “en definitiva, a la vida”, dijo. “Hemos avanzado mucho y estoy muy orgulloso”, añadió.
Previamente, el arzobispo había pedido “fortaleza” para seguir adelante en todo lo que destruye a la familia. “No es una institución rancia de otros tiempos”, declaró. Sanz Montes aseguró que hoy esta institución humana fundamental “vive de nuevo la persecución de quienes no protegen la vida ni la quieren verdaderamente educar”. En esa línea, entre el “elenco del desmantelamiento de la familia”, tal como lo definió, citó que “se destruye la vida que por un módico precio no dejan que nazca” y que “no se ayuda a la mujer por prepotencia machista o demagogia feminista”. También, apuntó, cuando “se abarata el amor propiciando su banalización en la irresponsable aventura fugaz o como si nada pasara en la fácil ruptura” y añadió que también se acaba con la vida anciana o enferma terminal cuando se la echa como residuo a un cubo de basura”.
Tras estas palabras, el arzobispo, en un breve encuentro con los periodistas, se ratificó en todo lo dicho porque “yo hablo así” y lo encuadró en tratar de “entender el evangelio” y no solo en hacer comentarios piadosos para su regocijo espiritual. “Trato de trasmitir compromisos y opciones”. Añadió que había tratado de hacer un “cuidado contenido” de su homilía y que lo hacía con “inmenso respeto” pero tratando de ayudar, indicó, “a un pueblo que necesita luz, compañía y clarificación”.
En ese sentido, aunque dijo que tenía un año para tomar decisiones de envergadura sobre una realidad compleja y con los mayores datos posibles, anunció que entre los retos a encarar y que le “preocupan” enumeró a los jóvenes, una política de apoyo a la familia, a la vida y a la mujer, así como el índice del paro “también muy preocupante por el alto número que existe en este Principado”, dijo.
Y, por último, también citó a la cultura que la calificó de profundamente cristiana y que, según sus palabras, “a veces está ninguneada o enajenada como si se quisiera reconquistar”. Y advirtió: “Reconquistas las justas por ambas partes siempre buscando una tolerancia”.
Por otro lado, el arzobispo de Oviedo se mostró “asombrado” por el numeroso número de asistentes a los actos religiosos de Covadonga durante estos días y “honrado” por la participación de las autoridades.
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