“Queremos formarnos, no hipotecarnos”. El mensaje está claro. Los alumnos de la Universidad de Oviedo creen que la adaptación al espacio europeo de educación superior, también conocido como plan Bolonia, supone una “mercantilización de la enseñanza” y vuelven a la calle para defender su futuro. Lejos de las críticas que identifican a su generación con el pasotismo, quieren una enseñanza de calidad que puedan compaginar con el trabajo. Frente a la generación Ni-Ni (ni estudia, ni trabaja), la generación Si-Si. ¿Cuáles son sus argumentos? Denuncian el incremento de los precios públicos, la masificación de las aulas, la sustitución de las becas por créditos y los reglamentos que dificultan compatibilizar la vida laboral con la universitaria.
Alrededor de 2.000 alumnos de la Universidad de Oviedo, convocados por las asambleas de estudiantes de las facultades, protestaron contra la disminución de la calidad educativa y para exigir al rectorado y al Gobierno del Principado un compromiso real con la enseñanza superior. Se lo arrancaron al rector, Vicente Gotor, que se reunió con ellos al término de la manifestación, una de las más numerosas que se recuerdan.
Las conversaciones Gotor prometió, ante los portavoces del colectivo estudiantil, buscar fórmulas para corregir los errores que se hayan producido en la puesta en funcionamiento de Bolonia. Fundamentalmente, solventará la masificación de las aulas con la contratación de profesores y revisará los planes de estudios. De hecho, junto al rector estaba la vicerrectora del Campus de Excelencia y antigua responsable de Ordenación Académica, Paz Suárez Rendueles, que fue la responsable de implantar los nuevos grados.
Tanto Rendueles como Gotor insistieron en que no habrá ampliación de los númerus clausus a pesar del incremento de las matriculaciones. Su prioridad es conseguir, por tanto, más recursos. Los estudiantes les instaron a recurrir al Gobierno regional para que otorgue estabilidad presupuestaria a la Universidad. Incluso achacan gran parte de la responsabilidad al Ejecutivo asturiano, que no dota a la institución de los medios necesarios para tener “una universidad pública de calidad”.
Otra de las prioridades es evitar que la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (Crue) dé el visto bueno a un documento en el que se recomienda encarecer la matrícula a los repetidores. En la actualidad, un alumno paga el 18% del coste real de una asignatura. La idea que planea sobre el Ministerio de Educación y sobre la Crue es elevar hasta un 50% el precio para la segunda convocatoria y llegar incluso a un 100% más adelante, lo que supondrá abonar hasta 600 euros por una materia. Los alumnos reclaman a Vicente Gotor que encabece la negativa a esta medida y el rector se comprometió a trasladar su postura. Los estudiantes señalan que el incremento del precio a los repetidores supone una “elitización” de la enseñanza .
La manifestación La protesta logró reunir a casi 2.000 estudiantes, convirtiéndose así en una de las más multitudinarias de los últimos años. El malestar entre los alumnos es evidente. Cuentan historias de alumnos sentados en el suelo para recibir clases, de materias con un nivel muy bajo que no les otorga ninguna cualificación profesional y de disciplinas que no se ofertan por falta de profesores.
Todos estos problemas han empujado a la calle a los universitario, que estuvieron acompañados por una pequeña representación de profesores que comparten su punto de vista, como por ejemplo Ignacio Loy, titular en la Facultad de Psicología.
Los eslóganes que utilizaban y los manifiestos que leyeron, en la Junta General del Principado y en el claustro de la Universidad, resumían sus demandas. Una de las más significativas era: “Fuera las empresas de la Universidad”, que parece contravenir la política del rectorado de compensar con ayuda privada la falta de recursos públicos.
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