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Viernes 25 de Mayo de 2012

Arnao, el éxito del fracaso

La mina de Castrillón abre una nueva etapa dos siglos después de ser referente hullero de la primera industrialización

Entrada a la mina de Arnao en Castrillón. Fernando robles Entrada a la mina de Arnao en Castrillón. Fernando robles

18/07/2011 07:37 /

Para cuando el equipo de gobierno (IU) del Ayuntamiento de Castrillón reciba, la fecha prevista inicialmente era el 11 de julio, la obra contratada en Arnao, la explotación decana de la minería del carbón sino en Europa en España y sin duda en Asturias habrá dado casi dos siglos después de convertirse en referente hullero de la primera industrialización y más de cinco centurias tras su primera noticia escrita una nueva vuelta de tuerca a su historia, que es también la nuestra, resumida a la perfección, como sólo sabe hacerlo la poesía con su música y su matemática, en el último hemistiquio y el primero de los antepenúltimo y penúltimos versos de uno de los primeros poemas del ovetense Ángel González: “… El éxito/ de todos los fracasos…”. Los unos y el otro, “farsantes” (por, puestos ya, seguir el “If” -”Si” (condicional)- del premio nobel indobritánico Rudyard Kipling) se expanden por tiempos y espacios sin que los del ahora sean, por naturaleza, definitivos ya que en este big bang mineral y combustible al pie y bajo la mar Cantábrica desastre y triunfo se suceden, se solapan para presentarnos el método y las definiciones del complejo sistema del devenir.

De banda sonora a esta industria, resumen de cuantas hubo de su género en Asturias, le viene al pelo la Segunda, conocida como Resurrección , de Mahler, ahora que es llegado su tiempo y anda por el primer centenario de su muerte. También le iría bien el Adagietto de la Quinta o el Ruhevoll de la Cuarta, aunque éstas ya tienen y son ya otras notas sobrentendiéndonos en que finalmente sean (serán y fueron) siempre las mismas.

Arnao (etimológicamente, arena, García-Arias, 1977 y Concepción Suárez, 2007) es un lugar de la parroquia de Sanmartín de Laspra en Castrillón con playa de 350 metros en cuyo extremo occidental se yergue el primer castillete minero del país, en funcionamiento desde 1840 tras las labores de reprofundización, comenzadas en 1837, para mejorar un laboreo al que hasta entonces le servían cuatro bocaminas (Fanjul, Laine, 2010). Que la zona fuera carbonífera era en ese tiempo archisabido. Un carmelita de Valladolid, fray Agustín Montero, había cargado dos navíos a finales del siglo XV con destino a Portugal de la mina de Arences o Arancés (de arándano), pueblo de la parroquia de Santa María del Mar (Adaro, 1981-1994, recogiendo a Aramburu, 1899).

La concesión de la propiedad minera, firmada por la reina regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias el 14 de noviembre de 1833, otorga título de Real Compañía a la Asturiana de Minas de Carbón, una empresa de capital mayoritario belga que llega (esa es otra historia) a Asturias, importa e instala las pautas, los comportamientos, la técnica, la tecnología y las prácticas comerciales del capitalismo, adelantando la operativa y los modos de las sociedades hulleras e industriales de principios del siglo XX. Pero no solo anuncia el futuro sino que resume el pasado porque también hereda el sistema y el método fabriles del Antiguo Régimen (Suárez Antuña, 2005-2008) con su ilustrado y despótico fomento de la economía.

El malacate que permitirá pasar de la minería de montaña a la explotación vertical en Arnao se caracteriza desde el principio por estar cubierto (García, Peribáñez, Daroca, 2004). (En esto emparenta con el Pozo Espinos (1920), en el valle de Turón (Mieres), único en Asturias con castillete de madera). Después le vendrán las paredes y el techo de cinc. Antes, la desechada planta de tratamiento para la zona de cobre explotado en América por firmas inglesas o el abandono previo de John Cockerill, uno de los capitanes de la industrialización belga en la Valonia de Seraing y uno de los apellidos destacados de las historias de locomotoras y ferrocarril.

Mientras la fuerza para mover el cabrestante o cabestrante del castillete a la vera del mar pasaba de la sangre al vapor, del buey a la máquina, otras derrotas se cernían sobre la hulla de Arnao, santuario astur del devónico, aula natural de geologías con sus fósiles y sus fallas (Arbizu, Méndez-Bedia, 2006). Calizas, areniscas y pizarras cabalgan sobre las capas de carbón que desde la terrestre en zona continental se extienden bajo el lecho marino. Estas circunstancias obligaron a una explotación de tajos largos conectados por una galería maestra en plano inclinado que el francés del dieciocho y el diecinueve denominó valey (Niembro, 2010).

El valey nuevo de Arnao arrancaba de la base de la caña del pozo y permitía toda una ramificación tortuosa de galerías para servicio de los talleres del carbón bajo el mar, dirección opuesta a los también sinuosos recorridos del plano de labores, que imita y supera, en la explotación terrestre que alcanza el subsuelo de Santa María del Mar.

Otro Valey, este con mayúscula y más reciente, es el centro cultural de Piedras Blancas, elegantemente resuelto en su combinación exquisita y delicada de cubos por el arquitecto gijonés Jovino Martínez Sierra. Por el valey viejo, que enlaza la plaza de Arnao con el pozo, hoy hormigonado y salida de emergencia del nuevo museo, se colaron hace unos meses al interior de la obra el que será nuevo presidente asturiano, Francisco Álvarez-Cascos, y el que fuera alcalde de Castrillón José María León Pérez, según cuenta su sucesora Ángela Vallina. La anécdota se sucedió en mayo.

En agosto, un día de San Bartolomé, el protagonismo se lo llevó una borbonada de 1858. Aquel verano habían llegado a Asturias la reina Isabel II y su marido. (En este punto, dada la afición de determinados cronistas, pudiera abrirse esta historia a otra bifurcación aunque de más enjundia histórico-novelística que industrial; el relato económico-empresarial prestaría más atención a la relación del esposo de la reina madre, el sargento Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, duque de Riánsares, con la industrialización asturiana).

La comitiva real pernoctó aquella noche del 23 al 24 de agosto en el palacio de Ferrera de Avilés. De mañana visitaron la nueva fábrica de cinc en Arnao. Y después les mostraron la playa y el exterior de la mina bajo la mar de la que la compañía extraía un carbón de hulla cuyas características habían descartado su uso para la metalurgia del hierro pero no para la de las calaminas, llegadas a Asturias desde los yacimientos belgas del País Vasco.

Fue entonces que Isabel II rompió el protocolo. Y decidió no dar tregua a los preparativos para su último deseo: bajar al pozo minero. La reina, resuelta, y su esposo, Francisco de Asís de Borbón, subieron a la jaula. La comitiva bajó al punto donde nace el valey nuevo. Y, ante el asombro, tiró plano inclinado hacia el norte hasta llegar a un taller de arranque.

Cuenta el relato que allí con la cera que se desprendía de una de las velas que les iluminaban, la de los tristes destinos escribió en la pared la inicial de su nombre y, tal vez, la de su esposo. Y allí, según el historiador Juan Carlos de Lamadrid, preguntó a un obrero cuántas horas trabajaba al día. Aquel minero, bajo la mar del Cantábrico, del que no se ha podido documentar su nombre, le respondió: “Veinticuatro”.

Esta narración se suspende en ese punto aunque no la de la peripecia principal o secundaria de la escritura. La Real Compañía propagaría el detalle con la reproducción de los letras y un texto que destaca el lugar “no visitado hasta antes por mujer alguna”.

Mujer también, Ángela Vallina llega a la plaza de Arnao una tarde de finales de junio, cargada su cabeza de asuntos municipales recientes sobre la gobernabilidad en Castrillón donde la oposición PSOE, FAC y PP le otorgaron el bastón de alcalde pero se repartieron las delegaciones en los consejos de administración de empresas con representación del Ayuntamiento. Vallina muestra los valey, se lamenta de la falta de apoyo para un museo llamado a desarrollarse como en su día lo fue el del Ferrocarril de Gijón. Porque el dinero siempre manda y los cuatro millones invertidos para reflotar la mina de Arnao, clausurada definitivamente como explotación minera en 1915 (tras el incendio en fecha tan señalada como 1905, otra u otras historias) por las filtraciones de agua salada pero, tal vez por la misma razón en un estado de conservación sobresaliente, obligan a aplicar el azadón o el pico de los recortes.

Los 2,5 millones de los fondos Feder y los 1,5 municipales, amén de las trabas impuestas por Patrimonio que han prohibido la presentación de elementos destacados como entibados de ladrillo o ventanales primigenios, permitirán mostrar al público una parte singular del quehacer industrioso en el hoy al fin declarado Bien de Interés Cultural (BIC) tras un dilatado y tortuoso proceso capitaneado por la Asociación de Vecinos de Santa María del Mar. Inevitable citar a su presidente Juan Luis Gutiérrez.

La mina de Arnao, con su castillete rehabilitado por cinqueros de Ponferrada, por la que Asturias se sitúa como referente en el mundo de la fabricación de cinc, después de innumerables vueltas y revueltas de fracasos y de éxitos es mucho más: historia de ferrocarriles, de carreteras, de puertos, de concesiones, de cesiones de terrenos, de colonias de veraneo, de paternalismo industrial, de poblados mineros, de arquitectura textualmente industrial , de conomatos , de casinos, de escuelas del Ave María. Mismas notas de distintos relatos, o idénticos, suenan en el ruhevoll (tranquilo, en alemán) o el adagietto (al modo del adagio, en italiano) para componer una historia de resurrección. Como el éxito de los fracasos.

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