“Que la Virgen María que brilla en la altura más bella que el sol, y es Madre y es Reina, como reza el himno a la celestial patrona de esas tierras, les proteja siempre con su maternal ternura”. Con estas palabras, y antes de su bendición, evocó ayer a la Santina de Covadonga el Papa Benedicto XVI al finalizar el concierto ofrecido en su honor por la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA).
Pero no fue esta su única referencia a Asturias. Rodeado de todos los músicos de la OSPA, el Papa calificó de “espléndido” el Capricho español del compositor ruso Nicolai Rimsky-Korsakov, la pieza que puso el broche al concierto y que incluyó el fandango asturiano en el que, según Benedicto XVI, se reconoce “una antigua invocación asturiana con la que se busca la protección de la Virgen María y de San Pedro”. Del Don Juan , Strauss, la otra pieza de inspiración española que ayer interpretó la OSPA, el Papa explicó que “resume una vida que no encuentra la paz”.
Pero como el propio Papa afirmó, con el concierto que ayer ofreció la sinfónica asturiana “se ha transferido a esta sala un trozo de España”. Tras calificar de “magnífica” la ejecución del concierto, Benedicto XVI, bautizado por algunos como el Papa melómano , destacó la “alegría de vivir y el clima de fiesta” que transmite una composición como la suite número dos de El Sombrero de tres picos , de Manuel de Falla, sin duda alguna la más aplaudida. En alusión a la Danza ritual del fuego , una de las partes fundamentales de El amor brujo , también de Falla, Benedicto XVI aludió a sus referencias “a la lucha contra el mal”, mientras que destacó cómo Lavapies , de Isaac Albéniz y orquestada por Jesús Rueda que ayer interpretó la OSPA, permite percibir la “vida animada” de los barrios populares de una ciudad como Madrid.
Al inicio de su discurso el Papa agradeció “de corazón” al Gobierno de Asturias y a la Fundación Cristina Masaveu Peterson, el “espléndido” concierto de la OSPA, cuyo repertorio, afirmó, “nos ha dado la posibilidad de hacer como un viaje interior, llevados por la música, a través del folclore, de los sentimientos y del corazón mismo de España”.
A su llegada a la Sala Nervi, Benedicto XVI fue recibido con una cerrada ovación antes de dirigirse al centro de la sala, desde donde presidió el concierto, rodeado de las autoridades eclesiásticas y de la delegación asturiana, encabezada por el presidente del Principado, Francisco Álvarez-Cascos; el presidente de la Junta General del Principado, Fernando Goñi; el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes; el consejero de Cultura, Emilio Marcos Vallaure; el alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo; el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA), Ignacio Vidau, y el abad de Covadonga, Juan José Tuñón. También ocuparon un lugar privilegiado Fernando Masaveu y su esposa Carolina Compostizo, los máximos responsables de la Fundación María Cristina Masaveu, la entidad que financió el concierto.
Tras el discurso del Papa, las autoridades asturianas y la familia Masaveu saludaron a Su Santidad. Fue en ese momento cuando Carolina Compostizo, esposa de Fernando Masaveu, hizo entrega a Benedicto XVI de una Cruz de la Victoria, como “símbolo de nuestra tierra”.
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