El artista se mueve por el mundo como la esposa de Barbazul por su castillo, curioso ante los cuartos cerrados, ansioso por explorar zonas oscuras y cartografiar territorios donde nadie ha llegado antes. Lo afirmó Gustavo Martín Garzo y asintieron Javier Cercas y Bigas Luna. Los dos novelistas y el director de cine se reunieron ayer en Oviedo para debatir sobre los rumbos de la cultura en el siglo XXI. Formaban un grupo demasiado socarrón y poco inclinado a las afirmaciones excesivas como para soñar siquiera con ofrecer una respuesta a una pregunta tan ambiciosa. Pero, por el camino, tomaron unas cuantas desviaciones y en su camino por esas carreteras secundarias de sus respectivos oficios ofrecieron un debate ameno y unas cuantas reflexiones atinadas sobre la creación en un mundo acelerado por las nuevas tecnologías.
Para Garzo, el elogio de la la fantasía es una condición indispensable para narrar una historia. “No puede existir cultura sin imaginación. No es una forma de sustituir una realidad por otra, sino una manera de adentrarse más profundamente en lo real”, sostuvo. Sus dos contertulios asintieron y defendieron el papel de la palabra escrita y los libros en la era de Facebook y las pantallas táctiles. Bigas Luna, que tanto ha analizado las perversiones en sus películas desde la ya no tan cercana Tatuaje , confesó que sentía la necesidad de ser malo con el mundo digital, que también es perverso por el tiempo que roba a otras tareas. El director catalán comprende la fascinación por todo el elenco de portátiles, móviles y tabletas, pero solo admitió dos fetichismos: el del coche, que solo volverá a practicar cuando encuentre modelos eléctricos, y el del libro, que es para él permanente.
El criterio del pintalabios “Todavía necesitamos la palabra escrita para hacer cine, aún no hay un lenguaje visual para narrar acciones solo en imágenes, sin apoyos”, señaló. Luna, socarrón, justificó su escepticismo sobre el futuro de los medios con una frase que una vez escuchó al magnate Rupert Murdoch. Hace casi 30 años, pero nunca la ha olvidado. El empresario admitió que hacía mala televisión porque en sus cadenas no había nada mejor que la publicidad: estaba prohibido hacer algo mejor que los anuncios de pintalabios o las intervenciones de los políticos.
Cercas y Garzo no son puristas ni retrógrados, pero tampoco se exaltan con la tecnología. El vallisoletano se defendió con una cita de Nieztsche. No quiere vivir obsesionado por ser actual, contemporáneo. El autor de Anatomía de un instante , tampoco. Y para demostrarlo aseguró que incurriría adrede en una trangresión social. “Para quedar bien, hoy tienes que afirmar que la novela está muerta. Yo no lo creo. Es una solemne estupidez para un género recentísimo”, indicó.
El premio nacional de Narrativa reveló que está a punto de entregar un libro nuevo, pero, como partidario de Hemingway, opina que hablar de una obra antes de tiempo la estropea. Así que se limitó a Anatomía de un instante . “Opté por no usar la ficción porque el 23-F ya es una ficción colectiva, el equivalente español del asesinato de Kennedy, el punto exacto de convergencia de los peores demonios de nuestro pasado”, explicó. Cercas cree que la novela sobrevivirá a todos sus enterradores porque su forma es maleable, buena para adaptarse a lo que sea menester. Y también porque, desde El Quijote , la mezcla de géneros se ha demostrado imbatible. A esa fórmula recurren algunos de los maestros actuales que reconoce como profesor de Literatura: Coetzee, Naipaul, Sebald, Magris.
Sin fetichismo Así, entre lo óptimo y la voluntad de unos públicos fascinados por lo malo, un creador de 2011 debe encontrar su camino. Luna insistía en la degradación de las audiencias de la televisión. “Cuanto peor es, más gratificante resulta para un público que no paga y se siente superior a lo que ve en la pantalla”, afirmó el director de Jamón, Jamón.
Cercas estuvo de acuerdo y llamó a independizarse de la tiranía de los objetos. “Me encanta mi ordenador. Ahora me parece haber escrito mi primera novela a mano para luego pasarla a máquina. Escribir es reescribir y ahora puedo hacerlo diez veces seguidas. Pero ya es hora de acabar con la fantasía infantiloide y bobalicona del soporte. A la hora de crear, la tecnología no es esencial”, declaró.
Tras una sobremesa de desarme armoniosa y el encuentro con la prensa, los tres siguieron su debate en público. Lo organizaban Cajastur y el Centro Gona.
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