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Viernes 25 de Mayo de 2012

Relatos para romper el silencio

El mimo asturiano Carlos Martínez publica ‘Desde el camerino’ después de 29 años dedicados al arte gestual

Carlos Martínez mira a la cámara durante la representación de uno de sus espectáculos de mimo. Carlos Martínez mira a la cámara durante la representación de uno de sus espectáculos de mimo.

14/09/2011 00:00 /

Cuando hizo de mimo por primera vez no encontraba guantes tan pequeños. Ahora necesita algo más de pintura para cubrir las arrugas. Son dos de las reflexiones que el asturiano Carlos Martínez (Pravia, 1955) comparte en Desde el camerino , un compendio de pensamientos que tienen en común haber nacido justo antes de una de las representaciones que ha llevado a cabo por todo el mundo. Con sus páginas, rompe un silencio con el que se ha ganado la vida durante los últimos 29 años.

“Es curioso. Al final tenemos que usar las palabras para promocionar el silencio”, comentó ayer el mimo desde Alemania, donde actúa con frecuencia. No en vano, la primera edición de Desde el camerino se editó en lengua germana en este país. La buena acogida que tuvo en las librerías fue precisamente lo que llevó a los editores a plantearse una versión en castellano.

¿Cómo llega alguien a ser mimo? En el caso de Carlos martínez, a través del estudio. Con solo 12 años abandonó Asturias para trasladarse a Barcelona, donde aún tiene su residencia. Allí descubriría su pasión por el arte gestual y se formaría en Taller de Mimo y Teatro Contemporáneo, y también en la escuela de arte dramático, El Timbal. Más tarde completaría la carrera de mimo con clases de interpretación teatral. A pesar de toda esta formación, nadie le enseñó nada sobre el camerino, protagonista en la publicación que acaba de editar y que, según su punto de vista, tendría que ser asignatura obligatoria en las escuelas de teatro. “Te enseñan a estar en los escenarios y en los ensayos, pero el camerino está en medio”, indicó. “No es donde se ensaya ni donde se actúa, pero sí donde el actor se prepara para el encuentro con el público”.

Profesión internacional Una de las grandes ventajas de la profesión de mimo es que el silencio, al contrario que la voz, es idéntico ante cualquier público, lo que amplía las posibilidades del intérprete asturiano. “Trabajo en 26 países. Acabo de llegar de Puerto Rico y en unos días nos iremos a Letonia, Suiza e Italia”. Su mímica ha llegado a Asia, África o América y, en estos espectáculos, ha podido constatar que, aunque “los gestos de la vida cotidiana son muy distintos dependiendo del país, el mimo es internacional; son gestos artísticos, pulidos y trabajados, que se entienden en todos los países por igual”. En una ocasión, recordó, actúo para un público en el que estaban representadas más de 100 nacionalidades. Todos se rieron en los mismos momentos del espectáculo, lo que prueba su teoría.

Con la agenda prácticamente llena hasta febrero de espectáculos en localidades de Centroeuropa y fechas confirmadas hasta 2014, la última vez que este mimo asturiano actuó en su tierra fue en 2009. En aquella ocasión llegaba de la mano de Amnistía Internacional, que colaboraba en uno de sus espectáculos, Human Rights , en el que Martínez traduce al mimo la Declaración universal de los derechos humanos . El cómico silente realizará mañana una visita fugaz a Gijón, aunque esta vez será para hablar, en la presentación del libro que acogerá en centro municipal de La Calzada en Gijón.

Mímica que bebe de Asturias A pesar de que han transcurrido dos años, Asturias sigue presente en cada una de sus actuaciones a través de pequeños detalles. Por ejemplo, mientras en todas las escuelas de mimo se enseña a abrir una ventana imaginaria hacia dentro, él siempre las abre hacia afuera -pese a que otros compañeros mimos en ocasiones lo entienden como una equivocación- porque recuerda hacerlo de pequeño en Pravia para a continuación apoyarse en el alféizar. Pese al volumen de actuaciones que tiene por delante, el mimo aseguró ayer que, si recibe la llamada, “siempre hay un hueco para actuar en Asturias”.

Su último espectáculo se titula Biblioteca sin palabras y en él invita a los asistentes a adivinar los libros que abre y representa, todo clásicos de la literatura, como Sherlock Holmes o Guillermo Tell . “Está funcionado muy bien”, comentó. “Escuchas a loa padres comentar con los hijos”. Con las obras anteriores, con las que todavía continúa girando, Martínez cosechó premios en festivales de teatro de Alemania y Portugal.

Al final de cada representación, Carlos Martínez se quita el maquillaje en el escenario con una toalla roja para agradecer al público su presencia, aunque “uno es mimo, igual que es asturiano, con y sin maquillaje”. Y ser mimo significa, bajo el punto de vista de Martínez, que lo ha sido durante tres décadas, “observar la vida desde otro punto de vista”.

Intérpretar monólogos tiene la fama de ser uno de los ejercicios más duros en un teatro, pero en la mímica la soledad se une a la imposibilidad de hablar durante más de una hora. “Al principio puede parecer casi trágico, o un castigo para el público y para el actor”, manifestó, el intérprete praviano, pero “es cuestión de jugar con el silencio, de manera que el público lo disfrute”.

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