La industria del petróleo saca partido al estudio de las huellas y fósiles de invertebrados. Y es que la presencia de organismos vivos en el interior de los sedimentos produce una textura, denominada icnofábrica, que puede indicar la existencia de almacenes importantes de fluidos, ya sean petróleo, gas o agua.
La explicación se encuentra en la capacidad de estos organismos para modificar la estructura del sedimento, provocando cambios en su porosidad y permeabilidad. Dos parámetros decisivos para determinar la circulación de fluidos a través de las rocas.
De todo ello se hablará estos días en el Museo Jurásico de Asturias (Muja), que desde ayer y hasta el próximo martes, acoge el XI Congreso internacional de icnofábricas. Un encuentro en el que se han dado cita más de medio centenar de investigadores de todo el mundo, -muchos de los cuales trabajan o han trabajado para compañías de hidrocarburos, que tendrán oportunidad de conocer los diferentes ejemplos que de este tipo de estructuras que alberga la costa asturiana y compararlos con los de otros países.
“El afloramiento de este tipo de materiales en Asturias es excelente, sobre todo en la zona de acantilados”, señaló ayer José Carlos García-Ramos, responsable del equipo científico del Muja y director, junto a Francisco Javier Rodríguez Tovar , del congreso de icnofábricas.
Dada la importante presencia de este tipo de estructuras en zonas como el Tranqueru, en las inmediaciones de Perlora, la playa de Vega, en Ribadesella o en el arenal de la Griega, en Colunga, ¿se podría pensar que en Asturias hay petróleo? “Hasta ahora no se ha encontrado un yacimiento importante pero sabemos que hay rocas que lo generaron, aquí en Asturias, y que se conserva en algunos fósiles, de cuyo interior salen todavía restos de petróleo”, apuntó García-Ramos.
Se sabe, por tanto, que lo hay, “otra cosa es que hasta ahora lo que se ha encontrado no es suficiente como para que sea explotable”, señaló García-Ramos. En este sentido aclara que precisamente “las rocas del jurásico son rocas madre de petróleo, pero lo que se necesita es un roca almacén, lo suficientemente importante como para que sea rentable. Hasta ahora no lo ha sido, pero puede serlo en cualquier momento”, añadió el responsable del equipo científico del Mueseo Jurásico de Asturias.
No obstante, “todo dependería de los precios, de la profundidad a la que se encuentre, normalmente bajo el agua. Habría que hacer perforaciones profundas”, señaló el director del congreso de icnofábricas, un concepto un tanto desconocido pero que también tiene otras aplicaciones y que resulta “fundamental para interpretar el medio, el ambiente sedentario de aquella época, hace 400 millones de años, además de ser importante para las prospecciones de gas, petróleo y acuíferos”.
El congreso de icnofábricas Se da la circunstancia de que esta es la primera vez que los expertos mundiales en icnofábricas se reúnen en España. La última vez lo hicieron en China, donde se propuso que la décimo primera edición del encuentro se celebrase en el Museo Jurásico de Asturias.
Hasta allí han llegado investigadores de Argentina, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Francia, Inglaterra, Alemania o Suecia. En total, 59 asistentes, alguno más de los habituales en este tipo de reuniones, que se celebran cada dos años.
En esta ocasión, los expertos asistirán a la presentación de 33 comunicaciones orales y 21 carteles. El programa del evento se completará con salidas de campo, “donde podemos explicar una serie de procesos que ocurren en relación con estas icnofábricas”, que tendrá como destino los acantilados de El Tranqueru, la playa de Vega, los acantilados de Villar y El Puntal y la playa de La Griega. Además, habrá actividades complementarias como la visita a Santa María del Naranco, en Oviedo, el conventín de valdediós, en Villaviciosa, o la cueva y al Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo.
Asimismo, parte de los asitentes al congreso, que proceden de Argentina y con los que el equipo científico del Muja colabora, permanecerán un tiempo más en Asturias con la intención de recorrer distintas zonas de acantilados y confirmar el origen de unas huellas que podrían ser las primeras del jurásico y que sumarían más de 150 millones de antigüedad.
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