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Viernes 25 de Mayo de 2012

La orquesta conquista almas con su música

Más de 6.000 personas se entusiasman con el recital

Aspecto de la sala Nervi, durante el concierto. EFE / J. L. C Aspecto de la sala Nervi, durante el concierto. EFE / J. L. C

27/11/2011 00:00 /

Había motivación y ganas de dejar el listón alto en un acontecimiento que ha sido histórico para la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA). Sus músicos lo sabían de antemano y lo dejaron muy claro durante un concierto que fue seguido en directo por más de 6.000 personas, que se mostraron entusiasmadas con su actuación y que al final del concierto aplaudieron durante varios minutos.

En la sala Nervi, ante el Papa Benedicto XVI como espectador de excepción y desde un escenario presidido por La Resurrección, la espectacular escultura de bronce de Pericle Fazzini, los músicos de la OSPA se metieron al público en el bolsillo desde los primeros compases de un concierto de marcado aire “festivo”, tal y como explicó momentos antes del recital el maestro Maximiano Valdés, que hizo realidad su sueño de dirigir a una orquesta en el Vaticano, una ilusión que mantenía desde sus tiempos de estudiante de música en el conservatorio de Santa Cecilia de Roma.

El concierto arrancó con la Danza ritual del fuego , de Manuel de Falla, una pieza que ya permitió percibir el tono de un concierto marcado por un repertorio muy intenso y alegre. Detrás llegaron Triana y Lavapies , una partitura original de Isaac Albéniz, orquestada en 2005 por el compositor Jesús Rueda y en la que dejaron su impronta las secciones de viento y de percusión. Pero el momento mas apoteósico llegó con la suite número dos de El sombrero de tres picos , de Falla, una “nutrida orquestación al servicio de un ideal sonoro que evoca la guitarra”, como recogían los programas de mano.

Y tras la música española llegó la compuesta por dos compositores extranjeros, pero de clara inspiración hispana. El Don Juan , de Richard Strauss, una composición que arranca con mucha fuerza y que finaliza de un modo más lánguido. El broche final llegó con el Capricho Español , de Nicolai Rimsky-Korsakov, una pieza con mucha vida y en la que pudieron lucirse varios de los solistas de la OSPA. Fue el final a una noche en la que la música de la OSPA inundó y conquistó almas en Ciudad del Vaticano.

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