Nacida en Gijón aunque trasladada a Barcelona hace ya más de tres décadas, Carmen Borja aún no había presentado en Asturias Mañana , su último trabajo. Ayer lo hizo en la librería Cervantes de Oviedo. Antes del encuentro con los lectores, habló del poemario y del estado actual de la poesía.
¿Qué tienen en común los poemas de ‘Mañana’? Menos mi primer libro, en la prehistoria literaria, todos son de poemas unitarios. Un poema largo, fragmentario, con un hilo argumental muy tenue. Hay una historia detrás y en este también.
¿Por qué ese título? Uno de los motivos del arranque fue Mañana de Pascua , un cuadro que hay en el Thyssen. Es un cuadro de Friedrich, un pintor romántico que siempre me interesó. Me remueve muchas cosas y viéndolo tuve una sensación que no había tenido nunca delante de ningún cuadro.
¿Hay pintura en la poesía? El cuadro es el punto de partida. Es una huida, pero en todo el libro no vuelve a haber referencias a los caminantes del cuadro. Es una especie de procesión de mujeres, pero no me interesa la lectura religiosa del cuadro. Supongo que me llamó la atención porque de alguna forma la humanidad somos esas figuras que van de espaldas. No se sabe muy bien lo que van a encontrar. Puede que encuentren un sepulcro vacío. Ese fue el arranque. Tampoco soy una liebre escribiendo; me lleva unos años, y lo acabé justo antes de que empezara todo lo del 15-M.
¿Guarda relación? Hay algunas cosas que pueden conectar, pero no fue de una manera deliberada. Llevamos unos años en los que la situación del mundo no es la más optimista.
Coinciden varios poemarios de autores asturianos con muy buenas críticas. ¿Vive un buen momento la poesía asturiana? No estoy muy al tanto de la poesía asturiana en concreto, pero estamos viviendo un momento problemático y rico al mismo tiempo. Los periodos de más turbulencia suelen ser muy ricos creativamente, por lo que no me extrañaría en absoluto.
¿En Barcelona lo nota? Es posible, pero he de decir que aunque esté al día, voy por libre. Lo he ido siempre. He estado fuera de modas. Cuando se llevaba un tipo de poesía yo hacía lo que hacía, y sigo haciendo lo que hacía independientemente de que la corriente general vaya por ahí o no.
Menciona la problemática del género. Esta semana, Julio Rodríguez comentaba que los premios son tal vez más necesarios en poesía porque sólo compran los que también escriben. ¿Lo suscribe? Es verdad que hay dificultades. Quizá ahora se note más, pero no es algo nuevo. Es posible que la gente joven piense que antes no pasaba, pero no es así. El lector de poesía es un número reducido, y los premios facilitan la publicación, porque suelen ir ligados a una editorial. Es parte de la solución, pero también parte del problema.
¿Cómo se puede incentivar la lectura de poesía? De ninguna manera. Sinceramente creo que se pueden hacer cosas desde la escuela o los centros de Secundaria, pero no se puede pretender que le guste a todo el mundo. Es una cosa minoritaria. El cine de arte y ensayo tampoco gusta a todo el mundo, ni la música clásica o la alta gastronomía. Hay cosas que son más difíciles de entrar, y es algo que no se puede violentar.
Este año hubo cierto debate entre defensores de la claridad del mensaje poético y los del ‘todo vale’. ¿En qué grupo se sitúa? En la poesía que interesa la hay más difícil y también sencilla. Esas dicotomías entre lenguaje popular y culto me dejan bastante de lado. En la poesía es importante el ritmo, la musicalidad y lo que dices, y has de conectar. Que sea más alambicada o sencilla es lo de menos. Tampoco soy partidaria del todo vale , aunque ahí entraríamos en qué es poesía, y eso es muy complicado.
El mercado editorial lleva tiempo tratando de la llegada del libro electrónico. ¿La poesía va a otro ritmo en esta carrera? Estamos en una especie de prólogo y no sabemos dónde acabará, pero es un camino que no tiene vuelta atrás. La poesía, como afortunadamente no está directamente ligada al beneficio económico, mantiene sus acólitos. Un público muy pequeño y editoriales que lleva gente joven al modo artesanal. Hay mucho poeta que escribe en la red o en revistas digitales. Hay mucha vitalidad. ¿Qué puede quedar de todo eso? No debemos de tener prisa.
La cultura no vive buenos momentos. Hay recortes y seguramente habrá más. ¿Conoce a colegas de profesión que estén pasando dificultades? Los poetas tenemos una ventaja, y es que nunca hemos pensado en hacernos ricos o en vivir de la poesía. Con eso ya tenemos muchísimo ganado, porque quien más, quien menos vive de otras cosas. Entonces no necesita no perder una subvención o no poder levantar la voz a según quien. Ha habido poetas que se han querido profesionalizar, pero no es exactamente de la poesía de lo que viven, sino de cursos de verano, artículos o jornadas. En esto tenemos ventaja, porque en unos años hemos pasado del escritor que se moría de hambre al que se lo toma como un medio de vida y quiere vivir, y vivir bien .Creo que eso no es bueno. La creación va ligada a la libertad. Si no, acaba siendo otra cosa.
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