La realidad ha superado a la ficción, y además el final ha sido incluso mejor porque esta película acaba bien. Ese homenaje que, sobre la arena del Coliseum de Roma, reclamaba Connie Nielsen (Lucila) para el cadáver de su antiguo amor sí se le podrá realizar en vida al gladiador (Manolo Preciado, a la sazón Russell Crowe): “Una vez creímos que Roma valía la vida de un hombre bueno... creámoslo de nuevo...Él era un hombre de Roma, honrádle” . Así será, sin duda, el domingo contra Osasuna.
Pero lo mejor será empezar por el principio, como se merece toda obra maestra. Nadie sabe que, tras el fútbol, la gran pasión de Manolo Preciado es el cine. Es difícil que el cántabro se pierda un estreno importante en la cartelera aunque, por encima de todos, uno está grabado a fuego en su corazón: Gladiator (2000), de Ridley Scott. Ha perdido ya la cuenta de las veces que ha podido ver la cinta, pero seguro que no olvida que la primera vez lo hizo con Puri, su mujer, fallecida dos años más tarde: Máximo Décimo Meridio era, como él, viudo de mujer e hijo... primera coincidencia.
Sabido es ya que Gladiator es ficción (Cómodo, hijo de Marco Aurelio, no mató a su padre ni murió peleando con un gladiador, sino estrangulado), de modo que si el director hubiera esperado una década, habría tenido la posibilidad de filmar una historia similar, pero basada en hechos reales.
Preciado, como Crowe, también fue el general que se convirtió en esclavo (de la prensa madrileña) , el esclavo que se convirtió en gladiador, el gladiador que desafió a un imperio...
Y lo hizo en el mismo Coliseum blanco, enfrentándose al poderoso Madrid: “ Cinco mil de mis hombres están en el frío barro, tres mil aún sangran por sus heridas, dos mil jamás abandonarán ya este lugar... ¡No quiero creer que lucharon y murieron por nada! ” decía Máximo; también pudo gritar lo mismo el técnico sportinguista mirando hacia el anfiteatro en el que un número similar de seguidores rojiblancos presenciaban el duelo.
Al mismo grito de “ fuerza y honor ”, el de Astillero derrotó a Cómodo (Mourinho), con la táctica militar de “estar todos juntos, muy unidos siempre” sobre la arena. Seguro que Preciado, en algún momento, pensó aquello de que “ lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad ”. A la conclusión del partido la frase de Lucila en las mazmorras también cobraba sentido: “Hoy he visto a un gladiador convertirse en un hombre más poderoso que el propio Emperador” .
Y como en la peli, se repitió visita de Cómodo al calabozo (vestuario), pero después, y no para clavarle un cuchillo en el costado, sino para felicitar a los gladiadores. Esa es la única diferencia: que Preciado lo pudo -y lo podrá- celebrar con los suyos durante mucho tiempo, para gloria de él, del sportinguismo y refuerzo del idilio que se prolonga ya cinco años, y para desgracia de los de siempre, que no aprenden.
Lágrimas en soledad Pero la historia esta vez no se acabó en el escenario de la batalla. Quedaba presupuesto para una última secuencia, y ésta se rodó en la localidad abulense de Arévalo, donde el equipo se detuvo -en el viaje de vuelta- a cenar.
Pocos saben que allí, un par de horas más tarde, Manolo Preciado se derrumbó, por culpa de su hijo y tocayo Manu. La persona a la que más quiere (junto con su novia Arancha) le mandó el sms más importante de los 236 que asegura haber recibido: “Me mandó un sms diciéndome que para él era el día más feliz de su vida en lo deportivo, y recordaba a su hermano y a su madre asegurando que para ellos también lo sería, allá donde estuvieran. Me puse a llorar como una magdalena y le contesté diciendo que ése era el hijo que yo quería. Muchas veces esto vale más que el hecho de ganar un partido, y por ello es por lo que soy muy feliz, como por los 3.000 que estuvieron allí y se lo pasaron en grande”.
Raúl Preciado tenía 14 años cuando falleció y Manu, cuatro años mayor que él, tiene ahora 25. Manolo está convencido de que “allá dónde esté, junto a su madre, lo habrán vivido igual que nosotros aquí. Estas cosas te hacen recordarles a menudo y darte cuenta de lo que vivimos juntos tanto tiempo; y si el que está aquí conmigo se acuerda de esa manera uno sólo puede emocionarse, y mucho.
Puff , cómo empuja y cómo ayuda todo esto”.
Tranquilo Manolo, “ volverás a verlos... pero aún no”.
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