El martes se acabó una época en el Sporting... hoy empieza otra. Será difícil mejorar la anterior, al menos en relación calidad-precio: por sólo 3,88 millones de euros (poco más de 600.000 euros anuales -cien milones de pesetas- en traspasos) Manuel Preciado sacó de la ruina a un club que estaba a punto de desaparecer. Un ascenso y tres salvaciones tuvieron la culpa. Si su destitución es justa, también lo sería que con él se hubieran marchado unos dirigentes calificados como “ineptos” en el informe de los administradores concursales y que prometieron deuda cero tras tres campañas en Primera: vamos por la cuarta y se deben todavía 18 millones, pese a haber traspasado futbolistas por valor superior a nueve millones.
La era Preciado tocó a su fin en Anoeta. El 5-1 en San Sebastián fue el partido oficial 232 y último del cántabro en el banquillo, con un balance de 79 victorias, 55 empates y 97 derrotas, con 267 goles a favor y 318 en contra. Más de la mita de ellos fueron en Primera División, categoría en la que el balance es de 39 victorias, 31 empates y 64 derrotas.
Alegría recuperada El Sporting era un auténtico solar cuando en junio de 2006 Preciado llegó al cargo, y la sportinguista una hinchada con la moral por los suelos.
El doctor Preciado diagnosticó pronto y puso el tratamiento: “Si algo falta aquí es alegría. Que la gente venga, y que la gente confíe en estos futbolistas porque si somos muchos estaremos más cerca. Aquí voy a ser más feliz que en cualquier otro sitio, y por eso he venido”. El Molinón pasó de 8.000 fieles en el debut de Preciado ante el Valladolid a llenos históricos, con partidos épicos imborrables en la memoria.
El segundo de Preciado fue el año del éxtasis colectivo. La agonía en los últimos partidos (Vitoria, Castellón...) acabó en fiesta ante el Eibar, con el cántabro por los aires y llorando a moco tendido recordando a su mujer e hijo fallecidos pocos años antes. En su corazón también había un hueco para Quini, que tras superar una operación delicada vio el partido desde el palco y al que Preciado no dejó de mirar ni un instante.
La palabra, su mensaje a diario, también caló en Primera: “Alguno se la comerá doblada”, “ni antes éramos la última mierda que cagó Pilatos ni ahora el Bayern Leverkusen”, “prefiero morir así que colgado del palo”, “hay que cerrar los ojos y sentir a la gente que tenemos al lado”, “la negociación para renovar mi contrato ha durado sólo minuto y medio”, “seguimos en Primera, me voy a dar un homenaje que no veas”, “me habían enterrado y puesto la tapa, pero aquí estoy”, “somos de pueblo, humildes, pero no unos primos”... son frases míticas de Preciado.
Ganar en el Bernabéu fue como protagonizar Gladiator, su película favorita, y el día más feliz del sportinguismo. “Este equipo es lo más grande que he tenido”, dijo un día una boca con bigote que hoy ya no se verá por la banda de El Molinón.
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