La tragedia del miércoles en Port Said ha encendido las calles de Egipto. Pocas horas después de ver horrorizados como más de setenta aficionados del club Al Ahly morían a manos de aficionados de sus rivales del Al Masry, los egipcios dirigen su mirada a los responsables de la matanza. Ayer, miles de personas salieron desde primera hora de la mañana a las calles de El Cairo para pedir responsabilidades a la Policía, al Ejército y a los políticos, que discutían sobre la cuestión en el Parlamento.
Fue el presidente de esta institución, el líder de los Hermanos Musulmanes, Saad al Katatni, quien pronunció las palabras más duras para condenar la actuación de las fuerzas de seguridad. Katatni, que en estos momentos es la mayor autoridad del país elegida de forma democrática, habló de “deficiencia” y “negligencia” de la Policía y del Ejército.
El presidente del Parlamento enmarcó los hechos en la situación de inestabilidad que vive Egipto desde la caída del presidente Hosni Mubarak en febrero pasado. Desde entonces, los choques violentos y las muertes de civiles se han sucedido de forma casi cíclica en el país del Nilo. Las fuerzas de seguridad “no cumplieron ni con su misión ni con su profesión por la falta de organización ante estos acontecimientos”, aseguró Katatni en su discurso, que recoge Efe.
Durante toda la jornada hubo un goteo de dimisiones y destituciones. Abandonaron sus puestos el jefe de los servicios de Inteligencia y de Seguridad de Port Said, el gobernador de la provincia y el presidente de la Federación Egipcia de Fútbol. El mismo primer ministro egipcio, Kamal al Ganzuri, informó sobre esto al Parlamento y asumió su responsabilidad política por los hechos. “Estoy dispuesto a cumplir con cualquier instrucción que me pida cuentas, porque sé que soy responsable políticamente”, dijo.
Ganzuri, que fue primer ministro en tiempos de Mubarak, fue nombrado jefe del Gobierno por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y ayer llegó a reconocer que “la calle egipcia” no le quiere.
De hecho, los manifestantes no pedían ayer la renuncia de Ganzuri, sino la caída de la Junta Militar; una consigna que se ha repetido durante los últimos meses. La peor tragedia de la historia del fútbol egipcio no tiene sólo connotaciones deportivas, sino que está relacionada con la frágil transición hacia la democracia.
“Es una tragedia, hay un fracaso absoluto de las instituciones del Estado y alguien necesita responsabilizarse por lo que ha pasado”, denunció la manifestante Salma Nagui durante una concentración ante la sede de la Federación Egipcia de Fútbol, en El Cairo. Nagui se mostró escéptica ante la noticia de que las autoridades egipcias iniciarán una investigación que aclare los hechos y depure responsabilidades.
Esta joven egipcia denunció que el Ejército y la Policía “se limitaron a mirar mientras la gente era masacrada durante una hora. Los encerraron en aquel estadio. Esto no es normal. Es horrible”.
Otra de las personas presente en esta marcha, el ultra del Al Ahly Mohamed Hasan, se declaró consternado porque uno de sus amigos falleció durante el partido de ayer. “Apenas he dormido dos horas porque hemos ido a recibirles a la estación de tren de Ramsés”, aseguró.
Incidentes en El Cairo A última hora de la tarde los seguidores del Al Ahly así como los ultras del otro gran equipo del país, el Zamalek, llegaron en varias marchas a la plaza Tahrir, desde donde intentaron rodear el Ministerio del Interior. A su vez, la Policía bloqueó las calles que daban acceso al polémico edificio.
A un lado del alambre de espino que separaba las dependencias Ministerio del Interior del resto de la ciudad, esperaban decenas de agentes antidisturbios así como furgones policiales y algunas tanquetas del Ejército. Al otro lado se amontonaban los hinchas, que caldeaban el ambiente con cánticos cada vez más enfurecidos. A medida que aumentaba la tensión y estallaban los primeros choques, las ambulancias dejaban sonar sus sirenas con más frecuencia y transportaban a los heridos desde las primeras filas hasta la retaguardia. Según el Ministerio de Sanidad, al menos doscientas personas resultaron heridas leves por asfixia o contusiones en estos primeros choques.
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