Rosa Sánchez y su marido, Juan Carlos Aguado

La adopción frustrada de tres familias asturianas en Etiopía y Burundi

«Es un palo tremendo. Han jugado con las ilusiones de los padres y los niños que más lo necesitan»


Redacción

Llevan varios años esperando la llegada de un miembro más a su familia, pero desde el pasado mes de febrero su sueño se ha truncado. Ochenta familias de toda España que habían iniciado los trámites para adoptar en Burundi y Etiopía vieron como la entidad colaboradora que gestionaba sus adopciones (ECAI) decidía no seguir adelante tras declararse en bancarrota. Tres de estas familias son asturianas y a día de hoy siguen luchando y buscan la manera para que el procedimiento siga adelante. Se sienten estafados y desilusionados, por lo que piden responsabilidades judiciales para que la situación por la que están pasando no vuelva a ocurrir.

«Es un palo tremendo. Han jugado con las ilusiones de los padres y los niños que se encuentran en orfanatos en estos países y que más lo necesitan. Tenemos la sensación de haber sido estafados», comenta Rosa Sánchez, una de las afectadas. Su marido y ella son padres de Miguel, un niño etíope de 9 años. Su llegada hace cinco años y la alegría que supuso para ellos les hizo replantearse al mes la opción de volver adoptar. La ley marca que la espera es de un año entre una adopción y otra, por lo que una vez transcurridos los doce meses, iniciaron los trámites. Se decidieron por Burundi, uno de los pocos países africanos en los que este tipo de procesos estaban en ese momento abiertos, así que acudieron a Addis Galicia para firmar un contrato con ellos. Tras pagar los casi 7.000 euros pertinentes, les comentaron que la tramitación podría alargarse unos 18 meses. «Sabías que el plazo podía ser mayor porque ya habíamos pasado por una situación similar. Pensábamos que serían unos dos años, pero ya llevamos cuatro», afirma Rosa.

Fue a través de los medios de comunicación cuando se enteraron que algo no iba bien. A pesar de que se pusieron en contacto en varias ocasiones mostrando su preocupación, la respuesta de la ECAI era siempre la misma, y es que aseguraban que todo estaba yendo bien. Sus sospechas se confirmaron cuando recibieron un email de la Xunta de Galicia para acudir a una reunión. «Nos dijeron que el ECAI había colapsado. Aseguraban que la única manera de solucionar este problema era que las diez primeras familias que nos encontráramos en la lista adelantásemos 8.000 euros. Nosotros les dijimos que ya les habíamos dado el dinero y que no daríamos más», señala esta madre. Poco después, fue la propia agencia la que les confirmó que sus expedientes estaban paralizados.

Por el momento, esta familia seguirá luchando y agotando todos los recursos que les quedan, porque aunque la situación es complicada, «la esperanza es lo último que se pierde». Estas tres familias se reunieron el pasado viernes con el Principado, que les ha mostrado todo su apoyo. «Nos dijeron que iba a ser muy difícil, pero que no íbamos a quedarnos desamparados». A pesar de que están desolados, el mayor consuelo para este matrimonio es su hijo Miguel, «un niño tan bueno que ni en nuestro mejores sueños nos lo hubiéramos imaginado».

«Lo que ha sucedido no puede permitirse»

Muy similar a la historia de Rosa y su familia es la de Adelina Serna. Tanto para ella como para su marido, este ha sido un golpe muy duro. Ambos son padres de un niño vietnamita de siete años, por lo que en 2012 decidieron volver a repetir la experiencia y llevar a cabo una adopción internacional. «Nos apetecía África. Escogimos Burundi porque era uno de los pocos países abiertos. Vimos que esta ECAI de Galicia trabajaba con este país, por lo que comenzamos los trámites a principios de 2013. Nos dijeron que el proceso duraría 12 meses, y aunque sabíamos que iba a durar un poco más, ahora nos preguntamos dónde están esos dos años», comenta.

Durante todos este tiempo han tenido que sufrir la incertidumbre de no saber si finalmente podrían aumentar la familia. «Cuando te decides a adoptar sabes que tienes que pasar por un procedimiento muy duro. Las entrevistas, los cursos, las visitas... es un proceso emocional muy fuerte», afirma. Las suerte les llegó hace un año, cuando la administración española les confirmó la tutela de una niña. «Se cruzó en nuestras vidas cuando más tristes estábamos. Aún así, tenemos nuestra ilusión puesta en Burundi. Tenemos claro que nos falta un niño más», dice Adelina. Se muestra muy emocionada cuando habla sobre este tema, y es que asegura que sus pequeños son un consuelo en esta situación, pero por desgracia para otros no es así. «Para muchas familias esta sería su primera adopción. Me emociono mucho al pensar que no pueden tener un hijo. No te puedes imaginar las veces que se me han caído las lágrimas pensando en ello», señala.

A pesar de que ya han pagado en torno a 7.000 euros, para esta familia lo peor es saber «lo mal que se han portado». Reconoce que desde que iniciaron los trámites, sabían que podría pasar cualquier cosa en Burundi, como un golpe de estado o el cierre de las adopciones, pero lo que no se les pasaba por la cabeza era que «la propia ECAI nos dejara tirados». A pesar de que la situación del país es bastante mala, para esta familia la entidad tuvo tiempo para valorarla, pero aún les prefirieron decirles que no pasaba nada y que seguirían adelante. «Lo que ha sucedido no puede permitirse. Se disfraza la situación porque se trata de una adopción internacional. El problema no es de Burundi, es de la ECAI». Aún así, esta familia mantiene la esperanza y asegura que sigue apostando por esta adopción. «No queremos cambiar de tercio. Tenemos una edad y la gente que nos sometemos a estos procedimientos, envejecemos en ellos».

 

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Etiopía Xunta de Galicia Adopciones África
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