Desde la corte

Lágrimas de Aguirre, sollozos del PP


YEsperanza Aguirre no cogió su fusil. Cogió sus lágrimas y, compungida como si estuviera en un entierro, las desparramó entre los periodistas. Antonio Ferreras se puso a preguntar a sus contertulios si eran sinceras o eran de cocodrilo. Y todos, o la mayoría, coincidían: Esperanza Aguirre es una gran artista que perfectamente podía hacer una representación lacrimógena. Yo creo que no. Podría decir que correspondía a las lágrimas de Ignacio González, tan reproducidas estos días, cuando agradecía a la señora Aguirre todo lo que le había enseñado en política. Sollozos con sollozos se pagan. Pero creo conocerla bastante para saber que solo llora cuando tiene que llorar.

 

Ayer tenía muchos motivos para hacerlo. Tenía uno ambiental, que era lo escuchado y lo leído por la mañana: que ayer mismo tenía que dimitir, que se había terminado el aguirrismo o que era el fin de su imperio. Tambores de derrota que derrumban al más valiente. Y tenía otro motivo personal: los vídeos que le recordaban su alianza con González, la confianza que había puesto en él, lo mucho que le quería, la perfecta pareja política que hicieron en su tiempo de vino y rosas. Y todo eso se derrumbaba. Como en la famosa película, había dormido con su asesino y fue incapaz de detectarlo. Fue tan confiada, que ni siquiera se hizo la pregunta de la copla: «De dónde saca pa tanto como destaca».

Esa fue la parte más visible del drama que hiela el corazón del PP. Y Aguirre, la personalización de los episodios que arruinan la imagen de ese partido. Es realmente insólito, pero expresivo, que salgas de un interrogatorio judicial de la Gürtel y a la puerta te hagan un interrogatorio periodístico sobre Ignacio González. Es muy humillante descubrir que, mientras tú tratas de servir al país lo mejor que puedes y sabes, debajo o al lado de tu despacho tus fieles colaboradores se están repartiendo un pastel indecente. Y es muy decepcionante no haber creído los rumores, pensar que todo era una invención de periodistas carroñeros, y descubrir que los rumores eran ciertos. Aguirre no se ha llevado un euro ilegal, seguro. Pero, por confianza tonta, permitió que otros se los llevaran a espuertas.

Esperanza es, pues, la mujer seducida y engañada, quizá la inocente que se dejó engañar; exactamente lo mismo que Rajoy. Lo que sucede es que Rajoy tiene más temple. Si no sabe qué decir de Ignacio González, alega que no tiene nada que decir de momento. Si le preguntan por su citación como testigo de la Gürtel, asegura que acudirá encantado. Y pone tan buena cara que a lo mejor se alegra de lo de Ignacio González. Es un enemigo menos. Solo hace falta demostrar que su caso no es una corrupción del PP, sino un asunto personal.

Valora este artículo

0 votos
Etiquetas