Censura

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

OPINIÓN

28 abr 2017 . Actualizado a las 08:46 h.

Es legal y legítima. Pero excepcional. Por eso hace ya 30 años que el Parlamento debatió la segunda y última moción de censura de la democracia española. La del 80 -el PSOE de Felipe González contra Suárez- y la del 87 -el PP de Hernández Mancha contra González- tenían mucho de puesta en escena e intento de asentar liderazgos. Esta de Podemos contra Rajoy no plantea ninguna duda de que está hecha a mayor gloria de Pablo Iglesias. En una cosa son calcadas: las tres nacen condenadas al fracaso.

La cascada interminable de casos de corrupción que recobra intensidad estos días pone al presidente del Gobierno en una posición difícil. Su dudosa diligencia en el control de cargos del partido seguro que merece la censura de millones de ciudadanos, incluso de muchos de los que, tapándose la nariz, lo volvieron a votar no hace mucho. Y merecerá el reproche y la reprobación de sus rivales políticos. En la calle, en el Parlamento o donde sea. La situación es gravísima, no hay duda. Pero esta moción de cesura son fuegos artificiales. No va a prosperar.

Pablo Iglesias, cuya formación no pasa por los momentos de mayor tranquilidad interna, quiere sacar tajada de la coyuntura. Le interesa evidenciar el desbarajuste que hay en PP, los desmanes de algunos al abrigo de las alas de la gaviota y las responsabilidades políticas que correspondan a Rajoy. Pero tal vez le interese más meter otro rejonazo al PSOE, el rival al que quizás ya hubiese acabado de engullir si Pedro Sánchez siguiese donde estaba. Iglesias quiere forzar un desnudo integral de los socialistas en pleno proceso de primarias. Quiere seguir marcando el paso a todo el mundo, aunque la efectividad de su moción sea igual a cero.