Edu Galá, Darío Adanti y Javier Cuervo en la presentación del libro «Disparen al humorista»

«Disparen al humorista», pero a Edu Galán y Darío Adanti déjenmelos vivos

La presentación en Oviedo de uno de los miembros de «Mongolia» se convierte en una análisis satírico de la actualidad y en una charla informal con su público

Se presentaba en la librería Cervantes el libro Disparen al humorista de Darío Adanti. Acompañando al autor estaban Edu Galan que, junto a Darío, son la cara más visible de Mongolia, y también Javier Cuervo. Cuando uno acude a ver Mongolia, el musical tiene la sensación de estar presenciando algo prohibido, algo fuera de la ley; incomodidad y placer al mismo tiempo, como el sexo anal, o eso me han contando. Uno no sabe lo que le espera con estos dos maestros.

Como buenas estrellas, se retrasaron; venían de comer unos callos y sabadiego en Noreña, razón más que justificada para llegar tarde a cualquier lugar. Mientras esperábamos, pudimos ver cómo Caunedo hizo una aparición por la librería, cual ente, embutido en un abrigo gris de plumón. Por cierto, un talla menor, como casi toda su ropa desde que ha adelgazado. «Que apriete, que apriete, así aparentas menos». Un Moreno Bonilla II, se está haciendo Agustín; a lo único que vencen es a la báscula. Entró y se esfumó, una lástima que no se quedara, seguro que aprendía algo.

Aparecen y el público está expectante. Javier Cuervo abre fuego, mientras tanto, Galán pide que le traigan unas cervezas -Adanti pensaba que lo de pedir a pares era algo muy asturiano, pero no. Es algo muy Edu Galán, que por otra parte es de lo mejor que ha pasado en el Principado en mucho tiempo-, nada importante ha surgido frente a un vaso de agua. En lugar de birra le traen unas San Miguel, menos es nada.

Le toca el turno a Edu, lee un largo texto donde disertiza sobre el humor y la vida, y sobre todo recalca una y otra vez que compremos el libro. «En una sociedad de mercado como ésta, sólo se puede celebrar algo comprándolo. Compren el libro Disparen al humorista y celebrémoslo». Y tiene razón, para eso están -estamos- aquí.

Entra en acción el autor, Darío Adanti. Que es argentino y habla mucho, porque si no es así corre el riesgo de que lo deporten. El libro es un ensayo gráfico sobre el humor y sus límites. «Es un tebeo, yo soy mucho de la cultura pop, algo fácil de leer». Dice que la libertad de expresión no consiste sólo en decir aquello que creemos, lo que pensamos. Sino que es poder decir aquello en lo que uno no cree. Es escuchar lo que nos dice otro, lo que nos critica, y que no le demos la mayor importancia. «El humor tiene un contexto, del que no podemos desvincular la broma, el chiste, y eso está ocurriendo ahora en las redes sociales». Interviene Edu Galán. «El humor es la broma y su contexto. Hay un código entre el humorista y el público», remarcando lo expuesto por el argentino.

Da la impresión de estar en una charla entre amigos más que en la presentación de un libro. Los temas surgen y el diálogo con el público es fluido. Las carcajadas brotan, estamos ante los mejores en esto del humor. Surge el tema de autobús de Hazte Oir, donde E.G. opina que del autobús uno tiene que reírse, no inmovilizarlo. Que él se infiltró en una manifa de esta gente y que no convencerían a nadie, son gente que viene convencida ya de casa. «Es un autobús de cuatro subnormales, no se cagan encima de milagro». El comentario desata las risas y aplausos. Adanti se plantea el humor, también, como una forma de activismo, un activismo del caos. «El humor tiende al caos, más aún los cómicos, más si son argentinos. Siempre molesta a los autoritarismos: ya sean de derechas o de izquierdas». Y propone como medida para combatir el autobús transfóbico realizar un crowdfunding y serigrafiar más autobuses con mensajes chorras que acompañen al de Hazte Oír. «Imagínense autobuses que pongan Las niñas tienen 3 vulvas. Los niños 6 penes o Las niñas son extraterrestres. Los niños son reptilianos. Sería crear el caos».

Hablan sobre el humor bruto, el ofender por ofender, y ya está. «El humor más salvaje y bruto se da entre amigos y familiares, es, en cierta manera, una manera de integrar, un acto de pertenencia al grupo».

Antes de terminar, Edu, ya se ha bebido sus dos cervezas. Un amigo siempre me dice que cada vez que coincidimos estoy bebiendo una cerveza, y yo siempre le respondo que cada vez que me ve lo hace cuando tengo sed de cerveza, qué suerte que no tengo sed de sangre o de sexo; no sé qué sería peor. Se cierra el acto con la lectura, a viva voz, por Galán, de un texto sobre la libertad. El autor de dicho texto es Andrés Calamaro, uno de sus grandes amigos.

La gente espera cola para que Darío Adanti les dedique el libro, dibuja en las páginas de cada uno de sus lectores la dedicatoria. En la espera, entre firma y dibujo, charla e intercambia ideas con los que allí están. Es una maravilla escuchar hablar a este argentino bigotudo y verborreico, con los dientes raros; y a un señor con barba, gafas y sombrero. Son Darío Adanti y Edu Galán, son Mongolia, son muy buenos. Y nada más.

 

 

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Mongolia Música Andrés Calamaro
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