Exposición de Gilbert Gracin en el Niemeyer

Las inquietudes de una vida en blanco y negro

Gilbert Gracin al jubilarse empezó a crear fotomontajes en los que están presentes él y sus intereses, que pueden verse en el Centro Niemeyer


Redacción

Un balancín a gran altura, con una persona en cada extremo y un horizonte incierto sirven a Gilbert Garcin para expresar el equilibrio que se necesita en un matrimonio y lo frágil que es que éste se rompa si se da un paso en falso. De hecho el que representa es su propio matrimonio. Garcin aparece en todos sus montajes fotográficos y en algunos le acompaña su mujer, Monique. Juntos representan también los lazos de la pareja, la elección obvia y la ruptura. El artista francés se especializó en contar las pequeñas inquietudes y curiosidades de la vida y lo hizo cuando ya tenía una amplia experiencia en estos terrenos. Inició su carrera artística a los 65 años, cuando se jubiló. Y ha sido muy prolífica durante dos décadas, ahora el alzheimer le ha obligado a retirarse de una afición que le consagró como artista tras una vida vendiendo lámparas. Su memoria se ha visto alterada, pero su extensa obra permanece como recuerdo de su visión del mundo y puede verse en el Centro Niemeyer desde este viernes. José Ferrero, comisario de exposiciones fotográficas del complejo, seleccionó 83 de las más de 300 obras creadas por Garcin que pueden verse en el complejo de la ría.

Todas ellas presentan numerosas similitudes: mismo tamaño de 30 por 40 centímetros, en blanco y negro y la presencia del autor en todas ellas. Lejos de ver en esto un egocentrismo Garcin ha reconocido que lo hace por una cuestión práctica. «Dice que él se tiene siempre disponible, las 24 horas del día y así resulta más fácil», explica Ferrero. También es una forma de hacer aún más personales las visiones que plantea en los fotomontajes -aunque pueden tener lecturas diferentes en función de los ojos de quien las mire- y ejercer el humor sobre si mismo. «Me recuerda a los humoristas que se ríen de si mismos. También hace crítica de si mismo», añade. En la extensa obra del francés se combina el humor, la ironía, el surrealismo y da rienda suelta a alguna de sus inquietudes artísticas y literarias. Hay reminiscencias a la obra de René Magritte, al cine de Jacques Tati y Chaplin, incluso al de Hitchcock, con el que comparte cierto parecido y anhelo de pasar a la posterioridad presente en sus creaciones. El proceso de Garcin es, sin embargo, mucho más sencillo. Tanto que resulta chocante y perturbador los efectos que consigue con unas técnicas tan rudimentarias.

Proceso analógico y manual

Realizaba los fotomontajes de manera manual y totalmente analógica. Hacía las fotografías con antiguas cámaras, revelaba los carretes, recortaba y montaba y con una pequeña lámpara generaba sombras allá donde fuera necesario. De hecho tenía una pequeña maleta con todo lo necesario para crear esas inquietudes que tan bien expresa. Casero podría ser el mejor adjetivo para definir su arte, que se muestra ajeno a las complejidades, puesto que predominan las formas geométricas, quizás porque son más fáciles de manejar en un collage. Un método de lo más rudimentario y que, sin embargo, hizo que pronto alcanzase el reconocimiento, a pesar de que durante todas su vida «las únicas fotos que había hecho eran las familiares, esas que podemos hacer todos», apunta Ferrero. «Dice que de haberse puesto a hacer fotografías a los 20 años no habría sido igual, porque esto es la sabiduría de toda una vida», añade. Y se entiende en que en su tierna juventud es de esperar que no tuviera un conocimiento tan profundo sobre las relaciones de pareja, cómo se puede arreglar el mundo -que representa con un entramado de cuerdas- o los comportamientos humanos que están presentes en su obra.

Desde que empezara a crear estos fotomontajes en 1995 Garcin trabajó de forma incansable. Ha publicado varios libros sobre su arte, participado en un centenar de exposiciones individuales y en una decena de colectivas que le han llevado a  España, Portugal, Grecia, Canadá, Estados Unidos o Hungría. Llega a Avilés con «Las utopías de Gilbert Garcin» y parte de su obra permanecerá en Asturias. El Centro Niemeyer ha adquirido una de las instantáneas para cederla al Museo de Bellas Artes. Es  una reflexión sobre la creatividad que, junto a otras 82, puede verse en el complejo avilesino, de miércoles a domingo, hasta el próximo 25 de junio.

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