Superposición digital de «En la trinchera» y «El leader»

Un Valle perdido, un revolucionario fantasma y una mina con secretos

La especialista Gretel Piquer Viniegra descubre «El leader» una obra perdida del pintor gijonés Evaristo Valle, bajo un cuadro cedido por el Museo de Bellas Artes de Asturias


Gijón

¿Puede entrar un cuadro en un museo siendo un solo cuadro y teniendo dos títulos, y salir de él siendo dos cuadros, añadiendo un título más a los dos que ya tenía y revelando además el paradero de una obra perdida? Puede. Y así ha sucedido de hecho en el museo Evaristo Valle de Gijón, en un episodio que tiene mucho de ese juego de ambigüedades, enmascaramientos, ficciones cruzadas y superposiciones de identidad en el que tanto se complacía el pintor que mejor pintó las mascaradas populares gijonesas. 

La obra en cuestión -una cesión del Museo de Bellas Artes de Asturias que llegó su homólogo de Somió como obra invitada con ocasión del Día Internacional de los Museos- era, antes de todo esto, la titulada por su autor En la trinchera, datada en 1943 y conocida también como Propaganda en la mina. Desde esta misma semana se sabe que, además, bajo ella duerme El leader, una obra que Valle pintó mucho antes, en 1922, y que se daba por perdida.«Lo vi cuando estábamos haciendo las pruebas de luz para colgarlo. Al mover el foco, en determinada posición aparecía un cambio en el brillo de las capa de pintura que dejaba ver una figura más grande, un hombre con un brazo extendido, en posición de orador», recuerda Gretel Piquer Viniegra, estudiosa de Valle y autora de una tesis doctoral sobre el pintor gijonés. No es por cierto, la primera vez que sucede: hace poco más de un año, detectaba bajo otro óleo, El caserío, la obra supuestamente extraviada Las palomas.  

Cambio de título

Esta vez, el cuadro que oculta otro cuadro es En la trinchera, un óleo que Valle bautizó así -y no como Propaganda en la mina, como tradicionalmente se lo ha conocido- según confirma su correspondencia con Enrique Lafuente Ferrari, su primer estudioso y gran valedor. El pintor lo ejecutó en 1943 con destino a una exposición en la galería madrileña Estilo, para la que, no obstante, decidió cambiarle el título por el de Forajidos. No tuvo valor para mantener, en el contexto represivo de la primera posguerra, una referencia explícita a un tema que Lafuente Ferrari describía como «unos mineros en una trinchera, que podían ser o eran milicianos movilizados». Demasiado expuesto, teniendo en cuenta que el pintor gijonés ya había tenido que redactar un pliego de descargo ante las nuevas autoridades nacionales durante las primeras depuraciones de la posguerra.

Pero En la trinchera no fue pintado, sino repintado. El cuadro bajo el cuadro representa a un orador que arenga a varios obreros ante un lejano fondo fabril en una actitud que otro estudioso de Valle, el periodista Francisco Carantoña, asocia a actitudes de líderes revolucionarios como Lenin. Lo ha confirmado la superposición de ambas obras y las coincidencias en detalles como «la postura del personaje con camisa verde que se apoya sobre un bastón y la sombra de la empalizada tras las figuras en la zona derecha de la escena», según se explica en la hoja de sala. 

Pero había más motivos, y literalmente más profundos, para que Valle prefiriese sugerir que aquellas figuras eran unos forajidos antes que unos guerrilleros y mucho menos unos mineros revolucionarios. Es lo que revelaron a Gretel Piquer esos brillos al sesgo sobre la piel del cuadro: apremiado por la necesidad en muchas ocasiones, Valle repintó a menudo algunas de sus obras previas, y en este caso también lo hizo, sepultando bajo una nueva historia la del cuadro titulado El leader, de 1922, del que se conservaba documentación pero que se daba por perdido después de haber sido expuesto, por ejemplo, en las muestras individuales del gijonés en Londres (1924) o Nueva York (1927). 

Una compra peculiar

Se daba por sentado que la obra había sido adquirida por el Consejo Interprovincial de Asturias y León, cuyos representantes se personaron en el estudio de Valle con la intención de apoyar al pintor comprando una de sus obras. El leader parecía el candidato perfecto para resolver un encargo que Valle recordaba con humor. Según el pintor contó a Lafuente Ferrari, un día de mayo de 1937 se personaron en su estudio varios miembros del Comité de Cultura del Consejo acompañados de unos acompañantes de nacionalidad rusa, a los que se quería obsequiar con un cuadro de Valle; pero nada de lo que vieron parecía contentarles, porque no les parecía suficientemente asturiano ni suficientemente revolucionario. Así que el pintor, con su coña habitual, espetó a uno de los miembros del Comité: «Oye, tú, ¡este lo que quiere son madreñes!».

En todo caso, se daba por ha comprobado que el cuadro que finalmente se adquirió en esta pintoresca visita fue Faena de carbón (1925), actualmente en el Museo de Bellas Artes de Santander; algo que corroboró el propio Valle en 1949, casi aliviado de que su obra de contenido políticamente más comprometedor siguiese en algún otro lugar. Si era en Rusia, como sugirió él mismo, mejor.

Pero seguía en Gijón, y se expuso en Madrid, aunque oculto bajo una nueva capa de pintura y con un título-máscara, si no dos. En la trinchera/Forajidos/Propaganda en la mina fue vendido tras la muerte del artista, como parte del lote de 29 obras que los herederos ofrecieron a la Diputación Provincial de Oviedo. Fue adquirido en 1961 y pasó en 1979 a integrar los fondos inaugurales del naciente Museo de Bellas Artes de Asturias. Bajo aquella trinchera seguía predicando la revolución proletaria un orador que ahora, como un fantasma, rebrota de la pintura con su mismo mensaje. Puro Valle. Y un estímulo añadido para visitar su museo este domingo, en el que este cuadro con historia será el punto de partida de un recorrido guiado por el centro con motivo del Día Internacional del Museo.

 

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