Bitcoin, ¿refugio o burbuja?

La criptodivisa fue la moneda más rentable del 2016 y superó la barrera de los mil dólares; sin embargo, la intervención china para frenar la fuga de capitales ha pinchado la cotización


Redacción / La Voz

Dicen de ella que es la moneda del futuro, pero en el 2016 ya fue la mejor inversión del presente. Con una revalorización del 125 % en el año, el bitcoin emergió como la divisa mundial más rentable del ejercicio. El entorno no pudo ser más propicio: la catarata de shocks que sacudieron el mercado, del brexit a la elección de Donald Trump, favorecieron a la criptomoneda, convertida en un valor refugio que algunos ya comparan con el oro.

El bitcoin escaló desde los 430 dólares a los 970 en solo doce meses y en la primera semana de este año llegó a intercambiarse por 1.135 billetes verdes, su valor más alto desde el máximo histórico marcado en diciembre del 2013. Cuando los analistas empezaban a echar las campanas al vuelo, llegó el jarro de agua fría. Solo hizo falta que el banco central de China anunciase una investigación sobre las transacciones de bitcoin en busca de actividades delictivas para que el rali se frenase y la volatilidad regresase al mercado.

No es casual que hayan sido las autoridades del gigante asiático las encargadas de rebajar la euforia que rodea la criptomoneda, ya que es el vehículo que han utilizado muchos ciudadanos chinos para burlar el control de capitales impuesto en el país, donde se realizan el grueso de las transacciones de esta divisa. No es solo China: todos los países donde hay restricciones monetarias, como la India o Venezuela, son terreno fértil para el bitcoin.

A Víctor Escudero, experto en esta criptomoneda y convencido defensor de la misma, no le preocupan las amenazas del Gobierno chino, ya que cree que no podrá cumplirlas, ni tampoco los vaivenes en la cotización de la divisa. De hecho, cree que para los que, como él, invierten a largo plazo, es bueno que se hable del bitcoin, aunque sea con un sesgo negativo, porque se atrae la atención sobre un mercado todavía rodeado por un halo de misterio. Y explica que, conforme el volumen de operaciones es mayor, se reduce la volatilidad de la divisa. Actualmente hay en el mercado 16,1 millones de bitcoins -el máximo, ya definido, será de 21 millones, pero no se alcanzará hasta el 2140-, con una capitalización que, al cambio actual, supera los 13.700 millones de euros. Si el programador de Florida que en el 2010 pagó 10.000 bitcoins por dos pizzas se hubiese reprimido el hambre, hoy, en vez de pasar a la historia por haber realizado la primera compra en esta moneda podría tener en su cuenta casi nueve millones de dólares, que es lo que valen al cambio actual. El capricho le salió caro.

Un posible cisne negro

Y la cuenta podría ser incluso más abultada en los próximos meses. Porque existe un cierto consenso en que, pese al frenazo, el bitcoin podría retomar el rali en los próximos meses. De hecho, los analistas del banco de inversión danés Saxo Bank lo señalan como uno de los posibles cisnes negros del año, acontecimientos muy poco probables, pero no imposibles, que pueden marcar la evolución del mercado en este 2017. Ya lo dice el economista jefe de la entidad, Steen Jakobsen: «Los tiempos desesperados provocan acciones desesperadas».

Sobre todo si, como se espera, la nueva Administración Trump ejecuta su ambicioso plan de inversión, lo que aceleraría la subida de tipos y dispararía el dólar, obligando a otras potencias a buscar alternativas monetarias.

«Si el sistema bancario, así como Rusia y China, se mueven para aceptar el bitcoin como una alternativa parcial al dólar y al sistema tradicional de banca, entonces podríamos ver que el bitcoin fácilmente triplique su valor durante el próximo año, hasta los 2.100 dólares», señalan en Saxo Bank.

Una apuesta en la que también coinciden otros analistas, como el empresario tecnológico Vinny Lingham, que a finales del año pasado predijo que en este 2017 podríamos ver la criptomoneda por encima de los 3.000 dólares.

No hay banco central

Eso sí, su crecimiento no está exento de riesgos. El primero, que la moneda no tiene detrás un banco central que guíe sus pasos. Lo que para unos es el secreto de su éxito, porque evita la intervención de una élite no electa en la fijación de la política monetaria y permite esquivar devaluaciones o corralitos, para otros es un riesgo evidente, al no haber un organismo concreto que respalde la operativa, tarea que corresponde a los propios usuarios.

El asunto empieza a inquietar en los centros de decisión económica. En otoño, en Banco Central Europeo se dirigió al Parlamento Europeo y a la Comisión para invitarlas a no promover el uso de criptomonedas como el bitcoin, alertando del riesgo que su desregulación se pueda aprovechar para canalizar actividades ilegales, como el blanqueo de dinero o la financiación del terrorismo. De hecho, el bitcoin es el medio de pago por excelencia en la Internet profunda, la parte más oscura de la Red global.

Pese a los recelos que hay sobre la moneda, lo que sí interesa a la élite económica global es la tecnología que hay detrás, como se pudo comprobar en el Foro Económico Mundial de Davos celebrado esta semana. Y es que el blockchain es una base de datos descentralizada, que sirve como libro de registro público de las operaciones, permitiendo el intercambio de activos sin intermediarios y reduciendo al mínimo los costes y los posibles fraudes. Una tecnología que los grandes bancos, muy recelosos del bitcoin, sí quieren aprovechar para transformar su negocio.

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