El sueldo, craso error


Gijón 16/11/2016 18:35

Dice la Real Academia Española de la Lengua en su cuarta acepción que el trabajo es resultado de la actividad humana. Viene al caso recordar el significado dado que los consejeros del Sporting, o al menos su mayor exponente Javier Fernández, quiere ponerse un sueldo. Nadie duda de que un trabajo debe estar remunerado pero todo depende de lo que se denomine trabajo y del marco en el que se solicite cobrar.

Se habla de la plena dedicación del máximo mandatario al devenir diario del Sporting. ¿Acaso no es de su propiedad? Fernández debe recordar que no es presidente de un club de fútbol ajeno a su persona, sino que es un negocio que pertenece al patrimonio familiar. Con este argumento sobre la mesa cualquiera podría pensar que por esa misma razón debe cobrar. Sin embargo, hay otra poderosa razón que invitaría a seguir realizando las actividades como en la actualidad. El fútbol permite establecer contactos y relaciones que abren puertas para posibles relaciones comerciales. ¿Quién no se ha fijado en el palco del Real Madrid? Florentino siempre se rodea de la clase política y empresarial más poderosa del país. A menor escala toda imagen se puede repetir. El deporte rey permite suculentos negocios que un trabajo normal a uno no se lo facilita. No es nada ilegal pero sí cuestionable querer añadir un salario. Todo ello sin tener en cuenta el dinero que de por sí se embolsa el Sporting entre derechos de televisión, abonos, tiendas.... Es cierto que se utilizan para pagar deudas, pero no hay que olvidar que éstas vienen generadas por una gestión caótica y desastrosa casi en el último cuarto de siglo.

Hay más preguntas. Si el planteamiento pasa por vender dentro de dos años porque el club está saneado ¿es momento de ponerse un sueldo? Parece que el objetivo pasa por llevarse cuanto más mejor en el menor tiempo posible. Porque otras de las cuestiones es ¿quién decide el salario de Javier Fernández, el propio Javier Fernández? Puede resultar casi cómico que uno se ponga un sueldo a sí mismo. En este tipo de cuestiones el Sporting es casi pionero. En esto, sí.

Más allá de los razonamientos lógicos y argumentados se encuentra la propia ética. Si después de llevar el club casi dos veces a la ruina uno tiene derecho a ponerse un sueldo por dedicarle tiempo en exclusiva y haber asumido las funciones de un director general ¿Qué podrían decir aquellos que han padecido esa gestión? Resulta curioso echar la vista atrás y ver cómo se dejó entrever que futbolistas como Jony se habían ido por dinero cuando ahora quiere subirse al carro de lo económico. O cómo se mintió en el lamentable capítulo de Doyen cuando aseguró no saber nada y luego las filtraciones de Football Leaks destaparon que una de las ampliaciones de las garantías del crédito había sido firmada por el propio Fernández.

Entre los apoyos que encuentra el mandatario rojiblanco está el vicepresidente Javier Martínez. Nada sorprendente teniendo en cuenta que hay una amistad pública manifestada por ambas partes. Sin embargo, el argumento del número dos del club da que pensar. Dice Martínez en una entrevista en el Diario El Comercio que la afición será más crítica con la gestión que si un consejero cobra o no. Error porque ese salario también se incluye dentro de la gestión y es una soberana patada a un público con el que nunca se ha tenido ningún guiño. Por cierto, en julio del año pasado Martínez calificaba como una propuesta «poco acertada» por parte de Tu Fe Nunca Decaiga pedir la rebaja de abonos a la mitad. Poco acertado es ponerse un sueldo en un club que ha llegado a tener 40 millones de euros de deuda.

Una de las palabras más repetidas en el Sporting en los últimos tiempos ha sido austeridad. Austeridad en los fichajes, control del gasto, pago de la deuda. Curiosamente ahora que parecen llegar las vacas gordas pueden volver a cometerse errores como ya pasó en otras épocas del club. No deberían olvidarse otros conceptos como impagos. Si es cierto que hay que aplaudir una cosa. Lo dicen y lo llevarán a una junta. Otros estuvieron años cobrando por detrás y nunca se hizo público. Javier Fernández prometió cambios a su llegada allá por 2012. Incluso se llegó a hablar de una profunda remodelación en la estructura del club que no ha tenido apenas impacto en cuatro años. Si se ejecuta este cambio será una modificación de calado. Y un gran error.

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