El Milán de Sacchi


Gijón 02/02/2017 11:03

La vida sigue igual para el Sporting. Si no igual, muy parecida. Aunque bien es cierto que según a quién le preguntes, la película cambia. Para muchos, desde la llegada del nuevo técnico al banquillo rojiblanco, el equipo es completamente otro: más sólido, más compacto y que sale al contragolpe con una velocidad endiablada. El cambio de imagen también es palpable en cuanto a actitud e intensidad. Este equipo corre, trabaja y está mucho más comprometido que hace tres semanas. Vamos, que parafraseando al gran Manolo Preciado, hemos pasado de ser la última mierda que cagó Pilatos a ser el Bayer Leverkusen, o si me apuran, el Milán de Sacchi.

Seamos serios. Este Sporting sigue siendo el mismo. Y no se trata de una crítica ni de un piropo hacia nadie, se trata de una realidad tan obvia como palpable. El partido de San Mamés fue un capítulo más en la serie de desplazamientos lejos del Molinón. Ha de reconocerse una ligera mejoría a nivel defensivo, derivada de poblar el centro del campo con más presencia de jugadores, pero el Sporting sigue ofreciendo fuera de casa una imagen que no le da para ganar partidos. En Bilbao el equipo volvió a generar muy poco en ataque, (la acción del penalty y poco más) y el mejor del partido volvió a ser, una vez más, nuestro portero.

Pero la cosa va más allá. Que el Sporting se haya convertido de la noche a la mañana en el Milan de Sacchi no es casualidad. Se trata de ese mal endémico que rodea al Sporting en el que todos, en menor o mayor medida, tenemos nuestra parte de responsabilidad. Esa manía que como afición tenemos de permanecer en constante enfrentamiento directo entre nosotros, facilitando así que los responsables reales de la situación del Sporting se vayan año tras año de rositas.

De esta vorágine de enfrentamientos el último ha sido el referente a los entrenadores ¿El Sporting de Abelardo o el Sporting de Rubi? Sin pararnos a pensar que lo que realmente importa es el SPORTING, sin más.El acoso y derribo al que fue sometido Abelardo durante sus últimas semanas como entrenador trae como consecuencia que sus detractores se vean en la obligación de justificar la mejoría del equipo tras su marcha, exista o no dicha mejoría. Y ojo. No todo es blanco o negro. Es cierto que este nuevo Sporting, aunque a cuentagotas, empieza a dar síntomas de vida.

Ni que decir tiene que el que menos culpa tiene de todo esto es Rubi. Son apenas dos semanas las que lleva en Gijón y todavía es muy pronto para pedirle responsabilidades a un técnico que, a juicio personal, tiene buena pinta.  Todo lo contrario. Mostrarle todo el apoyo ante las dos próximas finales que ante sí tiene el equipo, puesto que sus éxitos serán los éxitos del Sporting.

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