Tema del día
Martes 9 Febrero 2010
15/03/2007 B. A. GUTIERREZ / A. E. MARTIN
En el reino de la oscuridad, y a la luz del fuego y candiles de piedra, el hombre primitivo plasmó en las paredes de sus cavernas las primeras manifestaciones artísticas. Algunas de las que han llegado hasta nuestros días pueden verse unidas por primera vez en un mismo recinto. El Parque de la Prehistoria de Teverga trata de acercar al público las joyas del arte rupestre.
De los bisontes de Altamira o Lascaux a los caballos de Chauvet (Francia) y, como no, de Tito Bustillo. En tres edificios (uno de ellos administrativo) perfectamente integrados en el paisaje, el visitante puede sentirse un pequeño arqueólogo --eso sí entre réplicas y paneles-- durante poco más de una hora que dura el recorrido. Las reproducciones realizadas por Pedro Saura y Matilde Muzquiz recrean a la perfección tanto los paneles seleccionados de Chauvet, Lascaux, Altamira, Covalanas, Covaciella y Llonín como la reproducción a escala de las cuevas La Peña (Candamo), Tito Bustillo (Ribadesella) y Niaux (Francia).
30.000 años de arte en el interior de las cavernas
Todo comienza en el recinto expositivo, de unos 1.400 metros cuadrados construidos, con un homenaje a los padres de la prehistoria , con los principales descubrimientos arqueológicos a lo largo de la historia. Desde hace 40.000 años, cuando el sapiens sapiens llegó a Europa hasta los 10.000 años del inicio del Neolítico. Un vídeo explicativo sobre las excavaciones primitivas y un gran plano sobre el arte paleolítico europeo con sus principales yacimientos sirve de introducción.
Imágenes con los principales motivos de pintura del hombre prehistórico, como el mamut de Dordoña (Francia), la cabeza de cabra de Tito Bustillo o los rinocerontes de Ekain (Francia) alternan con reproducciones perfectas de pequeños objetos, desde la cabeza de caballo hallada en La Viña (Asturias), el caballo de Vogelherd (Alemania) o el bastón perforado con representaciones de ciervo de la cueva de El Castillo (Cantabria). Finaliza este primer paso con las pinturas de manos de El Castillo (Cantabria).
Pintores y grabadores a la luz de un candil
Cómo trabajaban los artistas prehistóricos? Diversos paneles explican al visitante las técnicas de grabado y el uso del color. Una especie de cueva sirve para probar la réplica de un candil de mano hallado en Lascaux y ver con la misma luz con la que trabajaban los artistas rupestres. Un cubo de cristal al final de la sala explica también las distintas técnicas de datación de las pinturas.
Las principales representaciones de grabados y esculturas hablan de los artistas de esta época. Vulvas, pequeñas venus procedentes de Chequia, Francia o Austria, sin olvidar la venus de Chauvet nos acercan a los protagonistas. En un lugar destacado, el centro exhibe un enterramiento ruso de un adolescente de unos 30.000 años de antigüedad, cuyo fino vestuario ofrece una idea de la ceremonia de enterramiento.
Pero el plato fuerte del edificio expositivo son las réplicas de los grandes paneles. Pedro Saura explica que lo primero fue estudiar a los autores originales y emular sus técnicas. Todos los soportes, añade, "están reproducidos en sus mínimas características topográficas". Incluso para los pigmentos se utilizaron elementos hallados en la zona, como pigmentos de óxido de hierro sacado de piedras de la zona trituradas para obtener el color. "En las figuras se han reproducido los mismos trazos", afirma.
Del caballo de Chauvet al bisonte de Covaciella
El corazón de la zona expositiva se sitúa ya al final del camino. El visitante se encuentra con los paneles más significativos, que van desde los caballos de la cueva de Chauvet, en Marsella, con 32.000 años de antigüedad, hasta los bisontes de la Covaciella, con 11.000 años. En una gran sala conviven los bisontes aculados de la cueva de Lascaux, un panel de la cueva de Llonín, y la denominada escena del pozo, también en la cueva francesa de Lascaux, que representa un bisonte con los intestinos fuera y un hombre con la cabeza de pájaro. La sala está presidida por la gran cúpula de Altamira, nuevamente con el animal totem: el bisonte, como protagonista.
Un viaje al interior de la cueva de las cuevas
El viaje a la prehistoria se completa con la estrella del centro, la denominada cueva de las cuevas, una estancia de unos 200 metros cuadrados de superficie, que recrea una caverna con tres de los paneles más representativos del arte rupestre. De entrada, los caballos de Tito Bustillo reciben al visitante en un ambiente en penumbra que recrea el interior de la cueva. La segunda cita es con la cavidad de Nioux (Francia), con la recreación de un gran panel denominado el salón negro, con grandes bisontes en este color procedentes del Magadaleniense.
Como broche final, la gran colada del Camarín de Candamo (Asturias) . Como aportación a "esta gran joya, que parece casi una capilla", dice Félix Fernández de Castro, se reproduce un caballo negro, ya desaparecido de la cueva original. Varios paneles explican al visitante en detalle las tres cuevas. El parque servirá, confían sus creadores, como estímulo y complemento para visitar las joyas rupestres originales.
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