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Martes 9 Febrero 2010

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Cristina Fernández de Kirchner.

La gran cocinera

La candidata peronista puede tomarse una fotografía con las Madres de Plaza de Mayo y otra, con la cantante Shakira, es cristiana aunque no va a misa y le gusta arreglarse.

29/10/2007 ABEL GILBERT 

Feliz Fernández de Kirchner deposita su voto.
Foto:EFE / LEO LA VALLE
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"Cocinaba muy bien. Hace años que no cocino. Pero a la cocina (de la residencia presidencial) voy todos los días, pregúntenle a los cocineros. Soy la que dice y la que controla todo. Es la doble faz de mujer y de política". Al recordar su olvidada vocación culinaria, Cristina Fernández de Kirchner se dibujó de cuerpo entero, con la sartén por el mango. Argentina ahora será su gran cocina.

Cristina, a secas, como la ha llamado la generosa publicidad esparcida en cada rincón, nació el 19 de febrero de 1953 en La Plata. La capital de la provincia de Buenos Aires se convirtió en los años 70 en uno de los principales focos de ebullición estudiantil.

Como muchos jóvenes argentinos, ella, que venía de un entorno conservador, se hizo peronista. Creía que "el general" volvería al país para consumar la revolución inconclusa, que se llamaba esotéricamente socialismo nacional .

Estudiaba Derecho y militaba en la Juventud Universitaria Peronista (JUP), uno de los afluentes de la organización guerrillera Montoneros. Vestía vaqueros gastados, calzaba bambas y fumaba dos paquetes de cigarrillos por día.

El noviazgo

Por esos días conoció a Néstor Kirchner, con quien tiene dos hijos. Cuenta que, cuando se lo presentó a sus padres, estos se azoraron. Vieron a un peligroso arquetipo de los activistas del Mayo del 68 francés.

Pero Néstor no pedía "lo imposible" como en las calles parisinas. Perón era su límite y su bandera, igual que la de Cristina. La verba marxista, tan en boga, no les interesaba. Se casaron en 1975, cuando la represión del Gobierno de Isabel Perón, que en La Plata fue feroz, asfaltaba el camino de la dictadura.

Los Kirchner dejaron pronto un territorio que caería en manos de Ramón Camps, un coronel que se jactó de matar a 5.000 argentinos. Eligieron la remota Río Gallegos, la ciudad de Néstor, 2.700 kilómetros al sur de Buenos Aires.

El matrimonio presidencial abrió allí un bufete de abogados y, en plena dictadura argentina, comenzó una etapa de intensa acumulación económica ligada al negocio inmobiliario. Con la democracia retomaron la vida partidaria.

La pareja funcionó desde ese momento como una máquina política sincrónica. Mientras él construía poder en Santa Cruz, ella, tras un breve paso por el Parlamento provincial, se centró en Buenos Aires, el escaparate por excelencia. Fue diputada y senadora nacional por Santa Cruz en 1997 y en el 2001. Su vehemencia no pasó inadvertida.

Tuvo una relación ambigua con los mandatarios Carlos Menem y Domingo Cavallo. Igual la expulsaron del bloque legislativo peronista. Kirchner se alió con Eduardo Duhalde, que emergió como presidente tras la fenomenal crisis de diciembre del 2001. Y de la mano de Duhalde, ganó la jefatura del Estado nacional con el 22% de los votos. Cristina se convirtió en primera dama y bajó su perfil.

Lo demás es historia reciente. Ella volvió a ser senadora, pero por Buenos Aires. La popularidad de Fernández de Kirchner permitió pensar en una sucesión familiar. El proyecto monolítico tiene, no obstante, algunas diferencias en lo visible. Néstor es desaliñado e informal. Ella, coqueta y consumidora voraz de la alta costura.

"Nací pintada"

"Yo siempre me arreglé, me pinte como una puerta. A veces digo que creo que nací pintada, cuando dije mamá tenía rímel y estaba peinadita", se confiesa. Cuando la critican por un supuesto exceso de maquillaje en el rostro, argumenta que ser femenina no es incompatible con el compromiso.

A Cristina le gusta pasearse por las grandes capitales. Reincide en la glosa de algún ensayo leído, para diferenciarse de la poca predisposición de su marido por la cultura. Es más seria. Puede tomarse una foto con las Madres de Plaza de Mayo y otra, con la cantante Shakira. Es cristiana pero no va a misa. Está contra el aborto pero tolera el matrimonio gay.

Quiere una Argentina más tolerante pero suele crisparse ante ciertas preguntas. Recela de la prensa. Promueve un pacto social. A veces se mira en el espejo de Hillary Clinton. Pocos saben lo que ve. La verdadera imagen de Cristina está por venir.

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