10/10/2003 JAVIER G. CASO

Definido hasta poco como un yacimiento magdaleniense de 14.000 años de antigüedad, las últimas investigaciones arqueológicas desarrolladas en la cueva de La Güelga, en Cangas de Onís, han permitido ampliar su horizonte cronológico y confirmar lo que eran simples indicios: alberga ocupaciones mucho más antiguas. Además de restos vinculados con el paleolítico medio, como una industria musteriense que se asocia al Neandertal clásico, datada hace unos 33.000 años, se ha podido constatar la presencia de neandertales y de hombres modernos en los inicios del palelítico superior.
Los nuevos hallazgos hacen revisar la edad de la cueva. Los expertos calculan ahora que ya se usaba hace unos 30.000 años, lo que la sitúa en un período de máxima importancia dentro de los estudios prehistóricos al tratarse del momento en el que se constata la desaparición del hombre de Neandertal y la aparición del hombre moderno.
CONVIVENCIA Los restos más antiguos, definidos como musterienses, remiten al Neandertal clásico. Ahí aparecen útiles como puntas, raederas o cuchillos de dorso. No obstante, el mayor interés del yacimiento está en un momento posterior. "En La Güelga conviven los neandertales y los hombres modernos", explica el prehistoriador Mario Menéndez, director de las excavaciones. Los restos materiales asociados a una y otra especie permiten afirmar que sapiens y neandertales "no se mezclaban".
"Los niveles son diferentes", comenta el arqueólogo, quien asegura que aún deberán confirmarse varias hipótesis, entre ellas cómo se produjo la llegada del hombre moderno y qué sucedió con los Neandertales. " Fueron arrinconados por los sapiens , hubo luchas?. Eso es algo que no sabemos y que habrá que investigar a fondo", explica Menéndez.
La presencia de los últimos Neandertales se constata por la presencia de puntas chatelperronenses, consideradas por los investigadores como "su auténtico carnet de identidad". Estos útiles imitarían a los ya realizados en La Güelga por los primeros hombres modernos, que remiten a la fase auriñaciense, con raederas fabricadas con sílex "foráneo", traído a la zona por esas nuevas comunidades.
"Se trata de útiles más avanzados que los últimos neandertales tratan de imitar", explica el profesor José Manuel Quesada, codirector de las excavaciones de La Güelga, que han permitido descubrir tres puntas de chatelperrón. Junto a la industria lítica de los Neandertales, han aparecido infinidad de restos de fauna, asociados a animales como cabras, rebecos o ciervos.
"Vivían en la boca de la cueva", explica Menéndez. Pese a que las investigaciones han permitido constatar, a partir de su industria, la presencia del Neandertal, "nos falta saber dónde se enterraban", comenta sin descartar en un futuro hallar restos humanos de neandertales. "Hay trabajo para mucho tiempo, y en Atapuerca tardaron diez años en aparecer", advierte.
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