Ya no tengo claro si los movimientos en torno a la supuesta negociación de los presupuestos para este año forman parte de una estrategia elaborada por alguien. No sé muy bien si el anuncio del consejero de Hacienda, Ramón del Riego, de que prevé un nuevo tijeretazo de 64 millones de euros es una invitación a su socio natural, el Partido Popular, para que se aleje de los casquistas y les deje solos en esta cruzada contra la cuentas públicas. En todo caso, es difícil asumir el guión de este proceso porque poco sentido tiene intentar abrir el diálogo con los populares y, a la primera de cambio, proponer una modificación al alza cuando los ingresos también decrecen.
Entiendo la lógica del PP. No se pueden arriesgar a firmar un cheque en blanco y luego soportar de manera conjunta el chaparrón del recorte. Así, sin entrar mucho en el fondo, es tanto como compartir la herencia y repartir las consecuencias a la mitad. Estamos a unos días del primer debate en sede parlamentaria sobre los números de este año. El crono ya está en marcha desde hace un mes y cada día que pasa nos despista más porque Foro cuenta con 16 diputados y su aliado, el PP, con 10, es el único que puede darle algo de claridad para disponer de una herramienta eficaz para salvar este año. Sin embargo, la posición de los conservadores, expresada a través de su portavoz Isabel Pérez-Espinosa, es que si Cascos quiere sus votos, antes debe presentar un documento real que incluya la previsión de ajuste. Tiene sentido que si a finales de este mes se quiere aprobar el proyecto presupuestario no se ande con rodeos para en unas semanas volver a negociar otra modificación.
El problema igual está en la reacción. Pese a las críticas a la patronal de los empresarios (FADE) por su tremendismo, la evidencia les da la razón. No deben ser tan reales las previsiones cuando antes, ni tan siquiera de que se pongan en marcha, ya se habla de un retoque no precisamente menor por su cuantía. El elemento decisivo son los ingresos. No se puede construir una partida ajustada si la dinámica es descendente. Por eso no le salen las cuentas a nadie, ni al PP, ni al PSOE, ni a IU ni a FADE...
Y luego está el segundo inconveniente. No hay ningún tipo de negociación abierta con nadie. Al menos los populares admiten que nadie les ha llamado para presentar el trabajo y eso que quieren tener su apoyo en las sesiones plenarias. O Cascos se enmienda o no hay acuerdo, dice Espinosa.







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