Cascos está pregonando en sus actuaciones por Madrid en diversos medios de comunicación que convoca las elecciones porque el pacto entre socialistas y populares no le deja otra salida. Mientras, presenta su libro a tres turnos en diferentes escenarios como si en Asturias no pasara nada y como si fuera normal que un presidente estuviera de gira personal por la capital mientras aquí cientos de personas no saben qué futuro pueden tener gracias a la parálisis regional. No es una percepción propia, sino que es compartida por mucha gente que no entiende que ante esta posición no se rebata con fuerza dialéctica lo que es más propio de una campaña pura y dura que de una simple escena familiar con lectores apasionados que compran la obra de Cascos.
El presidente ha sido el primero en tomar unos cuantos metros de ventaja. Habla de proyecto, de corrupción, de chiringuitos y emplea una expresión que tiene mucho fondo. Se refiere a la política que se practica en Asturias como si él no tuviera nada que ver, como si fuera un invitado que pasaba por aquí y que acaba de descubrir las consecuencias de un sistema del que se declara completamente ajeno. Si no fuera porque Cascos lleva más de 30 años en la primera línea y que los últimos siete anteriores de su llegada a Foro los invirtió en sus asuntos personales entre Cantabria y Madrid, algún votante podría ‘comprar’ todavía hoy este mensaje. Y más cuando desde el PP nadie sale a replicar que no hubo el acuerdo deseado porque nunca se dieron las condiciones y que resulta chocante que ahora se hable de pactar cuando fue imposible hacerlo durante varias semanas. Primero, en julio del año pasado, para entrar en el gobierno después de varios días de intriga, lo mismo que en diciembre cuando ni tan siquiera llegaron a analizar el proyecto de presupuestos. Así llegaremos al 25 de marzo con la sensación de que no le han dejado trabajar y que se tiene que ir a Madrid a que le dejen hablar porque aquí es imposible.
La estrategia es una responsabilidad de los partidos, tanto de los populares como de los socialistas, cuyo debate interno gira en torno a la lista. Tienen que engrasar la máquina de forma inmediata porque Cascos ya va unos metros por delante y más desde que vuelve a emplear las ventanas nacionales, nadie sabe bien si para limpiar su imagen o quizá para diseñar una campaña a la inversa, ya que aquí el nivel de contestación es siempre el mismo y con pocos esfuerzos inocula su reflexión.







vídeo:
vídeo:
vídeo:
vídeo: