Un verso es más que una bala perdida y una botella robinsona, los que oxidan por las malas el brillo de las estrellas no perdonan.
Cuando el futuro se trunca y el presente solivianta el calendario, hace más falta que nunca la semilla que se planta en un diario.
Los años que se avecinan apelan al sacrificio de la gente, quemada por la rutina la decencia es el oficio más urgente.
A fuer de buen colchonero tengo cholo el corazón campo a través, pero me quito el sombrero cuando gana el Alcorcón o el Mirandés.
Castrados contra solteros, muera la melancolía tuercebotas, por más que ladre Roncero, cada clásico es el día de la marmota.
No se trata de opinar en el ágora de Atenas contra todo, se trata de pelear y pasar las nochebuenas a mi modo.
Estuve el lunes pasado sudando en el Ateneo la camiseta del lector amotinado que no confunde el deseo con la bragueta.
Me ponen de punta el vello los que humillan a Carpanta y a Garzón, los que tocan a degüello y el consorte de la infanta de Borbón.
Dimití de una revista de esas que quitan la venda de las fotos, mientras Público resista no faltará quien defienda nuestro voto.







vídeo:
vídeo:
vídeo:
vídeo: