Hace poco más de un mes (27-diciembre-2011) el club político de los casquistas asturianos celebró su II Conferencia Política. Entre otras cuestiones se hizo notar que “también podríamos decir que tiene lugar el final de nuestro primer año de vida”. FAC se fundó, repentinamente, en enero de 2011, después de un sonoro portazo dado en la sede del PP de Oviedo, que sorprendería a los asturianos y los asustaría el estrepitoso ruido de la rotura de cristales. El discurso institucional de la Conferencia lo pronunció, obviamente, el Jefe del grupo a quien, después de unas elecciones municipales y autonómicas -las del 22 de mayo de 2011-, le proclamaban vencedor de las segundas con una exigua mayoría, pero suficiente para convertirse en el séptimo Presidente del Gobierno del Principado, ante la incomprensible “pasividad” del resto de las fuerzas políticas. Especialmente, de aquellas dos que representan el españolísimo Bipartidismo dinástico, tan simplificador del pluralismo político democrático de la manoseada Transición. Desde el súbito nacimiento del partido probeta (FAC) que preside don Francisco Álvarez-Cascos y Fernández, todo cuanto sucede en torno a este popular club parece estar influido por la improvisación política.
Con sus 16 diputados autonómicos, los 158 concejales estratégicamente repartidos por los municipios asturianos; con un ilustre diputado novicio en el Congreso, más un equipo de gobierno -en la práctica, de párvulos políticos aún …- cuya única experiencia y hábito en la gobernanza es la que posee su Presidente, sólo con esto es, al parecer, suficiente para “realizar la necesaria tarea de control del Gobierno de España, en defensa del interés general de nuestra tierra para demandar soluciones a nuestros problemas de discriminación, de aislamiento y de estancamiento”. (Álvarez-Cascos. 27-12-2011).
Pero una cosa son los sueños y otra las realidades. Seis meses y medio después de tomar posesión como Presidente del Principado de Asturias, el líder de FAC convocó a la Prensa para anunciar nuevas elecciones, que se celebrarán el próximo 25 de marzo y, de paso, para mostrarles a los periodistas convocados el globo de colores que había sido su original proyecto político, pinchado, según él, por el contubernio PP-PS(O)E. Aquel proyecto consistía en salvar Asturias para darle más aire a España, puesto que “más Asturias, mejor España”. No se puede resumir en menos palabras el sueño “españolista” de esta derecha casquista, tan conservadora como postfranquista, identificando Asturias con España.
Lo que llama la atención de esta película del “far west” carpetovetónico no es la restallante traca que acaba de hacer sonar el hombre que quiso hacer de su personal sueño asturianista -con Jovellanos y Melquíades Álvarez como padrinos- un “Imperio Astur”. A mí lo que me sorprende es que se siga confundiendo la democracia de participación; quizás, porque nadie se preocupó de descubrirnos hace tiempo la diferencia que hay con otra democracia, que, curiosamente, es la que insisten en invocar precisamente los que se criaron y formaron en un incomodísimo sistema antidemocrático: la democracia de adhesión. Cuando FAC habla de democracia, quizá lo hace pensando siempre en la democracia de adhesión, que tiene un rotundo adjetivo oculto: orgánica. Esta es la democracia que se ideó aquí cuando se vino abajo el totalitarismo alemán, y cuando se eclipsó el fascismo italiano. Los políticos, desde la Transición -que es otro sueño incomodísimo- siempre hablan de democracia a secas, pero en su fuero interno la imaginan orgánica.
Estas taras ideológicas están presentes en la vida nacional actual. La sociedad civil española, que es amplia pero muy dispersa, suele dar por bueno lo que un famoso político -sobre todo, si tiene “escuela”…- dice, propone o define. Cuando oye el discurso “standard” que propugna la necesidad de “recuperar el orgullo de sentirnos asturianos, sin complejos, ni renuncias” (FAC), no lo matiza. Por lo tanto, no se da cuenta -o no quiere dársela- de que le están poniendo música con letra de los años 30, la época dorada de los ultranacionalismos, inspirada por los grandes compositores del fascismo europeo. Y español, claro.
El casquismo forista quizá haya improvisado también su equipaje ideológico. Con las prisas podría haber metido entre las páginas de su manual de práctica política, algunas ideas aprendidas en sus años jóvenes de educación política básica. Las cuales, sin darse cuenta, son las que le sostienen todo el tinglado ideológico que, entre los recuerdos, los intereses personales y la serena madurez de su pensamiento, ha construido para seguir viviendo su condición de líder. El ideólogo de FAC quiso, desde el primer momento, intentar hacer otra forma de política; probablemente porque Foro es “un movimiento cívico de rebeldía democrática, gestado en la crisis de los grandes partidos nacionales”. (Cascos. 21-9-2011). Algunos eufóricos casquistas llegaron a pronosticar, con la fundación de FAC, el fin del bipartidismo… Demasiado. Como parece haber sido excesivo también aquel acuerdo del 31 de agosto de 2011 -después del eufórico triunfo del 22-M- de presentarse a las elecciones generales el 20-N con este eslogan: “¡Gibraltar, español!”. Demasiada prisa para entrar en la Historia. Y demasiados cristales rotos para tan breve historia política.







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