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Jueves 24 de Mayo de 2012

P-S-O-E

P-S-O-E P-S-O-E

29/01/2012 00:00

Frente a siglas tan expeditivas, confieso que ignoro cuanto se refiere a la ideología y a la organización no solo del Partido socialista sino de cualquier otro partido político español. Mi puñadito de seguidores sabe que, aunque tengo en alta estima la política y me sirvo de ella por su gran calado social, soy impermeable a lo partidista y reacio al compromiso personal.

La ponencia marco del 38 congreso federal del Partido socialista invita a los ciudadanos a un proceso de reflexión y debate exhaustivo. Ello me anima a dejar aquí constancia de algunas reflexiones, a riesgo de traslucir ignorancias. Que algunos socialistas, tras la debacle sufrida en las últimas elecciones generales, crean que ha llegado el momento de pensar en una regeneración a fondo o incluso en una refundación de su partido me da alas para escribir cuanto sigue a pesar de que intuyo que a muchos de los que tienen responsabilidades en estas lides les parecerá una descarada intromisión. Aun así, creo que les merecerá la pena tenerlas en cuenta.

Expondré mis puntos de vista siguiendo el orden de las siglas del Partido socialista: PSOE. A uno le sorprende toparse de bruces con la primera, una P de Partido partida, no hecha trizas sino dividida o multiplicada, pues al socialismo español pertenecen, cuando menos, el PSOE, el PSE y el PSC. Puede que los tres no sean más que un solo partido, pero, desde fuera, no parece que sean una trinidad de cometidos y un solo propósito. Los dos últimos, desentendiéndose de siglas tan determinantes como la O de Obrero y la E de Español e introduciendo uno la E de Euskadi y otro la C de Cataluña, complican la cosa con factores de parcialidad y muestran signos de debilidad. Un intento serio de regeneración del socialismo español debería comenzar por darle a esa P el relieve y la preponderancia que merece un partido cohesionado y bien avenido. De no hacerse así, la regeneración pretendida carecerá de base.

Mucho me temo que la S de Socialista haya perdido lustre y mordiente y que se haya diluido su fuerza. En mayo del 68, estudiando ecumenismo en París, le propuse al famoso dominico Chenu, teólogo y sociólogo, que escribiera un prólogo para el libro de un amigo. Servicial y atento, solo me pidió que le hiciera un esquema del libro en cuestión. Las dos páginas del prólogo de Chenu fueron, con mucho, lo más sobresaliente de aquel libro, dedicado al pensamiento de Pablo VI. Pues bien, charlando con él, un día me dijo que, a su parecer, el mayor drama ideológico del siglo XX había sido que la Iglesia católica se hubiera dejado arrebatar el término “socialismo”. Entendía Chenu que el contenido genuino de “socialismo”, tan apropiado para encauzar la acción cristiana, había derivado en una ideología aguerrida, de radical laicismo ateo, contrapuesta a la misión evangelizadora de la Iglesia católica. Viene esto a cuento de que la deseada refundación o regeneración del PSOE, en lo que a la S se refiere, requiere, a mi parecer, que el Partido socialista sea capaz de limpiar de adherencias el edulcorado socialismo imperante para recuperar la fuerza misional que el dominico francés le atribuía. Seguro que algunos no dudarían en enviarme al paredón por creer que trato de encerrar el tigre en una jaula, de enclaustrar el ateísmo vindicativo para hacerle cantar el Oficio divino o de recluir el socialismo en una sacristía. Pero no estaría demás que los socialistas participantes en el 38 congreso apuntaran en esa dirección. Serían sabios y estarían atinados si lo hicieran. Hoy cabe peguntarse, dada la situación, cómo el socialismo español no tiene, por ejemplo, una institución similar a Cáritas. Dejando de lado las ideologías y los radicalismos, ¿no se propone acaso implantar criterios de justicia y de igualdad? Ello requiere ayudar a los desheredados de la fortuna y a las víctimas sangrantes de la descomunal crisis que padecemos. Hay mucha tela que cortar aquí para confeccionar un traje elegante.

Por lo que le concierne, la O de Obrero debería explotar en el 38 congreso federal como una auténtica bomba fétida. Tengo la impresión de que el socialismo español ha perdido la O por el camino. Quizá esta apreciación se deba solo a que soy lego en la materia y a que enfoco el tema desde fuera. Pero que en España haya más de cinco millones de parados debería incitar a los socialistas a “congregarse en la calle” y a vociferar hasta acotar el problema. Misión suya es alumbrar, con candil si fuera preciso, las oquedades de la economía y remover, cual fornidos vascos, los pedruscos del camino. Un socialista auténtico no duerme tranquilo viendo cómo millones de parados se caen de tan preciada O para convertirse poco menos que en mendicantes de sus propios derechos. Aunque para el capitalismo salvaje los obreros sean solo fuerzas productivas, el socialismo jamás debería abandonar a quienes son la materia moldeable en que se cimenta el ideal de igualdad y de justicia que persigue. Un hombre, por aherrojado que esté y aunque la sociedad le niegue el pan y la sal, jamás pierde para el auténtico socialista su dignidad y su condición de persona con derechos. El 38 congreso debería inocular en sus participantes insomnio hasta paliar, al menos, el problema del paro, e incluso el coraje de emprender huelgas de hambre con vistas a presionar el capital y a los emprendedores para que abran horizontes de trabajo. Por muy aguda que sea la crisis que padecemos, habiendo dinero y cabezas, solo faltan motivos y ganas.

La última sigla, la E de Español, se las trae. Incluso parece pieza de caza mayor, cuyo logro requiere munición de grueso calibre. Tres frentes muy activos se abren aquí a cualquier intento serio de regeneración socialista: la bandera, la lengua y la igualdad fiscal. Los españoles seguiremos caminando para atrás como los cangrejos mientras no sintamos el orgullo de nuestra bandera y podamos expresarnos sin cortapisas en “español” (lo de “castellano” es reduccionismo timorato, políticamente sesgado), la única lengua oficial en todo el territorio, sin detrimento alguno de las demás lenguas regionales, pues también ellas son un preciado patrimonio común. El frente restante, el de la desigualdad fiscal, clama al cielo.

Viviendo en un país en el que el privilegio y la excepción campean a su gusto, la sagrada igualdad que propugna el socialismo choca contra un muro de hormigón. Es inútil hablar de justicia y de igualdad si no se pagan los mismos impuestos ni se reciben los mismos servicios en todas partes. El 38 congreso debería excavar trincheras en estos frentes para retener lo conquistado y lanzar desde ellas incursiones a la conquista de la condición plena de ciudadanos iguales.

De restaurar sus siglas, tal como propongo, en el congreso a celebrar dentro de unos días, aun siendo muy reacio a comprometerme políticamente, no tendría inconveniente alguno en afiliarme al Partido socialista. Tendría su mérito hacerlo cuando tantos viejos militantes, desengañados o acosados por penurias económicas, se dan de baja. Para emprender el camino aquí desbrozado debe contarse no solo con un líde r idóneo sino con un equipo capaz. Quienes aspiran a ser elegidos en el 38 congreso no creo que puedan pilotar la regeneración necesaria. Les faltan perspectiva y hondura Tampoco lo podrán hacer quienes, habiendo pescado en el río revuelto de los tiempos convulsos vividos, han medrado y se han enriquecido a cuenta del erario público. Una regeneración auténtica exige la fuerza de savia nueva e incontaminada para florecer con hermosura y madurar con sosiego. El socialismo español debe restaurar el esplendor de sus propias siglas: convertirse en un Partido cohesionado; responder con fidelidad a su propia condición de Socialista; enarbolar la bandera del mundo Obrero y llevar en volandas a España a su plenitud de nación. La cuesta de su 38 congreso debe ser para ellos un calvario empinado y un Gólgo ta sacrificial.

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