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Jueves 24 de Mayo de 2012

¿Otro PS(O)E…?

¿Otro PS(O)E…? ¿Otro PS(O)E…?

29/01/2012 00:00

Después del ruidoso fracaso electoral sufrido el pasado 20-N (2011) por el partido socialdemócrata, que sigue utilizando la histórica marca del PSOE, fundado por Pablo Iglesias, a pesar de las sucesivas metamorfosis ideológicas experimentadas desde la celebración del XIII Congreso de Suresnes -reunidos en las afueras de París- en octubre de 1974, los diversos grupos oligárquicos, que determinan actualmente las funciones orgánicas de este partido cortesano -al alimón con el PP-, han decidido darle un cambio. Quizá, entre otras razones que no se han explicado, para corregir los fallos que le han desbancado de un liderazgo gubernamental protagonizado desde el año 2004, casi se podría decir que con un estilo político decididamente conservador y, evidentemente, dinástico.

A partir de aquel inolvidable -por tantas cosas- congreso de Suresnes, el partido que aún sigue utilizando las siglas del histórico socialismo marxista -su primogenitura pablista-, aún después de haber renegado teatralmente Felipe González ante la opinión pública española, del marxismo como sustancia ideológica del partido que todavía usufructúan después de haberle vaciado de su histórico contenido ideológico esencial y para evitar que el viejo PSOE sea un simple cascarón político sin contenido ideológico, eligieron la socialdemocracia para llenar sus bodegas.

Pero no la socialdemocracia que había predicado Rosa de Luxemburgo, sino la que, años después, les recomendaron a los alemanes los norteamericanos después de 1945, mientras les “protegían” con los dólares del Plan Marshall. Ese es, probablemente el momento histórico del origen de la actual “colonización”, política y económica, de Europa por Estados Unidos.

La reforma -o, quizá, la rehabilitación- que ahora proponen los oligarcas socialdemócratas de la rosa, que perdieron las elecciones generales del esotérico 20-N, no se dedicará a repasar el estado de conservación de su trama ideológica. Probablemente, será una simple revisión epidérmica. Con lo cual, no habrá cambio posible. Si acaso, disfraz oportuno. Y oportunista. Si los socialdemócratas del PS(O)E se decidieran a plantearse un sincero debate ideológico, y no una simple operación cosmética, es probable que el actual PS(O)E acabara convirtiéndose en un auténtico partido obrero de clase, que esa ha sido desde sus orígenes su auténtica naturaleza.

Pero la oligarquía del partido prefiere que su PS(O)E sea un partido de clases medias. Como lo es su adversario el PP. El obrerismo, según dicen algunos, ha pasado a la historia. Ahora, advierten, España es un país de clases medias; preferentemente conservadoras, monárquicas, europeístas y, sobre todo, de orden.

Esta debe de ser una de las secuelas políticas del desarrollismo economicista. Sobre todo, desde que los tecnócratas del Opus Dei iniciaron su colaboración con aquel famoso general superlativo. Desde la “revolución del 600” -el coche utilitario de la SEAT-, y simultáneamente el fenómeno económico del consumismo (ojo: dice consumismo, no comunismo…); desde la “industrialización” del ocio (turismo), la clase obrera dejó de serlo -por lo visto- para convertirse socialmente en una clase consumista: de pequeños y medianos “propietarios” (aunque lo fueran en precario); por lo tanto, una socialdemocracia arropada por un PS(O)E, que había dejado de ser obrerista, era la clave del éxito político de aquel viejo partido fundado, en Madrid, por un tipógrafo nacido en Ferrol, y ahora “tuneado” hábilmente para ofrecer la imagen deslumbrante y moderna de un partido político que representa a los “nuevos españoles”. La tesis fundamental era: “Una eficaz política económica es la base principal de una sociedad democrática”. Este principio todavía está vigente incluso, ahora, cuando la pertinaz crisis internacional inducida por un capitalismo voraz, especulador y maniobrero, pone en riesgo la estabilidad democrática de este país.

En el PS(O)E no quieren replantearse su porvenir político partiendo de un debate ideológico porque -entre otros defectos- se desvelaría su error fundamental, el error que les acaba de hundir su posible prestigio político entre el fango de la impopularidad social, ha sido, precisamente, su abandono de la clase obrera para refugiarse en una cómoda socialdemocracia que, si tenemos en cuenta lo que desde hace tiempo ya se ha advertido, podría acabar -su socialdemocracia- siendo el camuflaje perfecto para introducir en el país un nuevo fascismo.

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