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Jueves 24 de Mayo de 2012

En busca de la vaca perfecta

REPORTAJE: Investigadores del Serida producen, a partir de ovocitos y semen de animales con un elevado nivel genético, embriones in vitro que se cultivan y transfieren a un útero ‘de alquiler’

Cinco animales del rebaño experimental del Serida, compuesto por madres productoras de carne y terneros de leche, pastan en la finca del servicio en Deva. ARMANDO ÁLVAREZ Cinco animales del rebaño experimental del Serida, compuesto por madres productoras de carne y terneros de leche, pastan en la finca del servicio en Deva. ARMANDO ÁLVAREZ

30/10/2011 08:09 / / GIJÓN

Se buscan vacas modélicas para mejorar la cabaña bovina asturiana. Investigadores del Serida realizan, desde hace casi dos décadas de forma exclusivamente investigadora, una intensa actividad en el campo de las nuevas biotecnologías reproductivas.

Una de ellas son las técnicas de reproducción asistida para, a partir de ovocitos y semen de animales seleccionados, producir embriones in vitro que se cultivan y transfieren a un útero “de alquiler” en el que se desarrolla la gestación. Su trabajo se puede aplicar a vacas de alto valor genético (por ejemplo por ser buenas productoras de leche, ser longevas o porque tienen una buena morfología) o especies en riesgo de extinción. Así, la capacidad reproductora de un animal puede ser aprovechada al máximo, obteniéndose un mayor número de descendientes. La tarea de elegir el animal no es sencilla, pero se cuenta con una serie de pruebas analíticas genéticas y estadísticas que permiten escrutar todos los caracteres de interés que puede presentar cualquier animal. Aunque la selección parece una actividad más actual, lo cierto es que los ganaderos ya seleccionaban sus ejemplares desde el Neolítico, con la domesticación. La diferencia es que, ahora, los técnicos cuentan con mejores instrumentos.

En las instalaciones del Serida, en la parroquia gijonesa de Deva, el área de Genética y Reproducción Animal cuenta con un rebaño experimental con 40 vacas (todas ellas donantes y receptoras) con las que trabajan diariamente. Pero cuando no hay receptoras disponibles, también hay una solución. Los embriones se quedan en el laboratorio después de someterse a congelación o a vitrificación (ambas técnicas permiten mantener un embrión criopreservado -conservado a bajas temperaturas- por tiempo prácticamente indefinido), hasta que encuentran un receptora.

La duración de la gestación de una vaca es de aproximadamente nueve meses. Y, en lo que va de año, ya han nacido in vitro una veintena de nuevos terneros, tanto en fresco como vitrificados, y esperan el nacimientos de otros 12, de vacas que están aún en periodo de gestación. Además, ahora pueden conocer el sexo del ternero antes de su nacimiento. Lo hacen a través de un procedimiento no invasivo desarrollado por ellos mismos, en el que trabajan con el medio del cultivo sin tocar el embrión. De momento, el éxito es del 70 u 80%. Antes de que aplicara este procedimiento, realizaban una biopsia sobre el embrión que resultaba “más cara, lesionaba el embrión porque es invasiva y además, llevaba más tiempo”. En esta nueva línea de trabajo llevan trabajando un año y medio.

El equipo, dirigido por Enrique Gómez Piñeiro, lo integran otras siete personas -Marta Muñoz, Carmen Díez, Néstor Caamaño, Beatriz Trigal, Eva Correia, David Martín y Susana Carrocera- trabaja, sobre todo, con ganado bovino ya que, según explica Gómez Piñeiro, “no es fácil trabajar con más de una especie”, aunque el grupo también se ha dedicado a porcino. El objetivo es que lo que se consiga en Asturias tenga una aplicación en el resto del mundo por lo que, para estos casos, echan en falta empresas capaces de comercializar los resultados de su investigación. “Una cosa es hacer una demostración en las explotaciones ganaderas y otra, contar con una empresa que lleve un producto al mercado”, explica el jefe del departamento.

De hecho, los investigadores trabajan con el rebaño que tienen en las instalaciones de Deva y luego, trasladan los resultados a las explotaciones que colaboran con sus proyectos. Aunque, a priori, parezca que es imprescindible que la vaca esté viva, lo cierto es que es posible aprovechar los ovocitos de un ejemplar muerto. En este caso, tal y como explica Gómez Piñeiro, se puede trabajar con ovocitos de vacas sacrificadas, pues en el laboratorio el proceso que se sigue es el mismo. La diferencia con la recogida de vacas vivas (mediante punción guiada por ecografía -OPU-, similar a la que se sigue en las clínicas humanas). es que “en el matadero se toman los ovarios, que se transportan al laboratorio, donde se extraen los ovocitos”.

El trabajo que se realiza en el centro del Serida está a la vanguardia de muchas líneas de investigación. En sus instalaciones nació el primer ternero producido in vitro en España (fue en el año 1997), el primer animal nacido por OPU (a partir de un ejemplar ya fallecido), y también el primero a partir de un embrión vitrificado.

La investigación tiene una gran parte de utilidad para la ganadería, pero también cuenta con otras aplicaciones no menos importantes, como son los beneficios para los seres humanos. Por ejemplo, tal y como explica Gómez Piñeiro, el desarrollo embrionario bovino y humano tienen muchos aspectos en común, sobre todo al comienzo de la gestación, período en el que centran sus investigaciones. En este campo, el grupo ha descubierto un mecanismo, en la vaca, que explica cómo el embrión es capaz de vencer el rechazo inmunológico inicial del útero. “El útero está preparado para rechazar agentes externos, sean bacterias, cuerpos extraños o los propios embriones, pues éstos son en todo o en parte ajenos a la madre.

Hasta ahora se pensaba que no había apenas diálogo entre el embrión y la madre hasta la implantación, “pero nosotros hemos visto que el embrión debe esforzarse en ser reconocido por la madre y aceptado prácticamente desde el comienzo del desarrollo intrauterino”. Como el tamaño del embrión es muy pequeño en estos estadios iniciales de vida, los investigadores introdujeron muchos embriones en el útero para tener una respuesta de mayor alcance, “que así pudo evaluarse satisfactoriamente”.

Entre estos hallazgos, los investigadores han descubierto un factor del crecimiento (Growth Factor-GF), inédito en el útero de mamíferos que la madre produce en mayor cantidad en presencia de embriones vivos, por lo cual presenta un interés indudable para mejorar los cultivos in vitro, y posiblemente no sólo en la especie bovina.

Su idea es estudiar más este factor del crecimiento y, si es posible, desarrollar la investigación con empresas para patentarlo y comercializarlo. También mantienen proyectos en marcha con centros de investigación de Francia y actualmente están tejiendo colaboraciones con Holanda y Suecia.

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