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Jueves 24 de Mayo de 2012

La que no habla

29/01/2012 00:00

Hay mucho personal más monárquico que el mismo monarca. Se trata de gente con genes de súbditos, de siervos horrorizados con la idea de la manumisión, que dicen cosas impropias de quien forme parte de una ciudadanía libre, como qué diferentes, ay, eran los tiempos de antaño cuando el pueblo se dejaba matar por su señor y se sentía orgulloso de ser vasallo suyo. Por eso los ultramonárquicos están estos días más preocupados que la propia familia Borbón debido al caso de IU, que no es Izquieda Unida, claro que no, sino el yerno que permanece en la agrupación, ya que el otro quedó fuera y desvinculado del grupo por el divorcio que acabó con la relación matrimonial que lo unía a la hija mayor del rey y la basilisa. Y lo que desazona a esas extrañas criaturas es que, cuando llegue la hora en que IU deba verse la cara con sus jueces, la chusma callejera le chille, lo insulte e, incluso, trate de meterle algún meneo; y también les inquieta que acaso, a la postre, a SAR, como así figura en los papeles la mujer del imputado y presunto culpable, tenga que sufrir alguna molestia, haciéndola ir a declarar lo que sabe. Claro que SAR o Su Alteza Real, dada su condición de quasi intocable o de mírame y no me toques, puede negarse a abrir la boca utilizando un alegato etimológico basado en que Infanta, que es su título, significa “la que no sabe hablar”, “la que no habla”. En realidad, ese femenino que no irrita a esos puristas de la lengua española, a los que tantas risas burlonas les dio lo de miembra y tantos raptos de furor les provocó la introducción en el diccionario de las voces de médica o jueza, es un esputo admitido sin tiquismiquis, cuando lo normal sería que se usara infante para masculino y femenino, indicando el género por medio de un determinante como el artículo, según ocurre con el amante y la amante; pero ya se sabe que aquí es lícito o ilícito lo que conviene a los del ruido, descubridores de contubernios de las fuerzas siniestras del mal e inventores de complots contra la gente muy derecha y de mucho orden y concierto. Total, que SAR, amén de poder echar mano de la etimología para no soltar prenda, puede argüir que no sabía exactamente de dónde salían los millones de euros para tanta compra de inmuebles millonarios, y que a veces pensaba que acaso IU era agraciado sin parar con los premios más gordos de la lotería, cuyos billetes le regalaban y no tenía que comprarlos siquiera, algo que no es raro y que les suele pasar a otros que se han hecho riquísimos de esa manera tan sencilla; o quizá jugaba en el casino y tenía mucha suerte en el black jack, o poseía el don de convertir lo que tocaba en dinero; e incluso, para mover a lástima y enternecer más aún el corazón de las monárquicas, católicas y sentimentales y que pertenecen al club de fans “Pecheras de los Borbones”, “la que no habla” podría esgrimir algo conmovedor como los cuernos.

Eh, alto ahí y que ni la fantasía ni la imaginación se conviertan en potros desbocados galopando hacia un argumento infralitetario de telenovela. Serían cuernos financieros, infidelidades monetarias, sin episodio alguno de sexo ni contenido carnal escabroso. Consistiría en contar, por ejemplo, que IU es reservado y ella discreta, con una fe tan robusta en él, como la de Rajoy en Camps, Costa, Fabra y demás pandilla, de modo que, si su esposo y padre de sus hijos le dice: necesito tu firma, ella obedece, rubrica y sanseacabó. Entonces, en ese caso, el gentío la aclamaría por sencilla, llana, sincera y por estar al lado de su marido cuando la suerte le da la espalda, porque ya se sabe que todo lo que pasa es porque lo quieren dios o el diablo o el destino o la fortuna, y un día te cae un millardo de dolares encima o una teja que te parte la cabeza; y solo las personas ateas y librepensadoras, que son tan desagradables, dicen que nada está escrito, que no existe el fatum, el hado, ni la ananké inevitable, porque ni dios ni el demonio ni esas otras fabulosas fuerzas causan accidentes trágicos de barcos ni de trenes ni de aviones ni laborales, sino que siempre hay un fallo humano, no divino ni misterioso, de negligencia, ignorancia, despiste o criminalidad intencionada.

Y de IU dicen también que lo engañaron, que carece de capacidad para urdir esa tremenda trama. Bobadas. El dinero que se embolsaba era contante y sonante, no un engaño de sus sentidos ni de los de su entorno; y el entramado, una chapuza que hacía agua desde el principio, como todo lo demasiado aparatoso, y los que vieron las primeras goteras le dieron avisos y consejitos, pero no le pararon los pies ni fueron a denunciar sus juegos malabares delictivos. ¿Es justo que el que que tiene demasiado deba ser respetado por el que no tiene nada?, preguntaba Sade. Quiero contestarle: Nooooooo.

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