El asunto del mensaje era: Cuatro palabras, pero resulta que pasaban de cuatro mil, aunque el sobrepaso no me chocó de la remitente, Kikita la siempre excesiva. Y la finalidad de la misiva tampoco me causó una pizca de extrañeza en una mujer apasionada, siempre en guerra con quien sea, hasta consigo misma. También su tono arrebatado me era muy conocido. Total que, dado que es una apasionada forista, casquista o facista o como se diga y en resumen y para no hacer una marañuela de adjetivos sinónimos, una muy forofa del Foro de Cascos, si bien no afiliada, empezaba recriminándome mi supuesto contento por el aborto del gobierno asturiano, provocado criminalmente por los envidiosos del PP y por los de mi palo: los resentidos socialistas y comunistas. A continuación, ya en un estilo de romántica escritora de domingo envuelta en aromas rancias a papel de arroz, me decía que Asturias se había portado muy mal con el pobre Jovellanos y con igual ingratitud le estaba pagando al nuevo prócer que hubiera dejado Madrid, donde podía haber maniobrado para alzarse a lo más alto, y venir aquí con la desinteresada intención de sacar al fin a los asturianos del saco de patatas podridas y fabes con gorgojo, en donde los habían metido los socialistas. ¿Que había cerrado el museo de Avilés? Pues muy bien hecho. A ella, personalmente, esos museos para que los vanguardistas lleven sus cositas delirantes le daban tanto repelús, como si entrara en el de los horrores. Además, la gente ahí nunca se detiene a mirar con atención lo expuesto, sino que todos van a mirarse unos a otros, a ver qué cara pone el prójimo ante las mamarrachadas. ¿Que había consentido que echaran al director del festival de cine de Gijón que lo hacía tan bien y traía a lo más de lo más de la gente del cine? Aplausos y olés porque, aunque jamás iba al cine, le habían dicho que todas las películas que echaban eran de esas que se llamaban antes de protesta, tediosas y pesadas y con un poder dormitivo mayor que la morfina, porque, para cine, el español de antes, el de Tony Leblanc, el de Pepe Isbert o el de Mary Santpere, la pobrina, porque vaya cosas que le pasaron a la mujer: el marido muerto por caerse de un barco al agua, y ella muerta en un avión, mientras descabezaba un sueñecito. Y siguiendo con lo que quería decirme, por ella, que le pusieran ya también el cartel de cerrado a la Semana Negra, esa espantosa feria pueblerina. Y por lo demás, todo lo que este hombre deshizo en tan poco tiempo fueron aciertos, por mucho que disgusten a los criticones que siempre buscan faltas y fallos y, si no los encuentran, ya se encargan de inventarlos, pues ya se sabe que las personas malas tienen mucha imaginación y, por eso, los surrealistas eran todos de izquierda, trotskistas, aunque los pintores no eran muy imaginativos, sino unos copiones del Bosco. Era espeluznante lo desagradecidos que somos con los que tratan de salvarnos. Seguro que a Pelayo los de Cangas de Onís y de Covadonga lo insultaron por pararles los pies a los moros, como hace ahora la gente con los políticos que quieren parar las invasiones que nos llegan de todas partes. Ella únicamente aguantaba a los chinos, porque eran muchos y muy, muy ricos, y saben mucho más de lo que aparentan con sus ojitos y sus sonrisitas y su pinta de no haber roto jamás una porcelana. Los demás, a su tierra, y si no la tienen ni tampoco casa, que se fabriquen unas alas y que vivan en el aire como los vencejos, y si se caen de narices y se estrellan, no sentiría ni pizca de pena. Y, ahora, menudo plan teníamos a la vista con nuevos comicios, por hacerle entre todos y de todos lados la vida tan imposible a ese hombre, que su esposa se había ido de Asturias, porque no podía soportar el dolor que le causábamos a su marido, que engordaba, ya que no dormía, desvelado por las cavilaciones sobre cómo sacarnos del agujero, y ya se sabe que los insomnes corren el riesgo de ser obesos, porque las horas que no duermen los inflan y no se ponen tripones porque se pasen la noche come que te comerás o empinando el codo. Pensar que ese hombre dejó por Asturias el viejo partido al que pertenecía, para fundar otro y venir a pelear por todos nosotros, unos indecentes desagradecidos que lo obligan a convocar elecciones y a gastar millones en propaganda, papelitos que van derechos a la basura, papeletas que van a las urnas o que no van, como las de los antisistema, que tanto tilín me hacen a mí y que hablan de eso tan antiguo de la lucha de clases, cuando la única que hay es la del útil que aniquila al inútil, porque lo natural es liquidar los estorbos. En fin, que el presidente de esta comunidad ingrata y desagradecida, nos perdone. Mi respuesta: Me gustaría poder ser una asesina en serie y empezar por ti.
Cuatro palabras
A SORBOS: El asunto del mensaje era: Cuatro palabras, pero resulta que pasaban de cuatro mil, aunque el sobrepaso no me chocó de la remitente, Kikita la siempre excesiva. Y la finalidad de la misiva tampoco me causó una pizca de extrañeza en una mujer apasionada, siempre en guerra con quien sea, hasta consigo misma.







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