Asturias se sube a la moda del pincho. La cultura de la cocina frugal parecía, no hace muchos años, coto privado de ciudades como San Sebastián, Salamanca, Valladolid o el Sur de España. La fórmula era sencilla: buenos productos autóctonos (pescado y embutidos, principalmente) y buenos caldos para acompañar. Una manera de promocionar la materia prima de la tierra y de matar el gusanillo. Si de productos autóctonos se trata, ¿por qué en Asturias no había triunfado la cultura del pincho? Quizá nuestra costumbre del buen yantar y digestiones lentas en sobremesas eternas constituyera un handicap para que los pinchos se colaran en nuestra gastronomía.
Sin embargo, las cosas comienzan a cambiar. La apertura de nuestros hosteleros y restauradores a tenencias de allende nuestras fronteras comienza a introducir en los hábitos de los asturianos nuevas formas de entender la comida. Como muestra, la proliferación de los llamados gastrobares, un término rimbobante pero que, en el fondo, consiste en saborear pequeñas prociones de buena cocina, a un precio asequible, regadas con un buen vino o una buena sidra y, sobre todo, el componente esencial: en torno a una buena conversación, columna vertebral del pincheo.
Este boom de la “cultura del palillo” tiene su paradigma en el Campeonato de Asturias de pinchos, que arrancará el martes y cuyos ganadores se sabrán el día 15 de enero en una gala que se celebrará en el hotel Abba de Gijón. Sin embargo, el momento crucial para los participantes comenzará a las 17 horas del viernes, día 10, momento en el que los ocho finalistas deberán elaborar in situ su creación ante un jurado compuesto por los mejores críticos y gastrónomos de España. Una nómina de 40 expertos entre los que se encuentran Rafael Ansón, Carlos Delgado, Carlos Maribona o Luis Cepeda.
El campeonato, organizado por Fenicia, alcanza este año los 156 participantes, casi 40 menos que el año pasado. “Ahora, están los mejores”, aclara Iván De la Plata, director de la empresa. Sin embargo, el descenso en los locales participantes es inversamente proporcional al de los concejos que han decidido sumarse al evento: nada menos que 16, siete más que el año pasado. Gijón, con 90 estrablecimientos, se lleva la palma. Además, participan locales de Oviedo, Avilés, Mieres, Langreo, Pola de Siero, Pravia, Cangas del Narcea, Cangas de Onís, Candás, Castrillón, Muros del Nalón, Nava, Quirós, Tapia de Casariego y Villaviciosa. ¿El secreto para una participación tan nutrida? Por un lado, que el campeonato pone a cada concejo participante en el mapa gastronómico de Asturias y, por otro, el fomento del consumo, el maná para un sector acuciado por la crisis. “Con campeonatos como este, la ciudadanía se vuelca, funciona el boca a boca y la cosa funciona”, señala Ricardo Álvarez, presidente de la Asociación de Hosteleros de Gijón.
Y es que el Campeonato de Asturias de pinchos es, para muchos de los participantes, uno de los momentos más esperados del año. Varios de los hosteleros enrolados en el concurso afirman que la caja aumenta hasta un 50% durante el trancurso del evento. “La respuesta del público hace que los participantes se esmeren más que nunca en la elaboración. Hay gente que lleva un año preparando el pincho que va a presentar”, afirma Iván De la Plata.
Los precios también invitan al consumo: 2 euros si se consume el pincho a secas, o 3,50 si se acompaña con la gran novedad de este año: el quinto de sidra de El Gaitero, un nuevo producto, que emula a los botellines de cerveza, y que es de uso individual. Todo por fomentar una moda que ha llegado para quedarse.







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