La Voz de Asturias

La pintora que crea arte con las cenizas de los muertos

Asturias

Susana D. Machargo Redacción

La ovetense Olga Montero pinta cuadros con los restos de personas y mascotas incineradas

24 May 2016. Actualizado a las 05:01 h.

Frente a los términos yu-yu o grima, ella prefiere hablar de respeto y desdramatización de la muerte. Está convencida de que los momentos más trágicos son terreno abonado para el arte y de que no hay mejor manera de rendir tributo a los que ya no están que verles cada día. La artista plástica ovetense Olga Montero llevaba años con la idea en la cabeza incapaz de llevarla al terreno por miedo al rechazo. Pero en julio falleció su padre, Paco, un minero de Olloniego amante del fútbol, la filatelia y el ajedrez. Se dio cuenta de que había llegado el momento de pasar del mundo de las ideas y de la sensibilidad a los hechos. Con las cenizas de la incineración de su padre ha pintado varios cuadros. En unos ha jugado con las texturas y con los fondos, en otras les ha dado un imprimación y ha otorgado el protagonismo al color. El primero fue de pura experimentación. Con los que está elaborando ahora, perfecciona su técnica. Rinde tributo a quién era y a lo que le gustaba. La idea es que siga presente a través de sus trazos.

Montero se presenta como una mujer polifacética, autodidacta y amante del arte. La pintura es el campo en el que se siente más cómoda y donde encuentra más posibilidades de innovar y experimentar. Sin embargo, también ha hecho sus pinitos en la interpretación y no dice que no a nada sin antes escuchar y sopesar cada propuesta. Su pequeño apartamento de Oviedo concentra gran parte de su personalidad, es su taller, el primer almacén de sus obras, su refugio, el lugar en el que madura sus ideas. Comienza hablando con prudencia de sus cuadrados pintados a base de cenizas humanas o de mascotas. Solo vence ese recelo cuando observa la reacción del interlocutor. Teme que la consideren una friki cuando, en realidad, ella lo entiende como pura sensibilidad.

«En otros países hacen diamantes. Hay quien conserva unas pocas en joyas. Otros las colocan en urnas vistosas en su salón, lo esparcen en el campo o lo echan a sus plantas. Yo propongo revisar esa idea y darle un valor extra a través del arte. Es una forma de dejar huella con los seres queridos y para conseguirlo uso mis pinceles. Es también un medio de personalizar, porque el cuadro puede tener en cuenta sus gustos o su personalidad», explica esta pintora ovetense, que sabe que tiene entre las manos un tema delicado.

Experimentación

La muerte de su padre fue un momento vital difícil que recondujo a través de la pintura. Tanto su madre como sus familiares y allegados ya la habían oído hablar de su plan de pintar cuadros a base de cenizas. Llevaba años dándole vueltas. Conocían la idea y sus argumentos. Así que a su madre no la pilló del todo por sorpresa cuando le comentó que quería utilizar los restos de la incineración de su padre. Incluso la implicó en el proceso. Estaban juntas en casa cuando comenzaron a trabajarlas. Las tamizaron y utilizaron látex para ligarlas. Olga Montero aprovechó su experiencia con el alabastro y la arena de piedra pómez. La primera textura recuerda que era más parecida a la de la arena de playa. La extendió por la noche sobre el lienzo y esperó a la mañana para ver si se había fijado. Cuando se despertó y vio el resultado, supo que estaba en el camino correcto.

Esta artista plástica trabaja las cenizas con espátula. Las utiliza para conseguir fondos, texturas y formas. El primer cuadro de su padre fue abstracto, de 60x50 y con mucho colorido, muy diferente de la gama de tonos que suele utilizar en el resto de sus obras. Ese es el que preside el salón de su madre, en Olloniego. Ahora está trabajando otros formatos más pequeños, unos figurativos y otros no. Uno de ellos, el que muestra en el vídeo que acompaña estas líneas, le recuerda como minero.

Moldea el material con las máximas medidas de seguridad, con mascarrilla y gafas. Explica que es «mucho más tabajoso» que el resto de componentes que ha utilizado hasta el momento, como, por ejemplo, el alabastro o la arena de piedra pómez.  Es más difícil pero infinitamente más satisfactorio. Las palabras de su madre a sus amigas cuando muestra el cuadro abstracto que cuelga de su salón le llenan de orgullo: «Me lo hizo mi hija. Es un cuadro precioso».

 


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